Política interna: Rusia no cejó en sus
ambiciones expansionistas, ni terminaron tampoco las convulsiones y el
descontento interno.
Muerto
el zar Nicolás I, su sucesor, Alejandro II
(imagen), debió afrontar una fuerte oposición de los campesinos y las
consecuencias del proceso de industrialización en el que Rusia se había
embarcado. Además, numerosos grupos de socialistas y anarquistas se hicieron eco
de la necesidad de llevar a cabo reformas sociales.
En
1881 fue asesinado Alejandro II, y le sucedió Alejandro III.
El zar emprendió una campaña contra los opositores y trató de reforzar su
gobierno absoluto apoyándose en la Iglesia ortodoxa y la policía. A su muerte,
en 1894, el nuevo monarca Nicolás II, secundado por su esposa, la princesa
alemana Alejandra, continuó la política de su antecesor. El gobierno llevó a
cabo numerosas campañas de rusificación que desataron huelgas y desórdenes en
distintas regiones del Imperio.
Política exterior: Como ya se ha dicho, en
el plano externo Rusia mantuvo su política expansionista, la cual chocó con el
creciente poderío japonés. Así, ambas naciones se enfrentaron en una guerra
(1904 a 1905) en la que Japón resultó victorioso y obtuvo importantes
territorios.
Sin
embargo, la gran cuestión de la política externa fueron los Balcanes y el
dominio de los estrechos (Dardanelos y Bósforo). Por tal motivo, estalló en 1877
la Guerra ruso-turca que finalizó el año siguiente por el Tratado de San Stéfano.
Como resultado de esta paz, se reconoció la independencia de Servia, Montenegro
y Rumania, y se creó el principado de Bulgaria.
Posteriormente, el Tratado de Berlín estableció que Bosnia y Herzegovina serían
ocupadas temporariamente por Austria.
La rivalidad de los Imperios ruso y austríaco en la región fue creciendo. A pesar de ello la cuestión permaneció en
un statu quo ya que Austria temía que una guerra en los Balcanes provocara la
sublevación de las nacionalidades dentro de su imperio, en tanto que Rusia
prefería concentrarse en el Extremo Oriente. Sin embargo, este problema se
acrecentaría con el tiempo y fue, como se verá más adelante, uno de los motivo
desencadenantes de la Primera Guerra Mundial.