Dioses Romanos: la Religión En Roma
Los Dioses Romanos - Creencias Religiosas en Roma Antigua - Cultos Romanos

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La Religión En Roma Antigua

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La religión oficial se centraba en rendir culto a un panteón de dioses y diosas, entre otros a Juno, la diosa patrona de las mujeres; Minerva, la diosa de los artesanos; Marte, el dios de la guerra; y Júpiter Optimus Maximus (el mejor y el más grande), que se convirtió en la divinidad patrona de Roma y asumió un lugar central en la vida religiosa de la ciudad.

Conforme Roma se desarrollaba y entraba en contacto con otros pueblos y dioses, la comunidad, simplemente, adoptó nuevos dioses. Así, el Mermes griego se convirtió en el romano Mercurio, y la griega Démeter se transformó en Ceres.

En las postrimerías del siglo III a. de C., ocurrió más bien una completa fusión de las religiones griega y romana. En general, los romanos fueron tolerantes con los nuevos cultos religiosos y sólo en forma ocasional los prohibieron.

Las Creencias Religiosas y Los Dioses Romanos:

Cada aspecto de la sociedad romana estaba permeado por la religión. La religión romana se centró en la adoración de los dioses debido a una razón muy práctica: los seres humanos creían que dependían por completo de los dioses. El desempeño exacto del ritual resultó crucial para establecer una relación correcta con los dioses. Lo que era cierto para los individuos, lo era también para el estado.

Cuando, con todas las creencias ancestrales, llegaron aportes etruscos e influencias griegas en un lento proceso de fusión y asimilación, se constituyó por fin el Panteón romano, tan poblado, que un escritor del siglo I a. de J. C. habla de 30.000 divinidades, y solía decir, que había mas dioses que mortales.

El espíritu práctico y formalista de los romanos organizó el culto público en un sistema preciso de ceremonias y preceptos. El pensamiento central que orienta y da sentido a las prácticas piadosas públicas y privadas de los romanos es que entre la divinidad y el hombre media una suerte de contrato: el hombre rinde a los dioses un servicio con las prácticas de su culto y éstos retribuyen debidamente con su amparo, favor y concesiones especiales la ofrenda que los obliga.

La enorme expansión de  Roma incidió profundamente en la vida religiosa romana, ya que fueron asimilando los dioses de los pueblos vencidos. Por ejemplo, la extensión de sus dominios al norte de África, Asia Menor y la Mesopotamia franqueó las puertas a la incorporación de varios cultos de origen oriental. Por ejemplo, Roma asumió el culto de Cibeles, originario de Frigia (actual Turquía), que a su vez procedía de un culto de Anatolia, ya existente en el Neolítico.

Cibeles se asociaba con la tierra fértil y vivía en cavernas, montañas, murallas y fortalezas. Deidad de vida, muerte y resurrección, era representada sobre un carro que simbolizaba la superioridad de la madre Naturaleza, a la que incluso se subordinaban los poderosos leones que tiraban del carro. Del antiguo Egipto procedían los cultos de Isis y Osiris.

En el panteón de los habitantes del Nilo, Isis había sido la Gran Maga, la gran Diosa Madre, reina de los dioses subterráneos, fuerza fecundadora de la naturaleza, regente de la maternidad y del nacimiento y Señora de las Pirámides en Gizeh. Parte de este culto se transfirió a la diosa griega Deméter y, posteriormente, al culto de la deidad romana Ceres.

Osiris había sido el dios egipcio de la resurrección, de la regeneración y la fertilidad del Nilo, y presidía el tribunal del juicio de los difuntos en su tránsito hacia el mundo de los muertos. Entre los romanos, Osiris fue el primero que hizo trepar la vid por una estaca y pisó los racimos, con lo cual enseñó a la humanidad a cultivar la vid, vendimiar la uva y guardar el vino.

Durante la Roma monárquica, los reyes habían asumido el carácter de jefes religiosos máximos; pero mas adelante, tras  el derrocamiento de último rey Tarquino el Soberbio y la instauración de la República, el Senado procuró evitar la centralización de todas las funciones -también las religiosas- en manos de una sola persona. En consecuencia, pasó a crear cargos dedicados a distintas ocupaciones. Es así como los pontífices se encargaron del culto público, bajo la dirección general de un "Pontifex Maximus".

La etimología del término "pontifex" es "constructor de puentes", lo que demuestra la importancia que poseía en Roma la ingeniería civil, hasta el punto de adquirir ribetes de religiosidad. El "Pontifex Maximus" establecía el calendario -decisivo para la administración de la agricultura-, los días de fiesta, las jornadas propicias, las celebraciones religiosas, los días de culto y los destinados a la justicia. Con el tiempo los pontífices se convirtieron en los guardianes supremos del culto y sus diversas derivaciones.

En esta etapa republicana de Roma se puso de manifiesto que el frío formalismo de la religión tradicional (heredada de los primeros pueblos originarios) no satisfacía el sentimiento y la esperanza de las gentes. Faltaban en ella respuestas a los problemas últimos que los hombres se plantean acerca de la vida y de la muerte. Para suplirlas, ya desde los tiempos finales de la República comenzaron a llegar a Roma religiones misteriosas. De Anatolia, de Irán, de Siria o de Egipto provienen místicos cultos a divinidades como Cibeles, Atis, Mitra, Dea, Siria, Isis y Serapis.

En estas religiones el iniciado recibía, junto con una doctrina acerca del mundo, del hombre y de la vida, un saber supremo: cómo salvarse. Pronto la palabra latina salus significó algo más que la mera salud física; aludía a la salud del alma, a su salvación: a su liberación de la cárcel corpórea y a su beatitud en la eternidad de los cielos.

El Colegio de los Pontífices era elegido entre personajes respetados por todos y obviamente de origen patricio. A los dioses se les dedicaron santuarios ("aedicula") y templos ("templum"), donde se encontraba la estatua de la deidad correspondiente.

Para su mantenimiento, los diversos templos disponían de tierras propias y participaban del comercio de sus productos -como un antecedente de los monasterios medievales-, además de recibir ingresos procedentes de los depósitos judiciales.

Numerosas congregaciones y hermandades tomaban parte de las fiestas romanas, como los "frates arvales", encargados de pedir en el mes de mayo los favores de la diosa Ceres. Los "flamines curialis" eran los sacerdotes encargados de la vigilancia de los fuegos sagrados de cada curia y los "salii" eran sacerdotes jóvenes que se encargaban de bailar y cantar la danza de las armas durante las campañas militares.

A su vez, los augures eran los responsables de adivinar el futuro en las entrañas de animales, el vuelo de las aves y otros signos considerados de origen divino. Tenían autoridad para ordenar la suspensión de ciertos actos y decisiones si declaraban que los auspicios no eran favorables, y hasta podían lograr la anulación de votaciones, lo que los hacía muy influyentes.

Otra institución vinculada a la vida religiosa era la de los "feciales", mensajeros estatales que actualizaban por vía oral -al modo de los pregoneros- los pactos concertados con otras ciudades, y emitían dictámenes sobre violaciones de acuerdos y derechos relativos a los tratados.

Muchas eran las prácticas místicas que en la Roma del siglo II d. de J. C. prometían la salvación a los iniciados. Los colegios de salud reunían a gran cantidad de gentes, que, desengañadas de este mundo, proyectaban sus esperanzas en el más allá.

La palabra "panteón" lo dice todo, pues significa "de todos los dioses". El Panteón de Agripa o de Roma es un templo circular construido a comienzos del Imperio y dedicado a todos los dioses. Se lo conoce popularmente como La Rotonda. Miguel Ángel lo definió como "angélico y no humano". Modificado varias veces, sus restos más antiguos nos permiten saber que el templo original guardaba semejanzas con el actual.

EL PANTEÓN DE AGRIPA El primer templo era rectangular, al igual que el de la Concordia del Foro romano. Estaba construido con bloques de travertino y revestido en mármol. Los capiteles eran de bronce y la decoración incluía cariátides y estatuas frontales. En el interior del pronaos, había sendas estatuas de Augusto y Agripa. Por Dio Casio se sabe que la denominación de Panteón no era la oficial del edificio, y que la intención de Agripa era crear un culto dinástico, probablemente dedicado a los protectores de la "gens" Julia: Marte, Venus y el "Divo" Julio, es decir, Julio César divinizado. El edificio padeció los daños de un incendio en el año 80 y fue reparado por Domiciano, aunque sufrió una nueva destrucción en tiempos de Trajano, en 110.

Dentro del panteón romano encontramos cuatro agrupaciones que tenían la función de representar al Estado: la triada Júpiter-Marte-Quirino, la triada capitolina constituida por Júpiter, Juno y Minerva; y los doce dioses principales: Vesta -diosa del fuego del hogar-, Juno -diosa del matrimonio y del hogar, hermana y esposa de Júpiter-, Minerva -diosa de la inteligencia, de la sabiduría y de las artes-, Ceres -diosa de la agricultura-, Diana -diosa de las doncellas, de los bosques y de la caza-, Venus -diosa de la belleza y del amor, esposa de Vulcano y amante de Marte-, Marte -dios de la guerra-, Mercurio -dios del comercio, de la elocuencia y de los ladrones, mensajero de los dioses-, Júpiter -dios supremo-, Neptuno -dios del mar-, Vulcano -dios de los infiernos, del fuego, del metal y de la fragua- y Apolo -dios de los oráculos, de la juventud, de la belleza, de la poesía, de la música y de las artes-.

En la mitología romana, Minerva es la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de la guerra, además de protectora de Roma y patrona de los artesanos. Se corresponde con Atenea en la mitología griega. Ovidio llamó a Minerva la "diosa de las mil obras" Fue adorada en toda Italia, aunque sólo en Roma se asoció con la guerra. En una ocasión, se enfrentó a Aracne para comprobar cuál de las dos tejía más rápidamente y mejor. Según cuenta Ovidio en "Las metamorfosis" cuando Minerva vio la superioridad de Aracne, le entraron tantos celos que decidió convertirla en una araña, lo cual le dio fama de cruel. Esta escena fue representada por Velázquez en su famoso lienzo "Las hilanderas"

La triada Ceres-Libero-Libera representaba a los plebeyos. Con el fin de festejar a todos los dioses en los templos y los lugares sacros, los romanos establecieron un calendario, originalmente ligado a la agricultura. El mes se dividía en dos fases, siguiendo el esquema del calendario lunar.

Cada mes estaba dedicado a una divinidad, existiendo días festivos propios para cada dios. Los meses de febrero y diciembre correspondían a los inicios del año por lo que se celebraban las llamadas fiestas caóticas. También se consideró que el 21 de abril era otro comienzo de año para festejar el nacimiento de Roma. Junto al culto público, los romanos presentaban un culto privado, más personal e intimista. El pater familias era el responsable de los ritos dirigidos a las divinidades domésticas: los lares y los penates.

Además, cada individuo rendía culto a su genio personal. Las ideas de ultratumba apenas influían en el conjunto de la religión ya que bastaba con que el difunto fuera enterrado con las debidas honras fúnebres. El cadáver se transformaba en sombra y pasaba a formar parte del reino de los manes, los dioses de la muerte. (Este concepto sufrirá una profunda transformación cuando en el Imperio Romano entre con fuerza el cristianismo).

Casi inadvertidos entre los practicantes de tantas religiones prometedoras de vida eterna, perdidos en el fárrago de la Roma imperial de los cesares Antoninos, algunos hombres se reunían clandestinamente para celebrar con unción los sencillos oficios exigidos por una nueva fe que ellos habían abrazado: el cristianismo.

EL CRISTIANISMO: Sobre este trasfondo religioso "pagano" avanzó el cristianismo. A su culto se incorporaron no pocos elementos de las antiguas creencias. A principios del siglo IV, Constantino I puso fin a la clandestinidad de los cristianos, otorgándoles ciertos privilegios y permitiéndoles la construcción de grandes templos.

En 313, a través del Edicto de Milán, el emperador decretó la libertad de culto para los cristianos y el fin del paganismo como religión oficial del Imperio. El Edicto de Tesalónica fue hecho público por el emperador romano Teodosio el 24 de noviembre de 380. Mediante este texto legal, el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano. (ver: Cristianismo)

PARA SABER MAS...

EL IMPERIO ROMANO era tolerante con las religiones mientras no pusieran en duda el culto oficial a los viejos dioses romanos o la divinidad del emperador. La religión romana era más bien fría, por lo que no es de extrañar que las religiones más emocionales y espirituales empezaran a ganar popularidad.

OTRAS RELIGIONES
El culto a Mitra, el dios persa de la luz, concedía una gran importancia al amor fraternal y era especialmente popular entre los soldados romanos. El culto a Isis, una diosa egipcia, atraía a muchas mujeres romanas. En cambio, el cristianismo se extendió rápidamente entre las clases menos privilegiadas porque proclamaba que Dios consideraba iguales a todos los hombres, ya fueran esclavos, hombres libres o mujeres.

OPOSICIÓN
Los primeros grupos de cristianos eran vistos con recelo por las personas de religión politeísta (que adoraban a más de un dios). Algunas de las razones para estas sospechas eran que los cristianos no consumían la carne sacrificada en templos paganos (se creía que se reunían en secreto para celebrar extraños banquetes caníbales) y tampoco asistían a los violentos espectáculos públicos. Las persecuciones eran constantes y algunos cristianos eran torturados e incluso llegaban a morir; sin embargo, el cristianismo siguió extendiéndose por todo el imperio.

INQUIETUD
En las épocas de incertidumbre, con la amenaza de las invasiones de los persas y los bárbaros, todos los emperadores buscaban el apoyo de un dios poderoso que librara a Roma del desastre. El emperador Diocleciano (tt 245-h. 313) declaró a Mitra, su dios favorito, como el protector del imperio. En cambio el emperador Constantino (280-337) eligió al dios de los cristianos.

CONSTANTINO
En el 312, mientras se dirigía hacia Roma para arrebatársela a un enemigo, Constantino vio un signo cristiano sobre la superficie del sol y en latín pronunció estas palabras: "En este signo estará tu conquista". El ejército de Constantino venció la batalla en el puente Milvio, sobre el río Tíber. En poco tiempo el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio romano.


 


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