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¿QUÉ FUE LO QUE HUNDIÓ EL MARY
ROSE?: En
verano de 1545, el Mary Rose, el veterano buque insignia de la flota de
Enrique VIII, alzó velas en una acción contra los franceses en el canal de
Solent. Inglaterra hacía frente a la condena internacional por las reformas
que Enrique había hecho en la Iglesia, y Francisco 1 se aprovechó de ello
enviando una potente fuerza de más de doscientos buques de guerra y galeras
equipadas con unos noventa cañones y cientos de soldados y arqueros en una
expedición contra Portsmouth.

El mismo Enrique vio con horror desde la orilla cómo su minúscula flota de
treinta barcos, que aún esperaba la llegada de una veintena de navíos más
contratados por el rey para la ocasión, sucumbían contra el enemigo detrás
de su buque insignia, el Mary Rose. Apuntando al conocido canal del suroeste
en dirección a la costa de la isla de Wight y a la flota francesa, el Mary
Rose realizó la descarga de babor y luego viró para disparar sus cañones de
estribor. En lugar de eso, escoró severamente durante el cambio de
dirección, volcó y se hundió ante los ojos de los horrorizados espectadores.
Sólo quedaron unos veinticinco supervivientes aferrados al casco. En
definitiva, en un único e inexplicable momento se perdió el orgullo de la
Marina inglesa junto a más de cuatrocientos soldados y marineros. ¿Cómo pudo
suceder semejante catástrofe? y ¿qué la causó?
El buque era un espléndido navío de madera, el orgullo de la Marina, y
estaba considerado por los expertos como una embarcación casi imposible de
naufragar. ¿Cómo sucedió esta irreversible y catastrófica pérdida? El
misterio todavía sigue sin resolverse aunque, después de quinientos años,
los estudios recientemente realizados por ingenieros navales e historiadores
han abierto un campo de explicaciones bastante razonables.
En 1982, una expedición de arqueólogos marinos rescató lo que quedaba del
Mary Rose. Sólo sobrevivió el lado de estribor del barco, que se hallaba
completamente cubierto por el fango del canal de Solent.
Los miembros de la expedición recuperaron todo lo que pudieron del
naufragio. Se restauró y se procedió a su exhibición en Portsmouth, en un
sótano especialmente adaptado en cuanto a condiciones de humedad. El barco y
el material documental relacionado se convirtieron en objeto de
investigaciones exhaustivas, cuyos resultados no se completaron hasta 1999.
Las posibles causas que se apuntaron del desastre pueden resumir-se en las
cinco siguientes:
El Mary Rose se hundió por uno o varios impactos de la flota francesa. El
afortunado impacto sólo pudo ser técnicamente viable si hubiera procedido de
uno de los pesados cañones de bronce que se encontraban en la proa de las
galeras asaltantes. A diferencia del resto de los cañones de la época, que
lanzaban proyectiles de hierro más pequeños que el puño de un hombre, los
cañones a bordo de las galeras lanzaban pesadas balas de piedra de unos
cuatro kilos, así que el daño que causaban en el lugar donde impactaban
podía ser considerable.
El hecho de que no haya muestras del impacto en el barco naufragado no es
una prueba concluyente, dado que podría haber golpeado en el lado de babor
de la galera, lado que, por otra parte, está completamente desaparecido. De
todas formas, sería el único caso conocido de hundimiento de un barco de
guerra del siglo XVI a causa, exclusivamente, de los cañonazos. Además, los
tabiques del Mary Rose tenían 35 centímetros de grosor, por lo que parece
improbable que los cañonazos fueran los únicos responsables de pérdida tan
repentina.
El Mary Rose se había vuelto gravemente inestable a raíz de una remodelación
encargada por el rey. El buque tenía más de treinta años y ya había luchado
exitosamente contra los franceses en la batalla naval de 1512. Por una
cuestión de prestigio personal y nacional, el monarca quiso renovarlo
mediante la incorporación de las últimas innovaciones tecnológicas. En
particular, quería instalar ocho cañones de cobre de largo alcance de
reciente fabricación: cuatro a babor y cuatro a estribor. Todo ello como
refuerzo del abundante armamento que ya cargaba el buque. Cada uno de estos
cañones pesaba una tonelada, y el carro que los soportaba, más de doscientos
kilos.
Una reconstrucción de este tipo requería nuevas cuadernas, que se añadían al
peso. Los dendrocronólogos comprobaron que las nuevas cuadernas
instaladas en la nave eran de madera procedente de unos árboles caídos en
1542 y, por lo tanto, instaladas durante el año de la remodelación. El nuevo
armamento se tuvo que colocar en la parte más baja para que el barco no
fuera demasiado pesado, también se tuvieron que adaptar las portas para que
el agua no entrara por ellas al cambiar de rumbo. Todas estas
modificaciones, al margen del prestigio que pudieran conllevar, convirtieron
el Mary Rose en un buque mucho menos apto para la navegación de lo que había
sido anteriormente.
La remodelación del Mary Rose estuvo dirigida por encargados nuevos y
relativamente inexpertos. El rey, que estaba en tierra, en el castillo de
Southsea en compañía de la esposa de sir George Carew, elegido vicealmirante
y comandante tan solo unos días antes, se limitó a seguir la costumbre de
escoger como oficiales superiores a caballeros, que dejaban la verdadera
dirección del barco en manos del capitán y su tripulación. Carew pudo
insinuar (y tras echar un vistazo a su correspondencia, así lo hizo) que
cualquier defecto en el funcionamiento del barco se debía tanto a la
ebriedad de la tripulación como a su insubordinación. Sin embargo, es mucho
más plausible pensar que se debiera a la falta de experiencia y a la
incompetencia de los oficiales del buque. Puede que en el desconcierto y el
pánico de la batalla se hubieran emitido órdenes contradictorias que
anularan las del capitán, o tal vez se evitó cualquier tipo de directriz.
El Mary Rose pudo estar peligrosamente sobrecargado en el momento de la
batalla. Supuestamente, llevaba una carga extra de 415 hombres, formados por
200 marineros, 30 artilleros y 185 soldados listos para efectuar el abordaje
de cualquier barco francés. Los soldados estaban atrincherados en los dos
castillos, de proa y popa, en las dos partes más altas del barco. Para
dificultar el abordaje del Mary Rose, las zonas que estaban a nivel de la
cubierta principal estaban tapadas por una gruesa red de cuerda. Con ello se
conseguía impedir, no sólo el abordaje extranjero, sino que también se
evitaba que cualquiera bajo cubierta del barco intentara escapar. No
obstante, lo más seguro es que la cifra oficial de 185 infravalorara el
verdadero número de soldados que había en los dos castillos.
Los documentos de la época demuestran que había más de 400 soldados a bordo.
Naturalmente, los oficiales querían tener consigo el mayor número de
soldados posible en caso de abordaje. A la luz de otras embarcaciones
implicadas en el mismo tipo de acciones, normalmente se daba cabida a un
total del 75 % del tonelaje del barco —en el caso del Mary Rose, un barco de
800 toneladas, le correspondía un total de 600 hombres—. Como cada soldado
ataviado con todo su equipo debía de pesar alrededor de cien kilos, la suma
de los 200 soldados hizo que el barco soportara 20 toneladas más, todas
ellas dispuestas en los castillos de proa y de popa. Seguramente, marineros
profesionales hubieran advertido los peligros de la empresa, pero puede que
los caballeros aficionados no lo hicieran.
Las versiones de los testigos del momento mencionan que el Mary Rose se
hundió mientras maniobraba para virar, por lo que el naufragio se produjo
por el ángulo del barco durante el giro. Con la carga extra de la
embarcación y la instalación de las nuevas troneras, justo por encima de la
línea de flotación, el ángulo durante la maniobra de viraje debió permitir
que entrara a bordo una buena cantidad de agua; en especial si las portillas
habían quedado abiertas. Aunque es poco probable que semejante descuido
sucediera con una tripulación experimentada.
El hecho apunta a que se
hicieron pocas pruebas de flotación, si es que se hizo alguna, tras la nueva
remodelación. Tampoco hay que olvidar que la maniobra se realizó en un
momento de pánico y confusión ocasionada por la contienda. Es más, en el
momento de la recuperación del barco, estas portillas se encontraron todas
abiertas. Un metro cúbico de agua pesa una tonelada y esta carga de agua
indudablemente incrementó la inestabilidad de la embarcación. Asimismo,
algunos testigos declararon que el barco fue sorprendido por una violenta
ráfaga de viento que, probablemente, escoró por completo el Mary Rose.
Aunque los motivos del naufragio siguen siendo una incógnita, la opinión de
los expertos sugiere que las causas yacen en un cúmulo de circunstancias en
contra. A saber: el excesivo entusiasmo en remodelar un viejo buque de
guerra, la incompetencia de la tripulación y sus mandos, la grave sobrecarga
de hombres y armamento, la peligrosa maniobra realizada en condiciones de
ventisca, y unas troneras abiertas demasiado próximas a la línea de
flotación.
Aun así, todo esto no es más que una hipótesis bien documentada hecha casi
cinco siglos después de la tragedia. La explicación exacta de la catástrofe
no se llegará a saber nunca.
Fuente Consultada: Lo que Oculta La
Historia Ed Rayner y Ron Stapley
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