La educación va a experimentar
una profunda evolución a lo largo de la historia de Roma, determinada en primer
lugar por la influencia griega que se produce desde el siglo III a.C. y en
segunda lugar por la estrecha relación del sistema educativo con la sociedad del
momento y con la configuración estatal. Bien es cierto que encontramos una serie
de elementos que se manifiestan a lo largo de todos los momentos históricos: el
carácter aristocrático del sistema educativo y su relación con la ciudad,
configurando una educación netamente urbana, por lo que debemos advertir que la
educación se circunscribe a la población ciudadana y libre del Imperio al tiempo
que la mayoría de las escuelas se instalan en los municipios.
Bien es cierto que
en las aldeas o pequeños pueblos existían rudimentarias escuelas pero con escaso
éxito. Podemos distinguir tres periodos educativos en la historia de Roma: el
primero correspondería a siglos VIII-III a.C. -la Monarquía y los primeros
momentos de la República-; el segundo al periodo comprendido entre los siglos
III a.C. y II d.C.; y el tercero al Bajo Imperio. En el primer periodo la
educación se circunscribe al ámbito familiar, involucrando especialmente al
patriciado y a la nobilitas. M. Porcio Catón enseñó a su hijo "las letras, le
daba a conocer las leyes y lo ejercitaba en la gimnasia, (...) a manejar las
armas y a gobernar un caballo".
La educación en el hogar se extiende hasta los
17 años, cuando pasa la adolescencia. La madre será la encargada de los primeros
momentos, hasta los siete años. Desde esa edad queda a cargo del pater familias
con quien acude a diversas actividades. A los 17 años adopta la toca viril e
inicia una nueva fase educativa, fuera de la familia pero controlada por ésta.
El ejército y la política serán las dos direcciones que tome nuestro joven noble
y su enseñanza correrá a cargo de algún conocido o amigo del pater. El primer
año está destinado a conocer la vida pública y después pasa al servicio militar
donde aprenderá a luchar por la patria, subordinando el individuo a la
comunidad. A partir del siglo III a.C. el mundo romano vivirá un contundente
proceso de helenización que en un primer momento afectará a los círculos
nobiliarios para irse diluyendo entre toda la sociedad paulatinamente.
El
proceso se acentuará tras la Tercera Guerra Macedónica al difundirse la
utilización del griego entre los miembros de la nobilitas, al tiempo que un
amplio número de retóricos y filósofos griegos desembarcan en la península
Itálica, muchos de ellos como esclavos. Este acercamiento al mundo helenístico
no estuvo exento de polémica como el decreto de expulsión de todos los filósofos
y retóricos griegos que dictó el Senado en el año 161 a.C., expulsiones que se
sucederán en el tiempo. Pero a la helenización de la sociedad no se le podía
poner freno y el propio Catón, uno de los más encendidos defensores de la
tradición romana, estudiará a los maestros griegos.
Como es lógico pensar, este
proceso de helenización tendrá su reflejo en la educación. Desde los últimos
años de la República lo educativo abandona el entorno familiar para convertirse
en algo público. Algunos emperadores regularán el proceso educativo o reducirán
los impuestos a los gramáticos y retóricos. Vespasiano creará en Roma sendas
cátedras de retórica latina y griega. Este mecenazgo pedagógico se extiende
desde los emperadores a las aristocracias locales que también participan de la
educación en sus ciudades, financiándola si es necesario.
El sistema educativo
se establecería en tres niveles: elemental, secundario a cargo del grammaticus y
superior, dirigida e impartida por los retóricos. Al nivel elemental se acedía
con siete años y se abandonaba con doce, situándose la escuela en el foro. Allí
los alumnos reciben las clases del magister, quien percibe por cada alumno un
sueldo de 50 denarios. La mayoría de los alumnos van acompañados a la escuela
por un esclavo llamado paedagogus y disfrutan de vacaciones entre los meses de
agosto y septiembre. Lectura, escritura, cálculo y recitación serán las
enseñanzas impartidas. Las enseñanzas secundaria y superior presentan unos
caracteres más clasistas. La secundaria abarca entre los doce años y los
diecisiete, momento que el joven toma la toga viril.
El
grammaticus es el
encargado de impartir las enseñanzas que versan sobre la lengua y el
conocimiento y estudio de los clásicos, recibiendo por cada alumno 200 denarios
al mes. El lugar donde se imparte es en los pórticos abiertos del foro. La
enseñanza superior estaría dirigida por el rethor quien llegaba a cobrar hasta
2.000 sestercios anuales por alumno. Las reglas del arte de la oratoria y su
práctica serán las enseñanzas impartidas, a pesar de que desde Augusto este arte
no era vital para participar en política. Sin embargo, las escuelas superiores
surtirán a la administración de altos funcionarios y prestigiosos juristas.
Durante el Bajo Imperio observamos una serie de modificaciones en el sistema
educativo, especialmente por el intervencionismo estatal y la influencia cada
vez más manifiesta del cristianismo. Las mayores necesidades burocráticas del
Estado supondrán un aumento de los estudiantes de enseñanza superior al tiempo
que los emperadores restauran las escuelas.
En el año 425 Teodosio II creará una
universidad en Constantinopla donde los profesores sólo podrán ejercer la
docencia en esta institución. En referencia al cristianismo, las escuelas
cristianas irán sustituyendo paulatinamente a la educación helenística,
anticipando el orden medieval incluso en su estructura ya que se establecían
diversos niveles: monásticas, episcopales y presbiteriales.