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En
el curso de un reinado de cuarenta años, Salomón logró aumentar el prestigio de
su reino, ampliando los lazos diplomáticos y comerciales con varios estados, y
por sobre todo, mediante la construcción del templo al cual su nombre quedó
unido para siempre.
El Esplendor Salomónico. Sucesor de David
fue el rey Salomón (975-935 a. de. C.), que dio a la monarquía de Israel su
configuración definitiva. Pudo hacerlo no sólo por la privilegiada situación en
que heredó el trono, sino por sus extraordinarias dotes de estadista y su
talento diplomático, a los que unía una certera visión comercial. Más que
guerrear, Salomón prefirió pactar ventajosamente con otros Estados, en especial
con aquellos que podían convertirse en una fuente de recursos, tanto en carácter
de mercados proveedores o consumidores (Egipto) como a titulo de intermediarios
eficaces (ciudades fenicias, especialmente Tiro).
Así,
Salomón dio salida a los saldos exportables de Israel (cereales, sándalo, miel,
cera de abejas, etcétera) y se procuró metales preciosos (oro de Ophir en
el sur de Arabia) y artículos de lujo especialmente reexportados desde Fenicia.
Esta equilibrada y hábil política económica le permitió acumular ingentes
riquezas y construir el fastuoso templo, su propio palacio y otro para la reina,
que tal vez fue una princesa egipcia (la tradición lo hace también marido de una
hija de Hiram I, rey de Tiro), lo que permite suponer que Salomón utilizó el
casamiento como un instrumente más de su política exterior. Asimismo, este rey
supo dar estructura orgánica a la administración interior, subdividiendo el
territorio en doce provincias, cada una de las cuales era gobernada por un
praepósito directamente responsable ante Salomón.
Es
evidente la intensión fiscal de esta reorganización , que incluso motivó
reacciones populares por el aumento de las cargas impositivas. Cada región
estaba obligada a arbitrar los medios para sostener durante un mes los gastos de
la fastuosa corte salomónica. La época de Salomón había de señalar también un
notable cambio en la estructura económica y social del pueblo de Israel, pues,
con el auge del comercio y ha riqueza, surgieron intereses y modos de vida
nuevos. Ello motivó la aparición de una aristocracia del dinero que, junto con
la corte, gravitó pesadamente sobre los humildes. Es evidente que se configuró
cada vez con mayor nitidez un abismo que separaba los ricos de los pobres, y
mientras los segundos pasaban hambre y necesidades de todo tipo, los más
favorecidos vivían rumbosamente en sus palacios o grandes casas, con abundante
servidumbre.
A la
muerte de Salomón, su reino se vio sacudido por conmociones internas y peligros
de orden externo no menos graves. De ese modo, no sólo Israel se redujo en su
territorio, sino que inclusive llegó a parcelarse en dos reinos autónomos:
Israel, con Samaria por capital, y Judá, con su capital en Jerusalén.
REALIZACIONES DE PRESTIGIO:
Con el fin de demostrar la grandeza de su reinado, Salomón emprendió la
realización de imponentes construcciones. En el cuarto año de su reinado, se
dedicó a la edificación del Templo
de Jerusalén, destinado a convertirse en el centro de culto de todas
las tribus de Israel y a simbolizar la presencia divina. Decidió emplazarlo en
el monte Moriah, donde David había levantado un altar, en el cual se
encuentra actualmente la Cúpula de la Roca. Al igual que su padre, se volvió
hacia el rey fenicio Hiram 1 de Tiro, que le envió artesanos especializados, así
como materiales preciosos: cedro del Líbano, ciprés y oro.

Esta magnificencia no pudo
enmascarar los numerosos problemas que conoció el reino. Tributario de una deuda
de 120 talentos de oro a Hiram, Salomón tuvo que entregarle veinte ciudades de
Galilea. Con el fin de financiar las construcciones, el ejército y los lujos de
la corte, aumentó los impuestos e impuso trabajos obligatorios. El descontento
del pueblo se acentuó, sobre todo porque la tribu de Judá, a la cual pertenecía
el rey, estaba exenta de estas cargas
El
edificio, compuesto de tres salas, era de forma rectangular. Al interior, los
muros estaban recubiertos con madera de cedro enchapada en oro. En la última
cámara, el santo de los santos, se encontraba el Arca de la Alianza, considerada
la morada de Yahvé. A continuación, en el lado sudoeste se edificó el palacio,
comunicado con el templo. Veinte años fueron necesarios para finalizar este
conjunto arquitectónico, siete para el templo y trece para el palacio. Su
esplendor reflejaba el brillo del reinado de Salomón. |