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LA RUTA DE LA SEDA
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En el año 206 antes de Cristo, llegó al poder una nueva dinastía, la Han, y el imperio empezó a moverse en una nueva dirección, más abierta. Los Han restauraron gran parte de la literatura clásica de China, especialmente los trabajos de Confucio. También establecieron un gobierno central fuerte pero más humano, crearon el primer sistema de escuelas públicas y, en una lucha que duró casi 70 años, eliminaron total y definitivamente la amenaza Xiongnu.

Con Asia Central bajo control Han, se establecieron rutas seguras para las caravanas - las legendarias Rutas de la Seda, abriendo China al comercio y la cultura del mundo occidental.

Comerciantes de Roma, Antioquía, Baghdad y Alejandría viajaban hacia el este para comerciar con jade, oro, especies, caballos, gemas preciosas y, desde luego, seda. No importaba la ruta por la cual viajaran, no podían llegar a sus destinos sin pasar a través de la Gran Muralla.

Los Han habían continuado luchando con las tribus xiongni del norte y los prisioneros revelaron que era posible llegar hasta unos pueblos conocidos como los kushan en la zona situada justo al norte de la India. Los kushan eran una tribu de ascendencia china afincada en el centro de Asia que había adoptado el budismo como religión y había recibido la influencia de la cultura helénica que existía en la región desde el reinado de Alejandro.

Wudi, dispuesto a unirse a este pueblo en su campaña contra los xiongnu, envió expediciones exploratorias lideradas por Zhang Qian en el año 138 a. C. A su regreso, Zhang Qian trajo consigo artículos obtenidos a través de los lazos comerciales que había establecido durante su viaje y, de este modo, los Han abrieron el extremo chino a las rutas comerciales entre Asia Central y Europa. Los artículos que Zhang Qian importó eran altamente deseables, en especial la fuerte raza de caballos «celestiales» y un nuevo invento: el cristal.

El tránsito de caravanas a través de Asia Central era relativamente seguro y el intercambio de bienes entre China, Asia y con el tiempo Europa fue cobrando una importancia creciente. El comercio de productos chinos se amplió a Roma y poco a poco se introdujo en la cultura de Occidente, y viceversa.

Esta vía comercial se apodó la Ruta de la Seda porque el artículo que más se exportó desde China fue la seda, un tejido desconocido en Occidente antes de la apertura de las rutas comerciales. Otros productos chinos, como las cerámicas esmaltadas, el marfil, el jade, las pieles y el té no tardaron en ganar popularidad y exportarse.

La calidad de los productos chinos era alta debido a los eficaces procesos de elaboración usados en el país. Los chinos habían inventado un método más eficaz de trabajar el hierro, con hornos capaces de arder a temperaturas más elevadas, gracias a lo cual se obtenía un hierro de mayor calidad.

Dividían la mano de obra de modo que los artesanos se especializaban solo en un aspecto del proceso de producción, y con ello aumentaban la calidad y la cantidad. También fueron los inventores de la producción del papel. Sin embargo, por la Ruta de la Seda no solo transitaban artículos comercia les, sino que también se propiciaban los intercambios culturales y así el budismo se abrió camino hasta China.

Un mapa catalán representa a Marco Polo viajando en una caravana junto a sus hermanos por la ardua Ruta de la Seda, travesía que podía durar hasta cuatro años.

LA RUTA DE LA SEDA EN LOS VIAJES DE MARCO POLO: La descripción de Marco Polo de la vida en la corte del emperador chino dejó maravillados a los europeos de la Edad Media. Hasta entonces, casi nadie sabía que en el otro extremo del mundo había una civilización tan magnífica.

Marco Polo afirmaba que sus palacios eran «tan grandes y tan fabulosos que resultaba imposible imaginarse arquitecturas de mayor belleza». En su interior había enormes y espléndidos salones, «todos pintados y adornados con oro batido».

En cuanto a las posibilidades de ganar dinero con el comercio de especias, Marco Polo describía un paraíso rebosante de jengibre, canela, clavo y «otras especias desconocidas en nuestras tierras».

En la Europa medieval los precios de especias como la pimienta eran muy altos. En el año 1511, un kilo de pimienta, por el que en Extremo Oriente se pedía un gramo de plata, podía costar hasta treinta gramos al llegar a Europa.

Fue precisamente la posibilidad de conseguir pimienta más barata lo que en un primer momento impulsó a los portugueses a buscar una nueva ruta marítima hacia Extremo Oriente. Aún se conserva la copia del libro de Marco Polo que tenía Colón. En ella subrayó los puntos que más le interesaban: «perlas, piedras preciosas, brocados, marfil, pimienta, frutos secos, nuez moscada, clavo y otras especias en abundancia...».

Colón quería navegar hacia el oeste hasta alcanzar el otro extremo del mundo, porque sabía que al final encontraría la costa oriental de China. Lo único que no sabía con seguridad era cuánto tiempo necesitaría para encontrar la tierra mágica, ni qué había, si es que había algo, entre la costa meridional de España y el nuevo mundo que iba a encubrir.

Resulta increíble pensar que las riquezas de la civilización que había conocido Marco Polo y que tanto anhelaba conocer Colón en realidad no se basaban en mucho más que el papel. El que ahora consideramos el más común de todos los productos naturales fue el mayor éxito de la China medieval.

Durante más de seiscientos años, a pesar de los asiduos intercambios comerciales, los chinos ocultaron celosamente el secreto de la fabricación del papel a los pueblos de Asia central, Oriente Próximo y Europa. El secreto no fue revelado hasta que en la batalla de Talas del año 751 unos chinos fueron capturados por unos jinetes árabes, y, de hecho, aún tuvieron que pasar varios siglos para que los molinos de papel fueran habituales en Europa.

Gracias a la fabricación del papel, el pueblo chino se convirtió en la civilización tecnológicamente más avanzada del mundo. Tal vez la veneración que sentían los chinos por el papel fuera una reacción a la gran quema de libros que ordenó el paranoico y obsesivo emperador Qin Shi Huang en el año -213, famoso también por haber hecho construir un enorme ejercito de terracota para que lo acompañen y defendieran en el mas allá.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia de la Historia y Todo Sobre Nuestro Mundo de Christopher LLoyd

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