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Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti
eran dos inmigrantes italianos, acusados del asalto y homicidio del pagador de
una fábrica, Frederick Parmenter, y su escolta Alessandro Berardelli, en el
pueblo de South Braintree, Estados Unidos, el 15 de abril de 1920. El proceso
judicial causó un gran escándalo internacional y fuertes protestas, sobre todo
en Europa aunque también tuvo grandes dimensiones en Latinoamérica, debido a las
escasas e insuficientes pruebas.(wikipedia)
Pero no pudieron matarlos en la
memoria. Sacco y Vanzetti pasaron a ser, para siempre, “Héroes del pueblo”.
Publicaciones, actos, conferencias, obras de teatro, filmes, hermosas canciones,
los recuerdan. Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, un zapatero y un vendedor de
pescado, así de humildes. Dos italianos inmigrantes. Pero saltaron a la gloria.
A los jueces, a los funcionarios que actuaron en este increíble crimen legal ni
se los recuerda. Pero se los nombra. Principalmente al juez Fuller. En realidad,
todos los jueces que interpretan las leyes a favor del poder quedan en la lista
negra de la historia.
Situación Histórica en EE.UU.:La toma del
poder de Rusia por los bolcheviques en 1917 y su proclamación de la revolución
mundial alarmó a los líderes políticos de Europa Occidental y los Estados
Unidos. En 1919, el procurador de los EUA, A. Mitchell Palmer, previno que 60
mil radicales extranjeros se proponían iniciar la revolución roja en el país,
recordando las bombas postales enviadas a funcionarios en abril y que el 3 de
junio hubo explosiones en casas de políticos de ocho ciudades, incluyendo la
suya en Washington.
Según
el procurador, ya era hora de poner de lado las “muy liberales” normas de la
declaración de derechos y actuar prontamente contra la subversión. Valiéndose de
agentes del Departamento de Justicia, Palmer infiltró los partidos Comunista,
Comunista Obrero y Socialista, consiguiendo coordinar reuniones de éstos y otros
grupos radicales el 2 de enero de 1920. Esa noche los agentes del procurador
apresaron en 33 ciudades a 3.000 personas, casi todos extranjeros, a quienes se
acusó de querer deponer al gobierno de los Estados Unidos.
Las llamadas
incursiones Palmer continuaron durante junio, arrestando a 6.000 extranjeros
indeseables y deportando a casi mil de ellos. Fue durante esta histeria
antirradical y antiextranjera cuando se llevó a cabo el asalto en South
Braintree (próximo ítem) y, subsiguientemente, las detenciones e
inculpaciones de Sacco y Vanzetti que causarían tanta controversia.
El asalto en South Braintree: Hacia las tres
de la tarde del día jueves 15 de abril de 1920, el pagador de la compañía
zapatera Slater & Morrill, con sede en South Braintree, Massachusetts,
salió de la oficina acompañado de un guardia armado para llevar la nómina
semanal, unos 16.000 dólares, a la fábrica, a unas cuantas cuadras de ahí. Dos
hombres morenos los detuvieron y les dispararon.
El
guardia murió instantáneamente y el pagador murió poco después. Cuando uno de
los pistoleros se agachó para tomar el arma del guardia, se le cayó su gorra.
Mientras los pistoleros tomaban las cajas con dinero, apareció un tercer
asaltante con un rifle. Los tres huyeron en un coche azul descapotable,
tripulado por dos hombres: la huida fue cubierta por un rifle que salía de la
ventana trasera. El coche, un Buick sin placas, fue hallado dos días
después en un bosque cercano. Cerca había huellas de un vehículo más pequeño, al
que el grupo pasó su botín y huyó, cumpliendo así la última parte del plan.
Dos
hombres sospechosos que tenían características similares a las buscada por la
policía y que caminaban hacia una parada de tranvía camino a Brockton, fueron
denunciados. Enseguida el jefe de policía de Bridgewater, Michael
Stewart, telefoneó a su contraparte de Brockton, el siguiente pueblo
al norte, pidiéndole arrestar a los dos hombres. A las 22:00, dos oficiales
abordaron el tranvía en Brockton y arrestaron a los dos sospechosos: Nicola
Sacco, un zapatero de 29 años, y Bartolomeo Vanzetti, un vendedor
ambulante de pescado de 32 años.
Ambos
llevaban armas y se mostraron evasivos respecto a lo que hacían esa noche en
Bridgewater. Tampoco recordaban lo que hicieron el 15 de abril. Varios testigos
del asalto en Braintree identificaron a Sacco como uno de los pistoleros.
Otros testigos no estaban seguros. Sólo uno identificó a Vanzetti. No obstante,
cinco meses después de los incidentes se inculpó a Sacco y a Vanzetti por el
delito.

Polémico proceso por asesinato
celebrado en Massachusetts, que duró desde 1920 hasta 1927. Nicola Sacco
(esposado a la izquierda)y Bartolomeo Vanzetti,
dos emigrantes italianos que llegaron a Estados Unidos en 1908, fueron acusados
del asesinato de un cajero y
e un vigilante y del robo de más de 15.000 dólares
Sacco Nicola: Italiano de Torre Maggiore,
provincia de Foggia, nació el 23 de abril de 1891. A los 17 años,
fundamentalmente la situación de su familia lo llevó a emigrar. Llegó a la
tierra prometida en 1908, año de hambre y desocupación. A pesar de tener
conocimientos de mecánica no encontró trabajo en este oficio. Los extranjeros no
eran considerados para las tareas especializadas y apenas si conseguían trabajo
en fábricas.Trabajó primero como mozo de agua, consiguiendo luego colocación
como zapatero en la fábrica de calzados de Kelly. Su capacidad de amor y de
ternura hacia su compañera Rosina y hacia sus hijos se vuelca a todos los seres
humanos, a su clase explotada, y lo impulsa al combate.
Vanzetti Bartolomeo: Nació en Villafalleto,
en el Piamonte, en 1888. Le gustaba el estudio pero sólo pudo hacer la escuela.
Empezó a trabajar a los 13 años de edad, eran 15 horas diarias sin descanso
semanal, sólo tenía un asueto de tres horas dos veces al mes. A los 20 años de
edad decide abandonar Italia. Llega a Norteamérica en 1908. Lo espera un largo
peregrinar en busca de trabajo, muchos días de hambre, sin ni siquiera un lugar
donde descansar. Recibe en su andar el desprecio de los patrones, la solidaridad
de sus iguales. En su oficio de confitero no encuentra plaza fija. En muchos
lugares lo echan a los pocos meses de trabajo. Trabajó de picapedrero, albañil,
foguista, barredor de nieve. Hacía jornadas de 12 y 14 horas en verdaderos
tugurios insalubres, recibiendo, por ser extranjero, la mitad del jornal de un
norteamericano, de por sí bajo. Con ansias de leer y estudiar se quedaba de
noche, después del trabajo, dormido sobre los libros.Vanzetti no se casó y se dedicó a la venta de pescado en Plymouth.
Con el
tiempo, ambos fueron influidos por un filósofo anarquista llamado Luigi Galleani,
quien abogaba por derribar el capitalismo. Entre 1917 y 1918, ambos huyeron a
México por las movilizaciones de la Primera Guerra Mundial. Al ser interrogados
por la policía, en un principio ambos negaron sus afiliaciones radicales, pero
posteriormente Sacco y Vanzetti admitieron que en la noche de su arresto
buscaban un coche para deshacerse de literatura anarquista comprometedora que
poseían.
El hecho de portar armas, las declaraciones falsas y evasivas, las
actividades izquierdistas y la identificación tentativa de los testigos fueron
más que suficientes para inculparlos del asalto y asesinatos de South Braintree.
Pero antes de ser juzgados juntos, Vanzetti fue procesado por separado y se le
sentenció a prisión por su participación en un asalto en Bridgewater el 24 de
diciembre de 1919. El juez de este proceso fue Webster Thayer, quien luego juzgó
a Sacco y Vanzetti en Dedham, el 21 de ruayo de 1921. “Dado que los testigos son
italianos”, instruyó el juez Thayer al jurado en el primer juicio, “no se deberá
inferir nada en su contra. Se supone que son honestos, sinceros e inocentes.” En
el juicio llevado a cabo en Dedham, siete testigos del fiscal identificaron a
Sacco como uno de los pistoleros de Braintree, y cuatro identificaron a Vanzetti.
De los 12 testigos de la defensa que dijeron que los acusados estaban en otra
parte el día del asalto y asesinatos, 11 eran italianos. Los jurados,
pueblerinos de clase media, eran predominantemente anglosajones. Uno de ellos
dijo después, procurando dar dirección al juicio, que el testimonio
contradictorio de cada testigo era anulable. “Pero las balas , añadió, “no hay
forma de dar la vuelta a esa evidencia.” La fiscalía pudo al fin establecer que
las balas y casquillos hallados en la escena del crimen fueron disparados por el
revólver que tenía Sacco al ser arrestado. La identificación del arma de
Vanzetti como aquella que se tomó del guardia, fue menos concluyente. Pero el
fallo de culpabilidad del 14 de julio, aunque esperado, no fue el acto final de
la tragedia.
Mientras Sacco y Vanzetti permanecían bajo
custodia, la defensa reunió durante los años siguientes varias solicitudes para
que fuera reabierto el caso. Todas fueron denegadas. En todo el país y en el
mundo entero hubo protestas por lo que se consideró como absurdas y
persecutorias condenas por creencias políticas impopulares más que por
culpabilidad criminal.
A fines de 1925 pareció haber una pausa en el caso cuando
un tal Celestino Madeiros, reo en la prisión de Dedham, condenado a muerte por
asaltar un banco, confesó tener parte en el asalto de Braintree. Madeiros juró
que los pistoleros no eran Sacco y Vanzetti. Aunque no pudo hacer un recuento
coherente del asalto ni identificar a los otros participantes, Madeiros
consiguió ganar dos años de vida antes de que se llevara a cabo su sentencia de
muerte. Su “confesión” no fue de ninguna ayuda para los esfuerzos legales de
Sacco y Vanzetti. En la primavera de 1927, el profesor en derecho Felix
Frankfurter, de Harvard, que luego fue juez de la Suprema Corte de Justicia,
publicó una indignada denuncia del juicio de Dedham:
“Fuera del juzgado campeaba
la histeria antirroja... y dominó al proceso.” El alegato de Frankfurter produjo
otra ola de protestas contra el veredicto. Cediendo ante la presión, el
gobernador de Massachusetts, Ailvin Fuller, nombró al rector de Harvard,
A.
Lawrence Lowell, para dirigir una comisión de tres miembros que revisaría
minuciosamente el caso. En otro juicio más largo que el de Dedham, de seis
semanas y medial, la comisión Lowell leyó la copia estenográfica, llamó a
testigos y entrevistó al juez Thayer, al fiscal y al jurado. La conclusión:
Sacco era sin duda culpable y Vanzetti también, aunque la evidencia contra él
era “más débil”. El 8 de agosto se negó un aplazamiento de la sentencia de
muerte.
Hacia la medianoche del 23 de agosto de 1927, Sacco y luego
Vanzetti fueron ejecutados en la silla eléctrica. “Viva el anarquismo!”, clamó Sacco en italiano. “Soy inocente”, protestó Vanzetti.
La noticia de las
ejecuciones inició una ola de disturbios antiestadunidenses. Desde mediados de
la década de 1950, y durante tres décadas, el escritor Francis Russell estudió y
escribió acerca del caso Sacco-Vanzetti. En un principio, aceptó la opinión
general de que el juicio fue una falsedad y que su sentencia fue un error de la
justicia. Pero cuando publicó su primer libro acerca del tema, Tragedia en Dedham, tomó la postura de que Sacco era culpable y Vanzetti inocente.
Sacco
pudo salvar a su colega confesando, pero quizá sintió que eso sería traicionar
al movimiento anarquista. En lo que se refiere a Vanzetti, le pareció válido
morir, no por un crimen que no cometió, sino en aras del avance de su
movimiento.
En noviembre de 1982, Russell recibió lo que parecía confirmar su
tesis: una carta del hijo del último miembro sobreviviente del comité de defensa
de Sacco y Vanzetti, Giovanni Gambera. Poco antes de su muerte, unos meses
atrás, el anciano Gambera confió a su hijo que todos en el círculo anarquista de
Boston sabían que Sacco era culpable y Vanzetti era inocente, pero nadie quería
romper el acuerdo de silencio, aunque le costara la vida a Vanzetti. “Entre
usted y yo”, escribió el joven Gambera a Russell, “ésta es la última palabra.”
Ultimas palabras de las víctimas
"Muero como he vivido, luchando por la libertad y por
la justicia. ¡Oh, si pudiera comunicar a todos que no tengo nada que ver con ese
horrendo crimen... Mi corazón está lleno, rebosante de amor por los míos. ¿Como
despedirme de vosotros? ¡Oh, mis queridos amigos, mis bravos defensores, a todos
vosotros el afecto de mi pobre corazón, a todos vosotros mi gratitud de soldado
caído por la causa de la libertad! ...Continuad la soberbia lucha, que yo
también en lo poco que pude, he gastado mis energías por la libertad y por la
independencia humana. ...¿Que culpa tengo si he amado demasiado la libertad?
¿Por qué he sido privado de todas las cosas que hacen deliciosa la vida? Ningún
reflejo de la propia naturaleza, del cielo azul y de los esplendidos crepúsculos
en las tétricas prisiones construídas por los hombres para los hombres. Pero yo
no he llevado mi cruz en vano. No he sufrido inútilmente. Mi sacrificio valdrá a
la humanidad a fin de que los hermanos no continúen matándose; para que los
niños no continúen siendo explotados en las fábricas y privados de aire y luz.
No está lejos el día en que habrá pan para todas las bocas, techo para todas las
cabezas, felicidad para todos los corazones. Tal triunfo será mío y vuestro,
compañeros y amigos." Bartolomé Vanzetti
"¡No hay justicia para los pobres en América! ...¡Oh,
compañeros míos, continuad vuestra gran batalla! ¡Luchad por la gran causa de la
libertad y de la justicia para todos! ¡Este horror debe terminar! Mi muerte
ayudará a la gran causa de la humanidad. Muero como mueren todos los anarquistas
-altivamente, protestando hasta lo último contra la injusticia. ...Por eso muero
y estoy orgulloso de ello! No palidezco ni me avergüenzo de nada; mi espíritu es
todavía fuerte. Voy a la muerte con una canción en los labios y una esperanza en
mi corazón, que no será destruida..." Nicolás Sacco
"Queridos amigos y compañeros del Comité de defensa.
Mañana, inmediatamente después de la media noche, deberemos morir en la silla
eléctrica. No tenemos ya ninguna esperanza. ...Hemos decidido, por eso, escribir
esta carta para expresar nuestro reconocimiento y admiración por todo lo que
habéis hecho en favor de nuestra defensa en estos siete años, cuatro meses y
once días de lucha. El hecho de que hayamos perdido y que debamos partir, no
disminuye para nada nuestra actitud y nuestra apreciación de vuestra conmovedora
solidaridad hacia nosotros y nuestras familias. Amigos y compañeros: ahora que
la tragedia de este proceso toca a su fin, unamos nuestros corazones, nuestros
errores, nuestras derrotas, nuestra pasión, para las batallas futuras, para la
emancipación final. Unamos nuestros corazones en esta hora, la más negra de
nuestra tragedia. Armaos de valor, saludad a los amigos y a los compañeros de
todo el mundo. Os abrazamos a todos y os damos el último adiós, con el alma
desgarrada, pero llena de amor. Ahora y siempre un viva a todos nosotros, un
viva a la libertad. Vuestros en la vida y en la muerte"
Nicolás Sacco - Bartolomé Vanzetti
Fuente Consultada: Wikipedia - El Ortiba -
Secretos y Misterios de la Historia
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