CAMPAÑAS DE SAN MARTÍN: CHILE y PERÚ

EL GENERAL SAN MARTÍN INICIA SU PLAN Y LIBERA A CHILE Y A PERÚ DEL PODER ESPAÑOL

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CAMPAÑAS DE SAN MARTÍN: CHILE y PERÚ

 

 

 

 

Independencia de Hispanoamérica Cruce a los Andes Simón Bolívar 25 de Mayo de 1810 9 de Julio de 1816

Campaña a Chile y Perú Entrevista de Guayaquil Exilio de San Martín San Martín en Europa

El Libertador era un hombre de fuertes convicciones morales, dentro de un universo ético que también comprendía una aguda visión de la política y de la guerra. La liberación de la Argentina, Chile y Perú no fue sólo la obra de un voluntarista, sino también el resultado de la aplicación correcta de las técnicas de combate vigentes.

Victorioso en el combate de San Lorenzo -su primera intervención militar en suelo americano, 1813-, San Martín no se envaneció ni se dejó tentar cuando se lo designó como jefe del Ejército del Norte. Esta fuerza, que había dirigido Manuel Belgrano hasta 1814, seguía siendo vista por los patriotas como la herramienta principal para que la Revolución de Mayo (1810) se impusiera en el Alto Perú, principal bastión realista en América del Sur. Pero San Martín, según su visión estratégica, sabía que, para contener a los realistas por el norte, bastaba la "guerra de guerrillas" que sostenían Martín Miguel de Güemes y sus gauchos.

En cambio, para doblegar a Lima pensaba que no se podía avanzar en forma lineal y directa hacia el norte. Había que dar un paso al costado: cruzar la Cordillera de los Andes y, desde Chile, esta vez por mar, llegar hasta Perú. Los hechos demostraron que el Libertador estaba acertado: su plan fue exitoso y permitió la independencia de Chile (1818) y de Perú (1821) y la consolidación de la de nuestra patria.

EL PROYECTO LIBERTADOR
Estando San Martín enfermo, se retiró a descansar su refugio serrano, y allí recibió a muchos visitantes, y pudo así enterarse de diversos problemas sociales, geográficos, económicos y costumbristas que, a la sazón, seguramente desconocía. Mientras desempeñaba la jefatura del ejército en Tucumán, tuvo oportunidad de conversar con el teniente coronel Enrique Paillardelle, autor de un proyecto, difícilmente realizable, para llevar una campaña combinada contra Lima desde Chile (por mar) y desde Tucumán.

Ahora, en ocio útil, pudo discutir ampliamente con el coronel Tomás Guido diversas posibilidades estratégicas, y ambos coincidieron en la necesidad de organizar seriamente, sobre bases económicas y militares efectivas, una campaña libertadora que, partiendo de Valparaíso y con el ejército del norte, asegurara la liberación del Perú.

En razón de ello, y ya repuesto de sus dolencias, pidió y logró San Martín su designación como gobernador intendente de Cuyo. Guido, que era Oficial Mayor de la Secretaría de Guerra y Marina, apoyaría su acción en Buenos Aires. Como ya había quedado asegurado el norte, Posadas designó a su sobrino Alvear para que preparara y realizara la toma de Montevideo.

Se armó una flota, que quedó al mando del coronel Guillermo Brown, y en poco tiempo Alvear entró triunfante en la capital oriental; tras la victoria, tiró por la borda las tratativas de paz, ya avanzadas, originadas por la gestión de Sarratea; tal actitud, quizá temeraria, que asombró y desagradó a Strangford, aseguró la posesión de la plaza y el dominio de los ríos.

EL PLAN MAITLAND: En su libro Maitland y San Martín, Rodolfo Terragno cuenta que en el Archivo General de Escocia encontró un plan redactado en 1800 por Thomas Maitland. Este oficial escocés establecía los pasos que debía seguir Inglaterra para apoderarse de las colonias españolas en Sudamérica. El plan coincidía, en gran parte, con el que luego siguió San Martín: cruzar los Andes, derrotar a los españoles en Chile y, finalmente, liberar el Perú. Terragno sostiene que San Martín

Eliminado el peligro realista en la Banda Oriental, pudo San Martín reforzar sus proyectos. La revolución chilena había fracasado tras el desastre de Rancagua (1° de octubre de 1814), y, con el pretexto de defender la frontera occidental, pudo San Martín organizar en Mendoza un ejército poderoso, disciplinado y bien pertrechado. Guido, cuando llegó el momento oportuno, presentó al Ministerio una Memoria en la que puntualizaba minuciosamente las seguridades del éxito que esperaba a una campaña tendiente a reconquistar Chile, afianzar las fuerzas, e invadir el Perú por mar y tierra.


LAS PROVINCIAS UNIDAS EN SUD AMERICA
En 1816 se reunió en Tucumán el Soberano Congreso Constituyente que, por presión de San Martín, Belgrano y otros jefes militares en combinación con la Logia Lautaro (a la que pertenecía buen número de congresistas), declaró, el 9 de julio, la independencia de las Provincias Unidas en Sud América. Pocos días antes de tal declaración, el nuevo director, Juan Martín de Pueyrredón, habla tenido en Córdoba conferencias con San Martín y, sobre la Memoria de Guido, dio su visto bueno al proyecto libertador.

La fórmula de la declaración de independencia daba pie para abrir la guerra de liberación de todo el subcontinente, y por eso mismo las instrucciones dadas a San Martín establecían la necesidad de que Chile enviara una diputación al Congreso, "a fin de que se constituya una forma de gobierno general, que de toda la América unida en identidad de causas, intereses y objeto, constituya una sola nación".

Durante su permanencia en Mendoza, donde ejerció un gobierno ejemplar con el amplísimo apoyo de todo el pueblo, pudo San Martín retomar su vida hogareña, interrumpida cuando marchó al norte. A fines de septiembre de 1814 llegó a esa ciudad Remedios ("La Cordita", según el apodo de Posadas), y bajo el sol mendocino nació la única hija del matrimonio, Mercedes Tomasa. Como los enemigos de San Martín tachaban a éste de déspota y aducían que quería coronarse, cuando nació Mercedes su padre dio la noticia a Guido con un rasgo de buen humor, anunciándole el advenimiento de la "infanta mendocina"...

La organización del famoso Ejército de los Andes con los precarios fondos y pertrechos facilitados por el Directorio, obligó a San Martín a exigir de los mendocinos ingentes sacrificios. Ese pueblo, consciente de la causa libertadora que presidía el gobernador, brindó a la patria más de lo imaginable. Sin quitar nada de los auxilios de las demás provincias (cuyanas, centrales, norteñas y ribereñas), debe señalarse la devoción de los mendocinos en apoyo de la campaña: fueron incorporados todos los varones mayores de 14 años; los decentes financiaron la fabricación de armas y pertrechos hasta agotar sus arcas; las mujeres renunciaron a la coquetería y donaron sus joyas mientras trabajaban en la confección de ropas militares; los paisanos cedieron sus pocos caballos y muías, y los campesinos el fruto de sus cosechas. Es dable, sin duda, asegurar que San Martín —como en su momento Belgrano y José Artigas— hizo tomar conciencia popular de que la campaña libertadora representaba una causa nacional.

CAMPAÑA EN CHILE
El 24 de enero de 1817 inició San Martín la marcha hacia Chile. Su ejército, dividido en cinco divisiones, cruzó la cordillera de apariencia invencible por sendos pasos, a fin de ocupar Chile desde Copiapó hasta Santiago. La suerte estaba echada.

El 7 de febrero, con el grueso del ejército reunido en Coquimbo, anunció San Martín: "O la América es libre a costa de sus propios esfuerzos, o desciende encorvada al cadalso que le preparan los tiranos". El 12, en la Cuesta de Chacabuco, la victoria dio testimonio de que la América quería ser libre por sus propios esfuerzos. Dos días más tarde Bernardo O'Higgins (imagen), chileno y cofrade de la Logia, asumió el gobierno como Director.

Las Provincias Unidas en Sud América, a través de su personero San Martín, comenzaban a cumplir su cometido liberador y unificador. Si la revolución había sido abatida en Tierra Firme (Venezuela), ahora daba muestras de su rigor a meridión.

Pero las rosas que engalanaban el camino de la libertad tenían, también, espinas insalvables. En el Río de la Plata, el Director y el Congreso, dominados por la presión de la burguesía comercial porteña que procuraba evitar la competencia de Montevideo, habían dispuesto eliminar al caudillo oriental Artigas y a sus seguidores en la Mesopotamia. Para ello —y conforme a una pauta porteña, consistente en asegurar su hegemonía aunque fuera a costa de perder territorios— se habían iniciado tratativas con los portugueses a fin de facilitarles la ocupación de la Banda Oriental.

Las negociaciones, acompañadas de aparente desidia gubernativa, dieron sus frutos, y la Banda Oriental pasó a ser Provincia Cisplatina del Reino de Portugal, Brasil y los Algarves. La respuesta popular expulsó al Director y al Congreso mediante las lanzas de los victoriosos caudillos litoraleños Estanislao López y Francisco Ramírez en los campos de Cepeda (1? de febrero de 1820).

San Martín se mantuvo al margen de esas luchas, y se negó a usar el Ejército de los Andes en una guerra intestina. Fracasadas sus gestiones para lograr una pacificación, prefirió continuar en Chile su misión libertadora.

El 5 de abril de 1818 había obtenido, en Maipú, la victoria decisiva sobre los godos, y a partir de entonces sus esfuerzos apuntaron a armar una escuadra eficiente y un ejército modelo que aseguraran la liberación del Perú. Muy poco había obtenido del Directorio rioplatense, y por fin Chile asumió la responsabilidad directa de financiar y armar la expedición libertadora.

LA PATRIA EXISTE CON O SIN GOBIERNO
Producida la secesión rioplatense tras la batalla de Cepeda, la situación jurídica del Ejército de los Andes resultó confusa. Hasta el momento ese ejército cumplía el mandato emergente del gobierno de las Provincias Unidas en Sud América.

Pero ahora esa entidad aparecía disuelta, y era indispensable arbitrar los medios para definir la situación. Por eso, San Martín reunió al ejército en Rancagua, delegó el mando en el general Juan Gregorio de Las Heras, y dio instrucciones para que, con el voto de los integrantes, el ejército decidiera qué debía hacerse. Por unanimidad, el Ejército de los Andes resolvió, el 2 de abril, "que la autoridad que recibió el señor general para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado, ni puede caducar, porque su origen, que es la salud del pueblo, es inmutable".

Y sobre el axioma de que "la patria existe con o sin gobierno", el ejército otorgó a San Martín poderes omnímodos en cuanto a las decisiones referentes a las campañas militares a realizar.

Con este aval, y el apoyo de Chile a través de O'Higgins, San Martín apuró las operaciones. Designó a Güemes general en jefe del Ejército de Observación sobre el Perú, con la misión de presionar desde el sur e impedir la concentración de mayores efectivos en las cercanías de Lima. Entretanto, Simón Bolívar había rei-niciado con sorprendente éxito sus campañas, liberando a Venezuela y Nueva Granada; había fundado la República de Colombia, y se aprestaba a marchar sobre Quito. San Martín, por mar, tomaría Lima, y las fuerzas realistas se verían constreñidas en tres frentes de lucha.

SAN MARTÍN EN PERÚ
En los comienzos de agosto de 1820 el puerto de Valparaíso vio embarcar seis mil hombres con rumbo a las costas peruanas. La escuadra iba al mando del Vicealmirante lord Cochrane, y San Martín era el responsable supremo de esa expedición que, bajo pabellón chileno, continuaría la obra libertadora y unificadora de la América del Sur.

Poco más de un mes tardó la navegación hasta Paracas, puerto de desembarco al que llegaron el 8 de septiembre. El virrey Joaquín de la Pezuela procuró buscar un armisticio, y en Miraflores sus diputados y los de San Martín llegaron a un principio de acuerdo: se negociaría la paz sobre la base de coronar en América a un Infante español, en condiciones a acordar. Pero el 20 de enero de 1821 fue depuesto Pezuela por sus subordinados; el virreinato quedó en manos de José de la Serna y el armisticio fue roto.

Dos meses más tarde llegó a Lima el comisionado regio Manuel Abreu, con instrucciones para buscar la paz conforme a la política de las Cortes de 1820. El 4 de mayo se iniciaron en Punchauca las conferencias con Abreu, pero esas tratativas no prosperaron.

Es oportuna una aclaración. Durante el tiempo de su vida pública, San Martín manifestó claramente su decidido apoyo a la monarquía constitucional. Sus proyectos de unidad continental tuvieron como punto de partida la instalación de una "monarquía temperada". Y en una oportunidad manifestó que, a pesar de sus convicciones, apoyaría con las armas la república si esa fuera la auténtica e inequívoca voluntad popular, aunque sabía que "esa forma de gobierno nos llevaría al sepulcro". En definitiva, San Martín se había propuesto, como meta, la independencia y unidad hispanoamericana; y aunque él creía que ello sólo podría lograrse con una solución monárquica, le importaba menos la forma de gobierno que la meta que se había fijado.

LA INDEPENDENCIA Y EL PROTECTORADO
Fracasadas todas las negociaciones, prosiguió la guerra. Lima cayó en poder de los libertadores, y San Martín fijó allí su cuartel general. Pocos días después, el 28 de julio, declaró la independencia del Perú y creó la bandera del nuevo Estado. Al mismo tiempo, una fuerte columna al mando de José Antonio Álvarez de Arenales pacificaba la sierra, y otra, dirigida por Guillermo Miller, aseguraba el dominio de la región meridional.

La presión sobre el Alto Perú no se llevó a cabo por la muerte de Güemes, pero a lo largo de 1821 se sucedieron las victorias militares, y hasta fue posible tomar la virtualmente inexpugnable fortaleza del Callao: San Martín, con adecuados cambios de frente, obligó a una columna realista que marchaba sobre Lima a buscar refugio en esos torreones que, bloqueados, y sin posibilidad de abastecimiento, debieron ser abandonados.

La toma del Callao, feliz e incruenta, no satisfizo a algunos colaboradores íntimos del general y produjo la definitiva ruptura de éste con Cochrane, quien, apoyado por oficiales superiores, suponía necesario el uso de la fuerza para aniquilar la columna y bombardear la fortaleza. Por imposición de las circunstancias asumió San Martín el gobierno del Perú con el título de Protector (2 de agosto).

Aunque sus facultades eran omnímodas, usó de ellas con prudencia y mesura, hasta el extremo de haber promulgado un Estatuto por el cual autolimitaba sus atribuciones. Su propósito declarado fue "poner a los pueblos en el ejercicio moderado de sus derechos", convencido de que a su hora tendrían oportunidad de poner en obra "las bellas teorías".

Creía —y su experiencia lo avalaba— que los pueblos hasta entonces sometidos debían aprender a gozar los bienes de la libertad, antes de deliberar sobre lo que no conocían. Fiel a ese criterio, gobernó con una probidad jamás impugnada, y se ocupó cuidadosamente de fortalecer el estado económico-financiero, de defender los derechos sociales, de sacar al indio de la miseria en que se hallaba y eliminar la mita y el yanaconazgo, de establecer la libertad de vientres y, aun, la paulatina manumisión de esclavos (a razón de 25 por año a-cuenta del Estado), al mismo tiempo que propiciaba la educación popular.

El 26 de marzo de 1822 expidió un decreto que concedía ciudadanía peruana a todo americano (incluidos los indios) residente en cualquier país de la América meridional; San Martín siempre había propiciado esta medida, logrando hacer escuela en el Río de la Plata, pues el artículo 19 de la Constitución de Santa Fe, promulgada por Estanislao López en 1819, puntualizaba, también, que todo americano era ciudadano de Santa Fe.

Además, y en razón de su clara intención de establecer un imperio hispanoamericano centrado en Perú —idea propiciada por Miranda y Belgrano—, creó una especie de élite criolla a través de dos instituciones: la Sociedad Patriótica y la Orden del Sol. El sentido aristocratizante de ambas entidades fue objeto de sátiras y burlas sobre el Rey José.

PROCLAMA DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

Soldados del Ejército Libertador:

Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y sólo falta que el valor consume la obra de la constancia; pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquistas, sino a liberar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho. Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco.

La ferocidad y violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad, y si contra todas mis esperanzas, alguno de los nuestros olvidase sus deberes, declaro desde ahora que será inexorablemente castigado conforme a los artículos siguientes:

1° Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba, será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2° Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena de Talión.

3° Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de la vida, según la gravedad de las circunstancias.

4° Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país, será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior.

¡Soldados! acordaos que toda la América os contempla en el momento actual, y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos han implorado vuestro auxilio contra los opresores. El mundo envidiará vuestro destino si observáis la misma conducta que hasta aquí; pero ¡desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo a sus compañeros de armas! Yo lo castigaré de un modo terrible; y él desaparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.

Cuartel General del Ejército Libertador en Pisco, septiembre 8 de 1820.

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
JOSÉ DE SAN MARTÍN

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