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En la primavera de 1701 Pedro se hallaba
en condiciones de emprender de nuevo la guerra y entonces se lanzó
contra las provincias suecas del Báltico, donde Carlos XII no habla
dejado más que escasas guarniciones.
De esta manera Pedro pudo lograr algunas
victorias y consolarse un tanto de la derrota sufrida en Narva; en 1702,
los rusos se apoderaron de la fortaleza de Noteborg, cerca de la
desembocadura del Neva en el lago Ladoga y, al año siguiente, de otra
plaza fuerte, Nyenskans, en la misma desembocadura del río.
Fundación de San
Petersburgo
Apenas Pedro llegó al litoral del golfo de
Finlandia fundó, en una pequeña isla del Neva, la ciudad de San
Petersburgo, el primer puerto ruso sobre el Báltico, y casi
inmediatamente comenzó la tarea de construir una flota en aquel lugar.
San Petersburgo debía ser su nueva
capital, aunque la comarca fuera sin duda la menos hospitalaria de su
inmenso imperio; de hecho, una región pantanosa de clima insalubre. La
construcción de San Petersburgo exigió enormes sacrificios, tanto en
dinero como en hombres; se reclutaron a la fuerza campesinos y obreros
procedentes de todas partes del gran imperio, para el establecimiento
humano de
la nueva capital, que el zar pretendía erigir tomando por modelo la
ciudad de Amsterdam.
Numerosos prisioneros suecos trabajaron en
ella hasta sucumbir extenuados, y cuando terminó de construirse la
capital nadie quiso ir a establecerse allí; entonces el autócrata obligó
a numerosos boyardos y burgueses a abandonar sus domicilios moscovitas
para construirse nuevas residencias en San Petersburgo.
A pesar de tanto esfuerzo y sacrificio,
para el pueblo ruso la nueva capital no representaba más que una "ciudad
puramente artificial" comparada con Moscú, corazón de la Santa Rusia,
consideración de que Moscú gozó siempre; incluso después que San
Petersburgo fue designada oficialmente como cabeza del imperio ruso.
Las obras fueron iniciadas en 1703, y para
vigilarlas el zar se hizo construir una edificación de madera, compuesta
de dos habitaciones: dormitorio y comedor. Los primeros barcos
holandeses que llegaron fueron pilotados por el propio Pedro, que
perseguía a las naves suecas que se atrevían a merodear por allí.
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