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Nació el 25 de febrero de 1778 en
el pueblo de Yapeyú, situado a orillas del caudaloso río Uruguay, que dependía
del Virreinato del Río de la Plata. Su padre, don Juan de San Marín, había
nacido en España y se desempeñaba como teniente gobernador del departamento. Su
madre, doña Gregoria Matorras, era sobrina de un conquistador del Chaco. Se
trasladó a España junto con sus padres en el año 1786 donde ingresó al Seminario
de Nobles de Madrid. En 1789 comienza su carrera militar en el regimiento de
Murcia.
Luchó en la campaña de África combatiendo en Melilla y Orán. En 1797 es
ascendido a subteniente por sus acciones frente a los franceses en los Pirineos.
En 1797 su regimiento, que había participado en las batallas navales contra la
flota inglesa en el Mediterráneo, se rindió en agosto de 1798.
Durante el
período que sigue, lucha en diferentes acciones en el sur de España, en
Gibraltar y Cádiz, con el grado
de capitán 2° de infantería ligera. En 1808 las
tropas de Napoleón invaden la Península y el rey Fernando VII es hecho
prisionero. Estalla la rebelión contra el Emperador y su Hermano José Bonaparte,
que había sido proclamado Rey de España. Se establece una Junta de Gobierno que
actúa primero en Sevilla y luego en Cádiz. San Martín es ascendido por la Junta
al cargo de ayudante 1° del regimiento de Voluntarios de Campo Mayor.
Distinguido por sus acciones contra los franceses, llega luego a ser capitán del
regimiento de Borbón.
El ejercito ataca a los franceses y los vence en la
batalla de Baylén, el 19 de julio de 1808; allí se destaca San Martín. Esta
victoria permite al ejército de Andalucía recuperar Madrid y es la primera
derrota importante de las tropas de Napoleón. San Martín recibe el grado de
teniente coronel y es condecorado con una medalla de oro. Continua luchando
contra los franceses en el ejército de los aliados: España, Portugal e
Inglaterra. Combate a las órdenes del general Beresford en la batalla de
Albuera. Conoce a Lord Macduff, noble escocés, que lo introduce a las logias
secretas que complotaban por la independencia de América del Sur. Por su
intermedio obtuvo un pasaporte para viajar a Inglaterra, donde se encontró en
1811 con compatriotas de América española: Alvear, Zapiola, Andrés Bello, Tomás
Guido, entre otros. Todos formaban parte de una logia que había fundado el
"Precursor", Miranda, quien, junto con Bolivar, ya luchaba en América por la
independencia de Venezuela.
En enero de 1812, San Martín se
embarca hacia Buenos Aires en la fragata inglesa George Canning. Situación en
América del Sur En la ciudad de Buenos Aires, el 25 de mayo de 1810 se había
constituido la llamada Junta Grande, en forma similar a las juntas de España,
que se oponían a la ocupación francesa de la Península, y gobernaban en nombre
del rey Fernando VII mientras se encontrara prisionero. Se habían mandado
emisarios a los cabildos de las distintas ciudades del Virreinato del Río de la
Plata para que constituyan juntas de gobierno y reconozcan a la de Buenos Aires.
Las poblaciones se dividen en las que adoptan juntas independientes de España y
las que pretenden conservar el poder de los virreyes. La Junta de Buenos Aires
nombra un cuerpo ejecutivo que se llamó el Primer Triunvirato. Sus miembros
eran: Juan José Paso, Feliciano Chiclana y Manuel de Sarratea. La ciudad de
Montevideo no reconoce a la junta de Buenos Aires y emprende hostilidades contra
la Capital.
En Chile el cabildo se pronuncia contra la autoridad del Virrey.
Desde el Alto Perú —hoy Bolivia— los realistas ocupan la provincia de Salta y
avanzan sobre Tucumán, defendida por el Ejército del Norte comandado por Manuel
Belgrano. El Paraguay se había independizado, adoptando una postura neutral a
cargo de José Gaspar Rodríguez de Francia. Vemos que el panorama del río de la
Plata no era muy halagüeño a principios de 1812 cuando llega San Martín.
Primeros Actos A los pocos días de su arribo, le fue reconocido el grado de
teniente coronel y el Triunvirato le encomendó la creación de un escuadrón, que
luego fue el célebre regimiento de Granaderos a Caballo. Durante el año 1812 se
ocupó de instruir a la tropa en las modernas técnicas de combate que conocía por
su extensa actuación europea contra los ejércitos de Napoleón. Además, se ocupó
de organizar una sociedad secreta que se denominó la Logia de Lautaro —este era
el nombre de un caudillo araucano que defendió la libertad de su pueblo a los
comienzos de la conquista española—. La sociedad estaba formada como las logias
masónicas de Cádiz y de Londres, similar a la que en Venezuela tenía como
miembros a Miranda, Bolívar y Andrés Bello. Su objetivo era: "trabajar con
sistema y plan en la independencia de la América y su felicidad". Sus miembros
principales, además de San Martín eran: Alvear, Zapiola, Bernardo Monteagudo,
Juan Martín de Pueyrredón. En agosto de 1812 se casa con María de los Remedios
de Escalada, mujer joven y bella, que pertenecía a una de las distinguidas
familias del país.
En octubre de 1812, cuando llega la noticia de la victoria
del ejército de Belgrano en Tucumán, se produce en Buenos Aires un movimiento
preparado por la Logia con el objeto de imponer a sus candidatos en el
Triunvirato. Con la presión de los cuerpos armados y del pueblo, se nombra el
Segundo Triunvirato constituido por: Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y
Antonio Álvarez Jonte. Se exige además llamar a una Asamblea suprema con
delegados de todas las provincias con el fin de dictar una constitución. Los
primeros actos del Triunvirato consisten en reforzar el ejército y mandar una
expedición para que ponga sitio a Montevideo, ocupada por los realistas.
En enero de 1813 se consolidan las
posiciones militares: el general José Rondeau estrecha el sitio de Montevideo
mientras en Buenos Aires, el domingo 31 de enero se reúne la Asamblea General
Constituyente, conocida en la historia con el nombre de Asamblea del año 13,
aunque se reunió durante varios años más. Casi todos los miembros de la Asamblea
eran de la Logia de Lautaro. Se aprueban importantes reformas legales: El nombre
del rey de España desaparece de los documentos públicos; la Asamblea se declara
soberana; se eliminan los escudos de armas y los títulos de nobleza; Se aprueban
los colores de la bandera de Belgrano, el escudo nacional, el himno; se elimina
la Inquisición y se queman los instrumentos de tortura; se defiende la libertad
de imprenta; se pone límite a la esclavitud decretando la "libertad de
vientres". Combate de San Lorenzo Los realistas de Montevideo dominaban los ríos
interiores con su flota, asolaban las poblaciones costeras y hacían frecuentes
desembarcos para obtener ganados y otros alimentos. En enero llegó a Buenos
Aires la noticia de que se preparaba una escuadra realista mandada por el
corsario Rafael Ruiz y las tropas de desembarco por el capitán Juan Antonio
Zabala.
El 28 de enero, el Triunvirato ordena al coronel San Martín que
protegiese las costas del Paraná del desembarco realista. Los granaderos
siguieron el avance de la flota enemiga que constaba de 11 naves y unos
trescientos soldados. Las naves pasaron el pueblo de Rosario y fondearon frente
al Monasterio de San Carlos, en San Lorenzo, aguas arriba. Los españoles bajaron
a tierra, subieron las altas barrancas y se encontraron con los pacíficos
frailes. Luego llegaron algunos paisanos al mando de Caledonio Escalada,
comandante militar del Rosario, y, cuando los realistas volvían a embarcarse,
intercambiaron algunos disparos de cañón. El dos de febrero por la noche llegan
los granaderos de San Martín al convento y se ocultan en el patio, en silencio,
sin encender fuegos. Desde la torre del convento, el Coronel vigilaba las
señales de luces de las naves enemigas. Cuando despuntaba el sol del día 3 de
febrero, las lanchas de la expedición realista tocaban tierra y subían el
barranco en dos columnas dispuestos al combate. San Martín dividió a los
granaderos también en dos columnas que, cuando sonó el clarín, cargaron desde
cada lado del convento. En la primera carga, el caballo de San Martín fue
derribado trabando una pierna del Coronel. El granadero Baigorria traspasa con
una lanza a un soldado español que intentaba herir a San Martín. El soldado Juan
Bautista Cabral echó pie a tierra y levantó el caballo permitiendo a su jefe
incorporarse, entonces fue herido de muerte.
A las pocas horas del combate, ya
conociendo el resultado, pronunció las famosas palabras: "¡Muero contento!
¡Hemos batido al enemigo!" La victoria había sido obtenida en pocos minutos. Los
realistas escaparon por la barranca abandonando sus armas, cañones y
estandartes. La flota enemiga retornó derrotada a Montevideo y nunca más volvió
a incursionar por el Paraná. San Martín escribió el parte del combate bajo la
sombra de un añoso pino y regresó en triunfo a Buenos Aires. Poco tiempo después
se conocía el triunfo del General Belgrano frente a los realistas en la batalla
de Salta, donde se rindió el ejército al mando de Pio Tristán.
El año trece comenzaba favorable a
los patriotas. El Ejército del Norte. Manuel Belgrano, luego de la batalla de
Salta, se internó en las tierras del Alto Perú en persecución de los realistas
pero debió retroceder hasta sus posiciones anteriores, en el valle de Lerma,
luego de las derrotas de Vilcapugio ( 1° de octubre) y Ayohuma ( 14 de
noviembre). Entonces el Triunvirato envía al norte a San Martín con un pequeño
ejército de infantería y el cuerpo de Granaderos a Caballo. El ejército
derrotado se reúne con las tropas de refuerzo en la posta de Yatasto, en el
camino entre Salta y Tucumán, donde ambos patriotas se conocen y sellan una
amistad que duraría toda sus vidas. Mientras tanto el 31 de enero de 1814, en
Buenos Aires, la Asamblea nombra Director Supremo de las Provincias Unidas del
Río de la Plata a Don Gervasio Antonio Posadas por un período de dos años,
sustituyendo el Triunvirato anterior. También en enero, San Martín toma el mando
de un ejército derrotado, quedando Belgrano como su subordinado.
El ejército
realista, a cuyo frente estaba el general Pezuela, amenazaba las provincias de
Salta y Jujuy. El ejercito patriota se concentra en la ciudad de Tucumán y el
General comienza a instruirlo formando una nueva escuela militar y hace
incorporar nuevos reclutas. La frontera norte queda defendida por partidas de
gauchos montados, al mando del valeroso teniente coronel Martín Güemes, natural
de Salta y gran conocedor del terreno, que detienen, causan estragos en el
avance realista, levantando a la población en contra del enemigo. Mientras tanto
en el Río de la Plata, la flota al mando del comandante Guillermo Brown vencía a
la armada realista frente a Montevideo y lograba establecer el cerco marítimo
que obligaría luego a rendir la plaza al ejército comandado por el general
Alvear (junio de 1814). Al conocer esta derrota, los realistas, que intentaban
conquistar las Provincias Unidas por la frontera norte, iniciaron la retirada
concentrando sus fuerzas en el Alto Perú. Plan Continental Al poco tiempo de
encontrarse San Martín en Tucumán, se dio cuenta que era imposible llegar a
Lima, que en ese momento era el centro del poder realista, por el camino del
Alto Perú. Cada ves que un ejército realista descendía del altiplano hacia los
valles de Salta, era derrotado y , cada vez que un ejercito patriota ingresaba
en el Alto Perú, era también aniquilado. Fue entonces que el General concibió la
idea, que luego realizaría con éxito, de cruzar la cordillera y atacar la ciudad
de Lima por el mar. Para mantener segura la frontera del norte bastaban las
tropas salteñas al mando del general Güemes.
El plan de conquistar el Perú por
el Pacífico era lo que él llamaba "su secreto", que era compartido por unos
pocos amigos de la Logia Lautaro. En el mes de abril de ese año, una enfermedad
le obliga a pedir licencia y pasa a restablecerse a una estancia cerca de la
ciudad de Córdoba dejando al general Cruz al mando de las tropas del Ejército
del Norte. En agosto de ese año, por solicitud del general, el director Posadas
lo nombra Gobernador Intendente de Cuyo, pues su estado de salud era delicado.
En realidad San Martín se situaba en una posición muy conveniente para iniciar
los planes que luego liberarían medio continente. Tardaría siete años para
entrar en Lima. Cuando el futuro Libertador se instalaba en Cuyo, del otro lado
de la Cordillera de los Andes, la revolución del que se llamaba en aquel
entonces "Reino de Chile", estaba en peligro: había sido invadido por las
fuerzas realistas del Virreinato del Perú y luego de varias batallas, las
fuerzas patriotas al mando de O´Higgins y José Miguel Carreras son derrotadas en
la batalla de Rancagua (1° de octubre de 1814), donde los ejércitos chilenos son
aniquilados dejando abierto el camino a la capital, Santiago. El general Carrera
con el resto del ejército cruzó la cordillera refugiándose en el territorio de
Cuyo, gobernado por San Martín. A Buenos Aires llegaban las noticias de que
Napoleón había sido vencido y confinado a la isla de Elba. El rey Frenado VII
había entrado en Madrid luego de seis años de cautiverio. El primer acto de
gobierno fue abolir la constitución de Cádiz y condenar a muerte a todo aquel
que se opusiera a su soberanía. Al poco tiempo restableció el Tribunal de la
Inquisición.
Es en este momento que la Revolución Sud Americana parece derrotada
en todos sus frentes. Perdido Chile y el Alto Perú, con los realistas
fuertemente establecidos en Lima; la revolución venezolana era vencida y sus
líderes, Bolívar y Mariño, se refugian en Cartagena; los liberales españoles
perseguidos. Sólo en el Río de la Plata ondean los estandartes de la Libertad y
la Independencia. Gobernador de Cuyo En Buenos Aires, a comienzos de 1815 se
produce la renuncia del Director Supremo, Posadas, y es nombrado en su remplazo
el general Carlos María de Alvear, que estaba enfrentado con San Martín, quien
para evitar una destitución, solicita su reemplazo. Alvear nombra entonces
Gobernador de Cuyo al coronel Gregorio Perdriel. Esto pone a la ciudad de
Mendoza en conmoción y, reunido el cabildo el 16 de febrero, solicitan al
Director Supremo que conservase en el gobierno al general San Martín, alegando
que había un peligro cierto de una invasión realista a través de la cordillera.
El Director entonces accede a la petición del Cabildo de Cuyo y confirma a San
Martín en el cargo. Al poco tiempo, en Buenos Aires, el Cabildo pide la renuncia
de Alvear y es nombrado como Director Supremo el general Rondeau, con la
condición de disolver la Asamblea (que había sido nombrada por los cabildos
provinciales) y llamar a un nuevo congreso elegido por el sufragio universal (18
de abril). Terminaba así la importancia de los cabildos, que era una herencia de
la tradición colonial. Los ciudadanos de Mendoza se constituyen en cabildo
abierto. Deciden que no obedecerán a ningún gobierno que no sea elegido por la
voluntad de los pueblos y que declara nulo el nombramiento del Gobernador
Intendente hecho por el Director Supremo. Se aclama a continuación a San Martín
como Gobernador de cuyo por la voluntad popular. Los cabildos de San Juan y San
Luis confirmaron estas declaraciones.
Entonces San Martín emprende la creación
del Ejército de los Andes, en el que el pueblo de Cuyo contribuyó con todo lo
que podía. Se establecieron nuevos impuestos, se rematan las tierras públicas,
se crea una contribución extraordinaria de guerra, se recibieron donaciones en
joyas y en dinero, se gravó con un peso cada barril de vino. Además se usaban
los transportes de carretas en forma gratuita para los materiales que necesitaba
el ejército y a las personas, sin retribución para trabajos públicos, los
artesanos servían en los talleres militares sin sueldo, y las mujeres
contribuían con sus labores cosiendo gratuitamente los uniformes de los
soldados. Se conoció en esos momentos que España preparaba una expedición de
diez mil hombres, al mando del general Murillo, que se dirigía hacia el Río de
la Plata a sojuzgar a los rebeldes y someterlos al dominio del rey. El entonces
coronel San Martín reunió al pueblo de Cuyo en cabildo abierto y el 6 de junio
de 1815 distribuyó un bando que conviene transcribir en parte porque demuestra
el temple del Libertador: "Es llegada la hora de los verdaderos patriotas. Se
acerca al Río de la Plata una expedición de diez mil españoles. Ya no se trata
de encarecer y exaltar las virtudes republicanas, ni es tiempo de exhortar a la
conservación de la fortunas o de las comodidades familiares. El primer interés
del día es el de la vida: este es el único bien de los mortales. Sin ella,
también perece con nosotros la patria. Basta de ser egoístas para empeñar el
último esfuerzo en este momento único que para siempre fijará nuestra suerte. A
la idea del bien común y a nuestra existencia, todo debe sacrificarse. Desde
este instante el lujo y las comodidades deben avergonzarnos… Desde hoy quedan
nuestros sueldos reducidos a la mitad. El empleado que no quiera donar lo que
deja de percibir recibirá un boleto par su abono en mejores circunstancias.
Yo
graduaré el patriotismo de los habitantes de esta provincia por la generosidad…
Cada uno es centinela de su vida." Las damas de Mendoza, encabezadas por María
de los Remedios de Escalada de San Martín, su esposa, fueron recibidas por el
cabildo en audiencia y, en presencia del pueblo, se despojaron de sus alhajas y
donaron sus joyas a la patria. Llegamos así al final del año 1815 con las
desalentadoras noticias de la derrota del Ejército del Norte, dirigido por Rondeau, en la batalla de Sipe-Sipe el 29 de noviembre de dicho año y deben
regresar a Salta. Las fuerzas del virrey del Perú, comandadas por el general
Osorio, dominan Chile. El ejército de Murillo, que debía llegar a Buenos Aires
había desembarcado en Venezuela y batía a las tropas de Bolívar. Fue entonces
cuando San Martín, al mando del pequeño ejército de Cuyo era la única esperanza
de las Provincias Unidas. Es en estas circunstancias que reúne a sus oficiales y
expone su plan del paso de los Andes y la reconquista de Chile. El año 1816. A
fines del año anterior había sido restituido Fernando VII, al que en la
Península llamaban "El Deseado". Sus primeras disposiciones en el trono
defraudaron a los americanos. Cono ya dijimos, derogó la Constitución de Cádiz,
que habían establecido las Cortes y se habían declarado Soberanas y, lo que es
peor, declaró "reo de lesa Majestad" a los independientes, imponiéndoles la pena
de muerte. Esto tarjo como consecuencia que los generales realistas cometieran
enormes crueldades contra las poblaciones rebeldes, especialmente en Venezuela y
en el Alto Perú. A principio de año comienzan a llegar a la ciudad de Tucumán
los delegados de las distintas provincias —electos por sufragio universal— y el
24 de marzo se constituye allí el Soberano Congreso Nacional de las Provincias
Unidas del Río de la Plata.
La Gobernación de Cuyo tenía cuatro delegados,
amigos de San Martín y miembros de la Logia Lautaro. Por la provincia de San
Juan: fray Justo de Santa María de Oro y don Agustín Maza; por Mendoza: Tomás
Godoy Cruz y Francisco Narciso Lapida; por San Luis, Juan Martín de Pueyrredón,
que estaba distanciado de San Martín por su actuación en el episodio de la
disolución del primer Triunvirato en 1812. San Martín insiste ante los delegados
de su gobernación en la pronta reunión del congreso. En el mes de mayo el
Congreso trata de la elección del nuevo Director Supremo. El primer candidato
considerado es Belgrano, luego se piensa en San Martín, pero los delegados de
Cuyo se oponen, finalmente es designado el día 3 de ese mes Juan Martín de
Pueyrredón como Director Supremo, con el consentimiento de los delegados de San
Martín. Godoy Cruz había limado las asperezas entre los dos patriotas. Mientras
tanto, San Martín, como Gobernador de Cuyo, insistía ante el Director Supremo la
conveniencia de acometer la empresa del paso de los Andes. Ya había comenzado
con sus actividades de espionaje y tenía confidentes en Santiago dentro de las
esferas realistas que le comunicaban las actividades del gobernador Osorio, y
luego las de su reemplazante Marcó del Pont. Así mismo sus espías fomentaban la
insurrección en los patriotas de Chile preparando el terreno para la futura
invasión. Había sido San Martín propuesto para comandar el ejército del Perú en
reemplazo del general Rondeau, pero él no confiaba en el éxito de esta empresa y
recomienda al Director que nombre a Manuel Belgrano en su lugar.
Durante este
año se llevan a cabo varias batallas navales realizadas por corsarios con el
pabellón del Río de la Plata, que capturan presas entre los barcos que realizan
la travesía entre América y España, interceptando valiosos cargamentos,
entorpeciendo el tráfico de esclavos, lo que le vale a estas provincias el
reconocimiento de la opinión liberal de Europa. A su vez se intercepta
correspondencia confidencial que permite conocer el verdadero estado de las
tropas realistas en el Caribe y en Venezuela y por este medio se conoce en
Buenos Aires los progresos de Bolívar y de las tropas independientes de México.
En este contexto se prepara la expedición del Comandante Guillermo Brown,
secundado por Hipólito Buchardo, que partiendo desde el Río de la Plata, dobla
el cabo de Hornos y ataca las fortalezas Españolas de Chile y luego los puertos
fortificados del Callao y Guayaquil. Esto permite a los patriotas conocer las
defensas de estos puertos que luego serían de utilidad para la campaña al Perú y
formarían el comienzo de la flota libertadora. Luego de la derrota de Sipe-Sipe
en el Alto Perú, San Martín cree que ya ha llegado el momento de promover su
idea de la conquista de Lima por el Pacífico. Envía entonces a su delegado,
Manuel Ignacio Molina, a Buenos Aires para convencer al Director de la
conveniencia de la expedición a Chile. El Ministro de Guerra era Tomás Guido,
amigo de San Martín y miembro de la Logia, que ya estaba al tanto de la idea del
Libertador, pero el gobierno no estaba convencido aún. La misión de Molina, si
bien no pudo convencer al gobierno de autorizar la expedición, al menos
consiguió una ayuda de 5.000.- pesos mensuales para el ejército. Sirviéndose de
la astucia, San Martín hace correr la noticia que su ejército se preparaba para
marchar hacia el Alto Perú.
Hizo los preparativos del traslado para intentar que
los realistas cruzaran la cordillera pensando que Mendoza quedaba desguarnecida,
y así vencerlos en una batalla de este lado de la cordillera. Pero Marcó del Pont no cayó en la celada y nada hizo. San Martín envía entonces a Buenos Aires
a su ayudante de campo, José Antonio Álvarez Condarco, ingeniero militar, con un
detalle de la campaña que planeaba. Condarco se entrevista con Antonio González
Balcarce, que actuaba en forma interina hasta la llegada del nuevo Director
Supremo. Pueyrredón era partidario ya del plan de la invasión a Chile, entonces
dio instrucciones de apoyar a San Martín con los pertrechos de campaña (mes de
junio). A partir de entonces la Capital comenzó a enviar suministros que
hicieron posible la expedición. San Martín insiste además ante sus delegados al
Congreso en la necesidad de declarar la independencia. Le escribía a Godoy Cruz:
"¿Hasta cuándo esperamos para declarar nuestra independencia? ¿No es una cosa
bien ridícula acuñar moneda, tener pabellón y cocarda nacional, y por último,
hacerle la guerra al soberano de quien se dice dependemos… …Los enemigos (y con
mucha razón) nos tratan de insurgentes, puesto que nos reconocemos vasallos."
"Si esto no se hace, el Congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo
la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero soberano,
es decir, al rey de España." El 9 de julio el Congreso declara la independencia
de las Provincias Unidas del Río de la Plata de la dominación de los reyes de
España y su metrópoli. Ya no había posibilidad de reconciliación con Fernando
VII. Pensando en los pasos para cruzar la cordillera, San Martín aprovecha el
hecho de la declaración de la independencia para notificar de ella a Marcó.
Envía a Álvarez Condarco por el paso de Los Patos (el más largo) para entregar
el acta a los jefes realistas. Antes de partir le dijo: "como es seguro que así
entregue usted el pliego que lleva lo despedirán con cajas destempladas por el
camino más corto, que es el de Uspallata (si no lo ahorcan) dará usted la vuelta
redonda y podrá a su regreso formarme un croquis sobre el papel." El 15 de julio
se reúnen en Córdoba el Director Pueyrredón con San Martín donde combinan los
aspectos de la expedición. A partir de allí sellan su amistad que durará toda
sus vidas. Queda así decidida la expedición a Chile. El cruce de los Andes Una
vez obtenido el apoyo político a su proyecto, San Martín se dispone a realizar
los preparativos de la empresa. La maestranza estaba a cargo de fray Luis
Beltrán, natural de Mendoza, quien dejó los hábitos y, comandando trescientos
trabajadores, fundió cañones, balas, granadas y preparó todos los implementos
necesarios para la difícil marcha. La armería estaba a cargo del mayor De la
Plaza y la fábrica de pólvora la dirigía el mayor ingeniero José Antonio Álvarez
Condarco. Para los uniformes, Beltrán construyó una tejeduría y una tintorería
para proveer los paños que las damas de Mendoza luego cosían. El Director
Supremo, ya instalado en Buenos Aires, el día 1° de agosto promueve al entonces
coronel mayor San Martín al grado de general en jefe del Ejército de los Andes,
acuñando el nombre con que se conocería al ejército libertador de la mitad de
América del Sur. Luego aumentó la asignación para dicho ejército a 8.000.- pesos
mensuales.
En septiembre de ese año, traslada su ejército, que se componía de
4.000 hombres, al campamento del Plumerillo, al norte de la ciudad de Mendoza,
donde Los soldados y los jefes se entrenan para el combate. Desde allí se
completaron los últimos pertrechos necesarios. El día 5 de enero de 1817, el
ejército se dirige formado de gran parada hasta Mendoza donde, en presencia de
las autoridades y del pueblo, juran la bandera celeste y blanca del ejército y
como patrona, a la virgen del Carmen. San Martín ocultaba el punto por donde
cruzarían la cordillera y hacía llegar a Marcó del Pont rumores de distintos
posibles pasos, insinuaba que cruzaría por el sur y luego hacía correr rumores
de que atacaría por el norte con el objetivo de dividir sus fuerzas y lograr una
sorpresa. Todo estaba listo en el Plumerillo para cruzar el ejército de 4000
hombres, con sus caballos cañones municiones y víveres para un mes. Dos
divisiones, al mando del general Miguel Estanislao Soler y O´Higgins cruzarían
por el Paso de los Patos. Otra, al mando de Las Heras, debía marchar por el
camino de Uspallata con la artillería. Una división ligera al mando de Juan
Manuel Cabot cruzaría desde San Juan por el Portezuelo de la Ramada y apoderarse
de Coquimbo. Otro destacamento ligero debía cruzar desde La Rioja y ocupar
Copaipó cruzando la cordillera por el paso de Vinchina.
Por el sur, el capitán
Freyre penetraría por el Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas. Durante
la segunda mitad de enero partieron las distintas divisiones llevando
instrucciones secretas. Las órdenes eran que todos aparecieran simultáneamente
sobre el territorio chileno entre el seis y el ocho de febrero. Quiero
transcribir aquí el parte enviado por el Libertador al Director Pueyrredón, ya
desde el lado chileno de la cordillera: "El tránsito de la Sierra ha sido un
triunfo. Dígnese V. E. figurarse la mole de un exército moviéndose con el
embarazoso bagaje de subsistencias para quasi un mes, armamento, municiones, y
demas adherentes por un camino de cien leguas, cruzado de eminencias escarpadas,
desfiladeros, travesías, profundas angosturas, cortado por cuatro cordilleras;
en fin donde lo fragoso del piso se disputa con la rigidez del temperamento. Tal
es el camino de los Patos que hemos traído…" En efecto, a las dos de la tarde
del 8 de febrero, las dos columnas principales ocupaban los pueblos de San
Antonio de Putaendo y Santa Rosa de los Andes despejando el camino hacia el
Pacífico. Segunda Parte: Libertador de Chile Batalla de Chacabuco El día 10 de
febrero, todo el Ejército de los Andes se encontraba concentrado en el valle de
Aconcagua, listo para subir la cuesta de Chacabuco y lograr una batalla
decisiva. El ejército realista se concentraba en el valle acudiendo rápidamente
con tropas desde Santiago. San Martín reunió a sus oficiales para explicar el
plan de combate que realizarían al día siguiente, sin dar tiempo a que los
realistas se agruparan. Dividió al ejército en dos columnas, una al mando del
general Soler, y la otra al mando de O´Higgins. El ejército realista estaba al
mando del brigadier Maroto. A la madrugada del día 12 las columnas comenzaron la
ascensión de la cuesta de Chacabuco, tomando la división de Soler por la derecha
y la de O'Higgins la de la izquierda. El ala izquierda se puso en contacto con
los realistas, luego de cargar bajando la cuesta, a media mañana. La resistencia
era sostenida y el combate resultaba indefinido hasta que, cerca del mediodía,
llegó el ala de Soler, al trote y a la carga, lo que definió la batalla. Los
realistas dejaron en el campo 500 muertos, 600 prisioneros y mucho armamento.
Los patriotas perdieron 12 hombres y tuvieron 120 heridos. Los realistas huyeron
en desorden a Santiago pero no atinaron defensas, Marcó del Pont sólo pensaba en
escapar, mandó al puerto de Valparaíso sus pertenencias y alistó sus cosas para
la huida. El 14 de febrero, San Martín entró triunfal a Santiago de Chile. El
cabildo se reunió el día 18 aclamando al Libertador como gobernador de Chile.
Renunció a ese honor y fue entonces electo O´Higgins Director Supremo del Estado
de Chile. El general realista, Maroto, se embarcó en el puerto de Valparaíso con
algunas tropas que pudo salvar. Marcó del Pont se retrasó de la columna y cuando
llegó ya no quedaban naves en el puerto. Huyó hacia el sur pero fue tomado
prisionero por los patriotas. Esta victoria, la conquista del "Reino de Chile"
como se lo conocía en la denominación española, trajo alivio en Buenos Aires. La
situación para los patriotas seguía siendo difícil: la ciudad de Montevideo
había sido ocupada por un ejército Portugués, el ejército del Norte retrocedía
hacia Jujuy, como lo había previsto San Martín, y el Gobernador de Salta, Martín
Güemes resistía. La victoria de Chacabuco cambió la suerte de la América del Sur
y a partir de este momento los realistas comenzaron su repliegue. Los que
pudieron escapar, al mando del general Ordóñez, perseguidos por el general Las
Heras, se retiraron a marcha forzada hasta la fortaleza de Talcahuano, al sur de
Chile.
Resistieron allí un sitio de las tropas patriotas que duró todo el año
1817. Se creó entonces el Ejército Unido, formado por el de Chile, y el Ejército
de los Andes. O´Higgins comandaba el ala Chilena y San Martín era el General en
Jefe de Todo el Ejército. Siguiendo con su plan continental, San Martín sabía
que sin el dominio de mar, no era posible dominar Chile y Perú porque la costa
tenía bastiones como el Callao o Talcahuano que eran fácilmente abastecidos de
víveres, soldados y munición. Al mes de la batalla de Chacabuco, cruzó
nuevamente la Cordillera, llegó de incógnito a Buenos Aires para evitar los
festejos y las demostraciones populares a las que no era afecto, y negoció con
el Director Supremo el envío de una misión a Londres con el objeto de crear una
escuadra para dominar las costas del Pacífico y quebrar el dominio realista en
esos mares. El Ingeniero Álvarez Condarco viajó a Londres para supervisar la
compra de las naves mientras Álvarez Jonte buscaba marinos que comandaran dicha
escuadra. Cancharrayada y Maipú En los últimos días de 1817, San Martín, como
generalísimo del Ejército Unido, mandó una delegación a Lima, en nombre de los
aliados, proponiendo al Virrey del Perú la regularización de la guerra y el
canje de prisioneros. Pero, como siempre, el motivo oculto de la misión a cargo
del mayor Domingo Torres, era ponerse al tanto de los planes del enemigo. El
enviado regresó a Valparaíso trayendo la información de que un ejército
realista, al mando del general Osorio, se embarcaba en cuatro fragatas para
recuperar Chile. Los primeros días de enero de 1818 la expedición llegaba a la
fortaleza de Talcahuano donde desembarca. Las tropas de Osorio se unen con las
del general Ordóñez formando un ejército de más de 5000 hombres. Sin perder
tiempo comienzan la marcha hacia el norte, para llegar a Santiago. Los patriotas
al mando de O´Higgins levantan el sitio y emprenden la retirada hacia la capital
para unirse a el resto del ejército. La noche del 19 de marzo el ejército
realista avanzó por la planicie de Cancharrayada sorprendiendo a las fuerzas de
O´Higgins en la oscuridad.
Los patriotas se defendieron valientemente hasta que
el Director fue herido en el brazo. Entonces las fuerzas del Ejército Unido
retrocedieron en desorden perdiendo todo el parque y la artillería. El mando fue
asumido entonces por el coronel Las Heras que organizó una retirada a marchas
forzadas hacia la capital. En Santiago, la noticia del revés hizo entrar en
pánico a la población, mientras que los generales patriotas trataban de
reagrupar sus fuerzas en derredor del campamento de Maipo. Cuando O´Higgins supo
de los acontecimientos de la capital, apuró su regreso cabalgando día y noche
para reasumir el gobierno de la nación. La presencia del líder hizo retornar la
calma en la ciudad y comenzaron los preparativos para la defensa. A los diez
días de la derrota, el Ejército Unido estaba nuevamente en condición de combate
con cerca de 4000 hombres de infantería, 22 piezas de artillería y 1000 jinetes,
cinco batallones chilenos y cuatro argentinos. El ejército patriota estaba
desplegado en una altura llamada Loma Blanca, a diez kilómetros de Santiago. El
5 de abril las avanzadas comunicaron que los realistas marchaban en masa hacia
el camino que une Santiago con Valparaíso. San Martín relata así la disposición
para el combate: "Baxo la conducta del benemérito brigadier general Balcarce
puse desde luego toda la infantería; la derecha mandada por el coronel Las
Heras; la izquierda por el teniente coronel Alvarado; y la reserva por el
coronel D. Hilarion de la Quintana; la caballería de la derecha al coronel D.
Matías Zapiola con sus escuadrones de granaderos; y Freyre con los escuadrones
de la escolta del Exmo. Director de Chile, y los cazadores a caballo de los
Andes."
Al mediodía los ejércitos se hallaban frente a frente. Los patriotas
avanzaron hacia las posiciones realistas y entraron en encarnizado combate. Los
realistas resistieron a pie firme durante varias horas pero luego comenzaron a
replegarse, terminado derrotados. A última hora llegó O´Higgins convaleciente de
su herida, quien fue aclamado por las tropas victoriosas. Las pérdidas realistas
fueron alrededor de 1000 hombres, doce cañones, 2200 prisioneros y todo el
parque y municiones. Osorio se retiró con solamente 1200 hombres hacia
Talcahuano pero casi sin armamento. Allí esperó órdenes del virrey Pezuela,
quien dio por perdido el norte de Chile y le ordenó embarcarse para el Perú,
quedando en la fortaleza una fuerza de defensa de 1000 hombres al mando del
coronel Juan Francisco Sánchez. Pocos días después de la victoria de Maipú, San
Martín emprende el camino a Buenos Aires llegando con sigilo para sustraerse a
las manifestaciones de la muchedumbre. No obstante ello, el Director Supremo,
Pueyrredón, prepara una recepción pública en el Congreso que se realiza el 17 de
mayo, en honor al héroe de Chacabuco y Maipú. El objetivo del viaje era apurar
la disposición de los fondos necesarios para crear y mantener la flota del
Pacífico, que era la única manera de evitar el abastecimiento de los puertos
realistas, desde donde podían enviara refuerzos y reconquistar Chile. Una vez
dominado el mar, el camino al Perú estaba despejado. Las reuniones secretas
tuvieron lugar en la quinta que Pueyrredón tenía en el pueblo de San Isidro, y
allí concurrieron los miembros de la logia. Una vez logrado el apoyo, San Martín
quiso volver nuevamente a Chile pero quedó detenido en Mendoza debido a las
grandes nevadas en la cordillera.
Allí recibe notificación de Pueyrredón
diciendo que el empréstito de 500.000 pesos, necesario para equipar a la flota
era imposible de lograr. Es entonces que desde Mendoza envía su renuncia como
general del Ejército Unido a los directores Pueyrredón y O´Higgins (4 de
setiembre de 1818). Pocos días después recibe una comunicación del Ministro de
Guerra autorizándolo a girar hasta la suma convenida para crear la flota. La
escuadra del Pacífico La flota que dominaría el Pacífico con el pabellón chileno
y llevaría al ejército libertador al Perú se formó por astutas y valientes
capturas de buques españoles y la compra de naves inglesas y americanas. El
primer buque de guerra fue el bergantín español llamado Águila, de 16 cañones,
que entró engañado a Valparaíso luego de la batalla de Chacabuco porque los
patriotas dejaron las banderas realistas flameando en la fortaleza. Fue
capturado y, bautizado con el nombre de Pueyrredón. En su primera misión fue
enviado a la isla Juan Fernández a rescatar los patriotas prisioneros de los
realistas. Entre ellos estaba Manuel Blanco Encalada, quien sería luego
comandante de la flota. Luego llegó el Windham de 44 cañones, comprado por
Álvarez Condarco en Londres. Fue la gloriosa Lautaro. Con estos dos buques,
luego de la victoria de Maipú, persiguieron a la flota española compuesta por la
Esmeralda, la Venganza y el Pezuela que bloqueaba Valparaíso y entorpecía la
navegación y hostigaban a los buques neutrales que llegaban al puerto. En abril
de 1818, la Lautaro y el Pueyrredón salieron del puerto y se trabaron en combate
con la Esmeralda consiguiendo abordarla. Luego de un fiero combate la nave
española pudo escapar por su mayor velocidad y dirigirse a Talcahuano.
Aunque no
se pudo tomar la presa, desde ese momento, la marina chilena dominó las costas
de Valparaíso. En Julio se compró una corbeta americana que se bautizó como Chacabuco, luego otro bergantín americano que se llamó Araucano, En agosto llegó
un navío poderoso, de 60 cañones, contratado por Condarco en Londres, que se
denominó San Martín y se pagó con los fondos que había dispuesto Pueyrredón
luego de la renuncia del general. El mando de la armada fue confiado a Manuel
Blanco Encalada. Los patriota tenían a fines de 1818 una escuadra que podía
combatir contra los realistas en el Pacífico. Mientras tanto, en mayo de 1818,
zarpaba de Cádiz con rumbo a Chile, una expedición española de once transportes,
que conducían 2000 soldados, escoltadas por dos naves de guerra, una de ellas
era la poderosa María Isabel, de 50 cañones. La noticia se conoció en Buenos
Aires, por los agentes del gobierno argentino en Cádiz en el mes de julio.
Pueyrredón envió a los bergantines Lucy y el Intrépido para que se incorporen a
la flota chilena. En agosto arribó a Buenos Aires el Trinidad, uno de los
transportes españoles con la tripulación sublevada. De esta manera los patriotas
conocieron el punto de reunión y el código de señales de la escuadra realista.
En octubre zarpaba de Valparaíso la escuadra chilena al mando de Blanco
Encalada, y comandando la infantería de marina el capitán Guillermo Miller.
Debían interceptar el convoy realista. Encontraron a la María Isabel en el
puerto de Talcahuano, protegida por los cañones de la fortaleza. En una valiente
acción de los marinos y los infantes, capturaron la nave y la llevaron a
Valparaíso donde fue bautizada como la O´Higgins.
Cayeron en manos de los
patriotas cinco transportes con todos sus bagajes. El resto huyó al Callao. Así,
Chile, en poco tiempo dominó el Pacífico. La última expedición española que
partió hacia América había sido aniquilada a fines de 1818. Llegaba entonces a
Valparaíso Thomas Alejandro Cochrane, lord escocés, miembro del parlamento y
héroe de muchas batallas en las flotas de Inglaterra. Había aceptado los
ofrecimientos de los agentes de San Martín y O´Higgins en Londres. Fue nombrado
jefe de la escuadra chilena con el grado de Vicealmirante y Blanco Encalada,
conociendo la capacidad del nuevo jefe, se puso a sus órdenes. Los
independientes, a fines de 1818 podían dominar el Pacífico. Éste era el paso
previo para poder llevar el ejército al Perú. Sucesos del año 1819 En enero, las
tropas patriotas al mando del general Balcarce, que sumaban más de 3000 hombres,
se dirigen al sur de Chile, para reforzar a las fuerzas de Zapiola, que
hostigaban a las del coronel realista Sánchez, acampados sobre las márgenes del
Bío-Bío y ocupando la ciudad de Concepción. Los realistas, que no se habían
sentido capaces de defender las posiciones que tenían, habían evacuado la ciudad
a fines del año anterior y se habían replegado a la los Ángeles. Ante el avance
de Balcarce, luego de algunas escaramuzas, Sánchez se retira nuevamente hacia el
sur, a las tierras de los indios araucanos, encerrándose en la plaza de
Valdivia. Balcarce da por terminada la campaña, pues por tierra era imposible
transportar allí grandes ejércitos, y regresa a Santiago. Ese mismo mes de enero
partía la flota chilena al mando de Cochrane, con el navío San Martín, las
fragatas O´Higgins y Lautaro y la corbeta Chacabuco. En febrero bloquean el
Callao, puerto de Lima, donde se hallaba la flota española del Pacífico,
compuesta por las fragatas Esmeralda y Venganza y varias naves menores,
protegidas por los cañones de la fortaleza. Luego de algunos combates navales,
apresan a la goleta Motezuma y la flota permanece bloqueando el puerto con
algunos buques y con otros hostiga a los puertos del norte. Vuelve a Valparaíso
para abastecer la flota y construir una batería de cohetes, nueva arma ensayada
en Europa. Prepara sus naves y en octubre de ese año intenta nuevamente destruir
a la flota española en el Callao.
No tiene éxito por la falla de las nuevas
armas pero la flota consigue varias presas en el puerto de Guayaquil y Miller
desembarca la infantería en Pisco y ocupa por unos días la ciudad. Cochrane
envía la flota a Valparaíso y sólo con la O´Higgins se decide ocupar Valdivia,
al sur de Chile y en los primeros meses de 1820 conquista la fortaleza y expulsa
a los realistas que se refugian en la isla de Chiloe. Mientras el Ejército Unido
y la escuadra chilena obtienen estas victorias, y en el norte, Bolívar combate
contra el ejército de Murillo por la libertad de Colombia y Venezuela,
obteniendo la victoria de Boyacá (7 de agosto), otros hechos ensombrecen el
panorama sudamericano. La opinión de Chile no favorece la expedición al Perú y
el mantenimiento del Ejército de los Andes.
Por otro lado, se reciben noticias
desde Cádiz anunciando que otra expedición se prepara contra Buenos Aires al
mando de José O´Donnell, conde del Abisbal, que transportaría 20.000 hombres. El
Director Pueyrredón solicita que las tropas de los Andes se preparen para
marchar a la Capital. San Martín cruza la cordillera con una parte de las
fuerzas hacia Mendoza, dejando otra parte en Chile, listas para marchar en
cualquier momento.
Por otro lado se produce la sublevación de los caudillos
provinciales López, de Santa Fe y Ramírez, de Entre Ríos, apoyados por los
Portugueses que ocupaban la Banda Oriental, y levantando las banderas del
federalismo, amenazaban el gobierno unitario de Buenos Aires. El Director
Supremo ordena a los ejércitos del Perú, al mando de Belgrano, y al ejército de
Los Andes para que marchen a defender Buenos Aires. Belgrano marcha hacia
Córdoba y, por correspondencia de San Martín que apela al espíritu patriótico de
López, consigue un armisticio con que despeja momentáneamente la amenaza. La
presencia del Libertador en cuyo impide que la provincia se pliegue a los
disidentes. Mientras tanto, San Martín se comunicaba con los miembros de la
logia Lautaro para que empujen a los políticos a autorizar la expedición al Perú
y se oponía a usar el Ejército de los Andes para reprimir a las provincias
disidentes.
En junio renuncia el director Pueyrredón y es reemplazado por Rondeau, quien manda a llamar al general San Martín para combinar los planes de
defensa de la Capital en caso de producirse el arribo de la expedición realista
que se preparaba en Cádiz. En el mes de octubre, llegan noticias a Buenos Aires
desde Gibraltar, diciendo que el ejército de Cádiz se había amotinado. Las
tropas se negaban a embarcar para el Río de la Plata.
Decían que el motín había
sido sofocado por Abisbal pero se cría que el ejército español no estaba en
condiciones de emprender, por el momento, la expedición. El peligro se había
disipado. En ese mismo mes de Octubre, San Martín recibe en Mendoza dos
noticias. O´Higgins le comunicaba que tenía todo pronto para la expedición al
Perú y que debía cruzar los Andes para ponerse al frente de las tropas. Por otro
lado, el armisticio entre López y el gobierno de Buenos Aires se había roto y
Rondeau le pedía que marchara hacia la Capital. Contestó entonces a Chile que
aceptaba la dirección de la empresa y que cruzaría los Andes cuando los asuntos
internos se lo permitieran.
Preparó entonces la caballería, unos 2000 hombres
para marchar desde San Luis hacia la Capital. Rondeau se pone al frente del
ejército de Buenos Aires y se dirige al límite con la provincia de Santa Fe para
batir a los insurgentes, contando que el ejército del Norte avanzaba sobre
Córdoba y el de los Andes acudía desde San Luis. En noviembre el Libertador
recibe otra carta del Director anunciándole que debe concurrir a conversar con
él por un asunto más importante que la insurrección del litoral.
Se trataba de
los proyectos monárquicos que una misión diplomática realizaba en Francia para
coronar un príncipe Borbón. San Martín presenta su renuncia al mando del
ejército alegando motivos de salud, los facultativos le prescriben baños
termales en Cauquenes, en Chile. En Buenos Aires rechazan su renuncia diciendo
que tiene licencia para mejorar su salud como General de la Provincias Unidas.
Mientras tanto se produce una sublevación en Tucumán contra el ejército del
Norte poniendo en prisión al general Belgrano.
El general Cruz, que marchaba
hacia la Capital para defender al Director Rondeau, es destituido del mando por
un motín en la posta de Arequito (9 de enero) y el ejército marcha hacia Córdoba
para ponerse a las órdenes del gobernador Bustos. Un batallón del ejército de
los Andes, acantonado en San Juan, se subleva contra sus jefes y corta los lazos
que vinculaban a ésta ciudad con Mendoza. La anarquía había estallado en las
Provincias Unidas. Acta de Rancagua San Martín, que se reponía en Chile de sus
dolencias, en conocimiento de éstas revueltas, ordena al coronel Alvarado que
cruce la Cordillera con los regimientos de cazadores de los Andes, la artillería
y toda la caballería.
El gobernador de Mendoza, Luzuriaga, renuncia y también
cruza los Andes para unirse al ejército. En Buenos Aires, el Director Rondeau
era derrotado en la batalla de Cepeda, el día 1° de febrero, y el victorioso
Ramírez impone la disolución del congreso y la renuncia del Director. No había
más autoridad nacional y cada provincia tenia un gobierno autónomo y sus propias
tropas.
El ejército de los Andes se encontraba en Chile y la autoridad que lo
había formado y a quién respondía estaba disuelta. Ante este problema, San
Martín, que, ya restablecido de su enfermedad se encontraba en Santiago, envía a
Rancagua, donde el coronel Las Heras tenía al ejército acantonado, un sobre
lacrado que debía abrir en presencia de todos los oficiales.
El 2 de abril, el
pliego es abierto. San Martín había escrito su renuncia, y, alegando que el
Director Supremo, de quién su autoridad dependía, estaba depuesto, era el deber
de los oficiales elegir a su nuevo jefe. Si embargo los oficiales consideraron
que el mando de su jefe no había caducado pues: "la autoridad que recibió el
general de los Andes para hacer la guerra a los españoles y adelantar la
felicidad del país no ha caducado ni puede caducar, pues su origen, que es la
salud del pueblo, es inmudable."
Esta fórmula es votada por los oficiales
unánimemente, y luego se redacta el documento que se conoce como Acta de
Rancagua, que fue firmada por todos, y que por más de 50 años permaneció
secreta. Tercera Parte: Protector del Perú Expedición al Perú Cuando San Martín
se dispone a embarcar el ejército para completar la última fase de su plan
continental, América era el único lugar donde la llama de la libertad ardía.
En
Europa, luego de la caída de Napoleón, gobernaban los monarcas absolutos que
formaban la Santa Alianza y se oponían a el control de los parlamentos. Sólo
Holanda e Inglaterra tenían gobiernos parlamentarios. En Francia reinaba Luis XVIII y en España Ferrando VII era un déspota absoluto. Chile y el Río de la
Plata estaban emancipados de hecho luego de Chacabuco y Maipú. En el norte,
Bolívar expulsaba a los realistas de Nueva Granada y los acorralaba en
Venezuela. La flota de Chile dominaba el Pacífico y los realistas sólo ocupaba
Quito y Perú. Los Gobiernos de Estados Unidos y el de Inglaterra comenzaban a
demostrar interés en reconocer la independencia de las repúblicas de Sudamérica,
y llegaban a Buenos Aires noticias de las opiniones progresistas británicas al
respecto.
En España se produce la revolución de Rafael de Riego, que obligó al
rey a aceptar la constitución liberal de 1812. El ejército combinado estaba
constituido por alrededor de 4500 hombres, pertenecientes al ejército de los
Andes y al ejército chileno. El jefe del estado mayor era el general Juan
Gregorio Las Heras y formaban parte el general Arenales, el anterior gobernador
de Cuyo, Luzuriaga, Tomás Guido, Álvarez Jonte, Bernardo Monteagudo y Juan
García del Río. La flota se componía de ocho buques de guerra y diez y seis
transportes tripulados por 1600 marinos. El 20 de Agosto de 1820 partía de
Valparaíso la expedición bajo el pabellón chileno, en medio de las salvas de la
artillería y las aclamaciones del pueblo y las damas de Santiago. El almirante
Cochrane encabezaba la expedición en la O´Higgins mientras que el Libertador y
su estado mayor navegaba en el San Martín. La expedición toca tierra en Pisco,
al sur del Perú. Las fuerzas que defendían la ciudad, ante la superioridad del
enemigo se retiran a la sierra.
San martín repone las montas de los granaderos
requisando los caballos y libera a los esclavos que quieran incorporarse al
ejército. El virrey Pezuela tenía sus tropas, unos veinte mil hombres,
repartidos por todo el territorio a lo largo de la costa, desde Guayaquil hasta
Arica y en el alto Perú, pero el grueso defendía la capital, Lima. Al tener
noticias del desembarco inicia tratativas diplomáticas. San Martín envía como
representantes a sus amigos, Guido y García del Río, que, además de la misión
diplomática, debían informar acerca de la preparación de las fuerzas realistas y
establecer contactos con los patriotas peruanos. Fracasadas éstas tratativas,
San Martín destaca una división al mando de Arenales para que marche hacia Lima
por el camino de la sierra y promueva la insurrección en las poblaciones. Antes
de partir de Pisco crea la bandera y el escudo peruano y reembarca al resto del
ejército a fines de octubre.
Cuando la flota llega a la altura del Callao, hacen
una pasada frente a las fortalezas pero lejos del alcance de los cañones para
mostrar su fuerza: desfilan, ante una muchedumbre que las contemplaba desde las
torres de la fortaleza, ocho naves de combate y diecisiete transportes. A
comienzo de noviembre desembarca el ejército en la localidad de Huacho, al norte
del Callao. Mientras tanto, se había producido la revolución en Guayaquil el 9
de octubre y se formó una junta presidida por José Joaquín Olmedo y se puso bajo
la protección de los libertadores San Martín y Bolívar. Días más tarde, Cochrane, en una acción muy audaz, arrebata la nave insignia española,
Esmeralda, fondeada en el puerto del Callao y bloquea la bahía. Desde ese
momento los realistas no pueden ser abastecidos por mar. San Martín fortifica su
posición en Huacho y comienza su intento de sitiar Lima. Sigue con sus trabajos
de inteligencia: arma a los rebeldes que se organizan en montoneras que asolan
los alrededores de la Capital. El batallón realista Numancia, formado por levas
colombianas, deserta de sus filas y se pliega a los patriotas con seiscientos
hombres y todos sus bagajes.
Las poblaciones al norte de Lima se sublevan y, en
la ciudad de Trujillo, el marqués de Torre-Tagle enarbola la nueva bandera del
Perú y jura la independencia. Luego de obtener estas ventajas sin comprometerse
a un combate formal, el Libertador pone sitio a Lima. El 29 de enero se sublevan
los oficiales realistas contra el virrey Pezuela, éste es derrocado y en su
lugar es nombrado virrey el general La Serna. La Serna invita a San Martín a
celebrar negociaciones de paz. Por los patriotas concurrieron Guido y Alvarado.
Los independientes sostuvieron que la única base de un acuerdo era la
independencia del Perú, a la cuál los realistas no podían acceder y entonces las
negociaciones fracasaron. El sitio de Lima continuaba y la vida en la ciudad se
hacía insoportable, el descontento cundía. En esas circunstancias, marzo de
1821, arribó al Perú el capitán Manuel Abreu, encargado del nuevo gobierno
constitucional de España para llegar a una solución pacífica con los
independientes. El rey de España había mandado emisarios a las colonias en son
de paz, lo que dio lugar en México a la proclama de Iturbide en el pueblo de
Iguala donde proclamó la independencia, y en Colombia Bolívar firma un
armisticio con Morillo.
San Martín inicia dos campañas: una a cargo de Miller
con sus tropas de desembarco sobre las costas del sur y otra nueva campaña de
Arenales a la sierra. Al mismo tiempo embarca a su ejército en Huacho y lo
desembarca en Ancón, próximo a Lima, estrechando el cerco de la ciudad.
Simultáneamente inicia negociaciones de paz. Nombró como delegados a Guido,
García del Río y José Ignacio de la Rosa; el virrey La Serna al emisario Abreu,
Manuel de Llano y Mariano Galdiano. Se reunieron en la hacienda de Punchauca,
cerca de Lima, a fines de abril de 1821.
Los españoles proponían la aceptación
de la constitución de Cádiz de 1812 por los americanos y el envío de delegados a
las Cortes de Madrid. Los americanos proponían la independencia de Las
Provincias Unidas, Chile y el Perú. El 2 de junio se reúnen San Martín y La
Serna. San Martín hizo la propuesta de establecer una regencia en el Perú en
nombre de un futuro príncipe europeo que ejercería una monarquía constitucional.
El Virrey propuso consultar a las corporaciones del virreinato y dijo que en dos
días habría una respuesta. La Serna, en lugar de consultar a las corporaciones,
como se había convenido, consultó primero con los oficiales de su ejército.
Éstos rechazaron la propuesta pues no estaban autorizados a conceder la
independencia a las colonias, aunque se tratara de una monarquía.
El Virrey
respondió que no estaba autorizado a reconocer la independencia del Perú pero
que era posible firmar un armisticio hasta que la corte aceptara las propuestas
de San Martín. Los independientes no aceptaron, pero prolongaron el armisticio
por doce días más y permitieron el abastecimiento de la plaza sitiada por
motivos humanitarios. Los Españoles comenzaron los preparativos para abandonar
la ciudad y el 5 de julio y partieron hacia la sierra. El diez de julio por la
tarde, entró San Martín a Lima con traje de paisano, para no ser reconocido,
mientras los realistas salvaban el resto de su ejército internándose en los
valles de la cordillera. Todavía una guarnición de 2000 hombres resistía el
sitio en la fortaleza del Callao. Mientras esto sucedía en Lima, bolívar vencía
a los realistas en la Batalla de Carabobo, 24 de junio, y el 29 entraba
triunfante en Caracas.
El cerco estrechaba a los realistas tanto por los
ejércitos del norte como por los del sur. Protector del Perú Desde Lima, San
Martín le escribe a O´Higgins sus pensamientos: "Al fin, con paciencia y
movimientos, hemos reducido á los enemigos á que abandonen la capital de los
Pizarros : —al fin nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines
de ver asegurada la independencia de la América del Sud. —El Perú es libre. —En
conclusión, ya yo preveo el término de mi vida pública, y voy á tratar de
entregar esta pesada carga a manos seguras, y retirarme á un rincón á vivir como
hombre." El libertador anticipa a su amigo las decisiones que tomará un año
después. El 28 de julio se proclama la independencia del Perú. San Martín, desde
un tablado levantado en la plaza mayor declaro: " El Perú es desde este momento
libre e independiente por la voluntad de los pueblos y de la justicia de su
causa que Dios defiende." Levantó la bandera roja y blanca y fue aclamado por la
multitud.
El 4 de agosto de 1821, a pedido de una diputación del Cabildo de Lima
y por sugerencias de los miembros de la logia Lautaro, San Martín acepta ser
nombrado Protector del Perú, y cabeza del gobierno. Designa ministro de hacienda
al peruano Unanue, García del Río es ministro de relaciones exteriores y
Monteagudo de guerra y marina. Las Heras comandaba el ejército al que se agregan
regimientos con la nueva bandera peruana. Al frente de la infantería estaba
Miller y la caballería al mando de Brandzen. Las reformas políticas fueron muy
importantes: se abolió el servicio personal de los indígenas, las encomiendas,
los repartimientos y las mitas, se declaró la libertad de vientres y se emancipó
a los esclavos que tomaran las armas por la independencia, se abolieron los
azotes en las escuelas, se fundó la biblioteca nacional, se estableció la
libertad de imprenta y se abolió la censura previa. Se eliminaron los tormentos
y se suprimió el tribunal de la Inquisición.
Todavía los realistas, al mando del
general La Mar, resistían sitiados en la fortaleza del Callao. El 14 de agosto,
Las Heras efectúa un intento de asalto pero es rechazado. Mientras en Lima los
patriotas organizaban el nuevo gobierno, los realistas se reagrupaban en la
sierra, en la ciudad de Jauja. Los primeros días de setiembre se creyeron listos
para realizar una ofensiva. Un ejército de 3500 hombres al mando del general Canterac avanzó hacia Lima. San Martín dispuso sus tropas en defensa de la
ciudad cortando la marcha de los realistas, pero el objetivo de Canterac era
reunirse con los defensores del Callao y aprovisionarse de armamento del que
carecían.
San Martín permaneció a la expectativa de los movimientos enemigos y
cuando en ejército español entró al Callao, supo que la batalla estaba ganada
sin arriesgar sus soldados. En la fortaleza no había víveres para más de tres
días. Canterac tuvo que abandonar el Callao el 16 de setiembre y, perseguido por
las tropas de Las Heras, regresó a Jauja con su ejército diezmado. El 21 de
setiembre se rendía el general La Mar y las banderas peruanas flamearon en las
torres del Callao.
Mientras se rendía la fortaleza, se producía desavenencias
entre Cochrane y San Martín, en una disputa acerca del pago y el mantenimiento
del ejército. Finalmente, una vez rendido el Callao, ya no era necesario el
bloqueo y el Libertador envía a Cochrane a Chile para que diera cuentas a ese
gobierno de la continuidad de la escuadra. El Almirante zarpa del Callao en
octubre pero en vez de regresar a chile, sale en búsqueda de la dos últimas
fragatas de la marina española en esas aguas: Prueba y Venganza. Éstas naves
bloquearon el puerto de Guayaquil en diciembre de 1821 sin encontrarse con la
escuadra de Cochrane. En ese puerto se encontraba el general La Mar que luego de
la rendición del Callao había pasado a las tropas del Perú. La Mar convenció a
los capitanes de que era mejor rendirse pues de lo contrario caerían en mano de
Cochrane que los buscaba en el Pacífico. Los capitanes se rindieron a comienzos
de 1822. Éstas fueron las últimas naves españolas del pacífico sur.
La fragata
Prueba, rebautizada Protector, inició la marina peruana y su primer comandante,
el almirante Blanco Encalada. Toma de Quito A comienzos de 1822 quedaban dos
ejércitos realistas de importancia en América del sur. Los que dominaban Quito,
al mando del general Aymerich y los del sur del Perú comandados por el general Canterac. Bolívar había nombrado al general Antonio José de Sucre al mando de
las tropas del sur, quien se embarcó para Guayaquil en mayo de 1821. Con este
ejército inicia el avance hacia Quito pero es detenido por los realistas en
Bomboná.
En el mes de octubre de 1821, Sucre demanda el auxilio de tropas del
Perú para poder emprender una nueva campaña sobre Quito. San Martín destaca una
división auxiliar a cargo del general Andrés Santa Cruz con 1500 hombres
formados por granaderos de los Andes al mando de Félix Olazábal y un cuerpo de
caballería al mando de Juan Lavalle. El ejército de Colombia se une al combinado
argentino, chileno y peruano. Mientras tanto, San Martín delega la autoridad
política en Torre-Tagle y convoca a un congreso (27 de diciembre de 1821).
Ordena una campaña comandada por Domingo Tristán en la localidad de Ica, al sur
de Lima.
Las fuerzas patriotas son derrotadas por el general Canterac el 7 de
abril de 1822. El 21 de abril las tropas combinadas de Colombia y la división
auxiliar, al mando de Sucre, ganan la batalla de Río Bamba, que despeja la ruta
a la ciudad de Quito. Un mes más tarde, el 24 de marzo los patriotas derrotan a
los realistas al mando del general Aymerich en la batalla de Pichincha. Al día
siguiente Sucre entra vencedor en Quito. Con esta victoria, el norte de América
del Sur quedaba libre de realistas. Las fuerzas del Río de la Plata y las de
Chile, que luchaban desde el Sur, se habían unido a las de Venezuela y Colombia
que bajaban desde el Norte. Ambos extremos de la revolución se tocaban después
de doce años de lucha. El dominio de los realistas quedaba reducido a la
posesión del Alto Perú y los puertos intermedios, en una zona de alturas,
difícil, donde los ejércitos del Río de la Plata siempre habían fracasado.
Todavía podían reunir un ejército veterano de más de 15.000 hombres y contaban
con buenos generales como Canterac y La Sarna.
San Martín sabía que su ejército
no bastaba para vencerlos, era necesario la unión de las fuerzas patriotas del
Norte y del Sur para expulsar a los realistas del Alto Perú. Guayaquil Bolívar
entró en Guayaquil el 11 de julio de 1822 y al día siguiente la ciudad incorporó
la provincia a Colombia. San martín se embarcó desde el Callao hacia ese puerto
en la goleta Macedonia llegando a la mañana del día 25 de julio. El libertador
del norte le ofrece al Protector del Perú su hospitalidad y lo aloja en una
espléndida residencia donde lo espera el día 26. Allí San Martín recibe la
visita de las corporaciones de la ciudad que le brindan un cálido recibimiento.
Cuando los libertadores quedaron solos conferenciaron durante algo más de una
hora. Por la tarde San Martín devolvió a Bolívar la visita protocolar. El día 27
San Martín embarca su equipaje anunciando que partirá esa misma noche. A la una
de la tarde se dirigió a la residencia de Bolívar y conferenció sin testigos
durante cuatro horas.
Terminada la conversación se reunieron en la sala de
banquete donde se sentaron uno al lado del otro. Bolívar brindó "Por los dos
hombres más grandes de la América del Sud: el General San Martín y Yo". San
Martín contestó: "Por la pronta conclusión de la guerra; por la organización de
las diferentes Repúblicas del continente y por la salud del Libertador de
Colombia". Luego comenzó el baile y la diversión. San Martín dejó la fiesta
(como ya había convenido con Bolívar) a la una de la mañana y se embarcó rumbo
al Callao. Por muchos años ninguno de los protagonistas aclaró en forma directa
los temas tratados durante la entrevista. Sin embargo, los diferentes testigos y
los documentos escritos permiten establecer que ninguno de los libertadores
estuvo satisfecho con el otro. San Martín pretendía la unión de los ejércitos
del sur y del norte para concluir la guerra. Comprendía que era su persona la
que molestaba a Bolívar y que los ejércitos de Colombia no pasarían al Perú
mientras él estuviera allí.
El 29 de agosto le escribe: "Los resultados de
nuestra entrevista no son los que me prometía para la pronta terminación de la
guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, ó que no ha creído
sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando,
ó que mi persona le es embarazosa." Luego agregaba: "No se haga ilusión,
general. Las noticias que tiene de las fuerzas realistas son equivocadas. Ellas
montan en el Alto y Bajo Perú más de 19.000 veteranos, que pueden reunirse en el
espacio de dos meses." Más adelante en la misma carta le dice: "En fin general,
mi partido está irrevocablemente tomado. He convocado el primer congreso del
Perú, y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido
de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide venir al Perú con el
ejército de su mando." Abdicación del Protector del Perú Mientras San Martín
conferenciaba en Guayaquil con Bolívar, en Perú se produce un movimiento que
solicitaba la remoción del ministro Monteagudo.
El ministro renuncia pero luego
exigen su deportación. El 20 de setiembre se inaugura el primer congreso
constituyente del Perú. Ese día San Martín entrega su título de Protector.
Pronuncia un discurso de despedida y se retira. Esa misma noche, el congreso,
reunido en sesión extraordinaria le otorga el título de "Fundador de la Libertad
del Perú" y le asignan la misma pensión vitalicia que a Washington. Así terminó
la vida pública del Libertador. Esa misma noche del 20 de setiembre se embarcó
en el bergantín Belgrano con rumbo a Chile.
En Europa Mientras San Martín
iniciaba su viaje al otro lado de la cordillera y luego ponía el océano
Atlántico entre él y su patria, los ejércitos de Bolívar, al mando del general
Sucre derrotaban definitivamente a los realistas en las batallas de Junín (6 de
agosto de 1824) y Ayacucho (9 de diciembre de 1824), liberando a todo el
continente. En Chile, San Martín se encontró con su amigo O´higgins, que tenía
serios problemas políticos en su cargo de Director Supremo.
Se traslada a
Mendoza, a su chacra, donde tiene la noticia del derrocamiento de O´higgins. El
3 de agosto de 1823 muere su esposa, Remedios de Escalada. Parte entonces para
Buenos Aires donde se encarga de su hijita Mercedes. El 4 de diciembre llega a
la ciudad y permanece hasta el 10 de febrero de 1824 cuando se embarca hacia
Francia. Allí se ocupa de la educación de Mercedes donde escribe para ella las
Máximas para su hija que son un resumen de su filosofía de vida. En 1829 regresa
a Buenos Aires pero encuentra un clima hostil y permanece en Montevideo. Poco
tiempo después regresa a Europa para no volver nunca más. Falleció el 17 de
agosto de 1850 en la localidad de Boulogne-sur-Mer a la edad de 72 años. (Ver
Máximas, Testamento y Pensamiento de José de San Martin)
Biografía de Inés Mazas
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