|
Santa
Sofía domina la silueta de Estambul como una potente ciudadela. Durante milenio
y medio se la cantó y admiró como maravilla del mundo; un monumento de la gran
cultura humana como hasta la actualidad no se ha vuelto a crear otro. Al
visitante de hoy le resulta difícil descubrir, tras la apariencia exterior de la
iglesia, la brillantez perdida de la áurea Bizancio.

El
cambiante destino de Santa Sofía —de iglesia cristiana a mezquita islámica y al
actual museo— dejó tras de sí en todas partes sus huellas en forma de cambios y
añadiduras. La magnífica y esplendorosa cúpula principal, cuya clave se eleva a
56 m por encima de la nave del templo, es lo único que no ha perdido nada de su
gracia y dignidad. Sirvió de ejemplo para la construcción de numerosas mezquitas
orientales y catedrales de Occidente.
El
emperador Constantino fue el primero en construir una
iglesia en el lugar de la actual Sofía, cuando en 336 convirtió a Bizancio, bajo el nuevo nombre de Constantinopla, en la capital de su
imperio romano oriental. La llamó “meggale ekklesia”, gran iglesia.
Constantino fue el propulsor de la fe cristiana por todo el Oriente y quiso, en
Santa Sofía, demostrar su poder sin límites. El fasto ornativo ¡legó a alcanzar
efectos nunca alcanzados en otros lugares: la riqueza de colorido en las grandes
columnas verdes y rojas, los capiteles de imponente mole, las paredes planas con
incrustaciones de losas verde tierno, estaban limitadas por otras cornisas
labradas, entre capitel y capitel, y recias barras de cedro procedentes del
Líbano, hacían de tirantes.
Después del devastador incendio del año 404, provocado en tiempos del emperador
Arcadio, oo quedó nada más que las cenizas; la causa fue una revuelta surgida a
consecuencia de la condena de destierro de San Juan Crisóstomo. Arcadio era hijo
de Teodosio, nació en España y fue elevado al trono juntamente con su hermano
Honorio, con quien repartió el imperio, quedándose él con el de Oriente; fue
cristiano e impuso en todo su vasto imperio la religión de Cristo, confiscando
todos ¡os templos paganos.
Teodosio II volvió a edificar el templo nuevamente en un afán de que aquella
joya arquitectónica quedara para la posteridad; eso ocurría en el año 415.
Cien
años más tarde, esta iglesia y con ella la mayor parte de Constantinopla, era
pasto de las llamas, durante un levantamiento, llamado de Nica, contra el
emperador Justiniano, del que logró salir con vida gracias a ¡a prudencia de
Teodora, que no queriendo abandonar el palacio, pudo salvarlo; ésta era la
segunda vez que la catedral de Santa Sofía era pasto de la furia desencadenada
de los hombres.
Justiniano, no obstante, se propuso edificar nuevamente Santa Sofía, que sería
más grande y más hermosa. Los arquitectos Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto
que
eran los más famosos arquitectos de la Roma Oriental, se encargaron de convertir
en realidad el sueño de Justiniano. “Un ángel le muestra los planos durante el
sueño”, decía el pueblo. Antemio era de Tralles, ciudad rica en monumentos,
situada en las colinas del valle del Menderes en el Asia Menor, gran matemático
y no peor arquitecto, llevó a cabo notabilísimos estudios e investigaciones
sobre mecánica, fue inventor de algunos artilugios, en óptica también fue un
avanzado investigador, pero quiso la desgracia que mientras trabajaba para
Justiniano, le sobreviniera la muerte. Su obra fue continuada por Isidoro que
era oriundo de Mileto ciudad cuyos tres puertos abiertos al comercio hicieron de
ella ¡a más próspera y famosa colonia griega en la costa de Jonia. En primer
lugar se preparó una gran explanada formada por grandiosos bloques de piedra y
encima se vertió una descomunal masa de concreto de más de 20 m de espesor y
sobre estos formidables cimientos se levantó todo el edificio que es prodigio de
belleza y estabilidad arquitectónica sin par.
Las
obras costaron 180 quintales de oro. Millares de obreros llevaron durante la
construcción todas las riquezas del imperio oriental: el más hermoso mármol, las
mejores columnas; adornaban las paredes mosaicos de oro. El día 27 de diciembre
del año 537 fue inaugurada la nueva y fabulosa Santa Sofía por el patriarca
Menas y Justiniano pudo decir, pleno de satisfacción y con los ojos puestos en
el cielo: “Doy gracias a Dios que me ha considerado digno de cumplir una obra
tal.”
En el
año 557 la cúpula se hundió quedando casi destruida. Se atribuye el hundimiento
a que la cúpula no tenía forma hemisférica, sino que era rebajada y este motivo
fue probablemente el causante del derrumbamiento.
La
nueva restauración, efectuada cinco años después (562) por Isidoro el Sobrino,
dio los últimos toques a la gran obra que satisficieron plenamente a Justiniano.
En el
templo eran custodiadas las más fabulosas reliquias de la Cristiandad: restos de
la Cruz, la losa de mármol en la que se extendió el cuerpo
adyacente de Cristo una
vez descendido de la Cruz y el pozo de la Samaritana. Todas estas sagradas
reliquias fueron dispersadas en parte en el saqueo que se efectuó después de la
conquista de Constantinopla por los Cruzados. Otras reliquias las Podemos
contemplar, hoy en día, en la basílica de San Marcos en Venecia.

Una vista panorámica del interior del más importante templo de la cristiandad
oriental; del techo de la bóveda cuelgan innumerables
lámparas que como estiradas lágrimas floran su pasado esplendor, convertido en
mezquita, y actualmente museo.
La
Santa Sofia (“Sabiduría Divina”) ya acabada se convirtió en el santuario de la
cristiandad oriental. Siguió siéndolo hasta que los turcos en 1453 conquistaron
Constantinopla, que desde entonces se llama Estambul. Para pesadumbre de todo el
mundo cristiano convirtieron la iglesia en mezquita. Kemal
Atatürk declaró museo a Santa Sofía.
Se
sabe que el interior de Santa Sofía se encontraba pavimentado con hermosos
mosaicos, hoy desaparecidos. Las paredes también estaban recubiertas del mismo
modo y aún hoy día se pueden apreciar algunas muestras de las hermosas e
inigualables reproducciones artísticas que en ellas se plasmaron.
En la
actualidad el suelo está recubierto por grandes y pesadas losas de mármol. En el
medio arco de la puerta real del atrio figura un Cristo sentado y a sus pies el
emperador León VI.
El
ábside tiene en el centro la Virgen y el Niño y varios hermosos arcángeles.
“Religiosidad y decoración, color y forma, luz y leyenda se combinan, se
disocian y se superponen en Santa Sofía de modo incomparable”, escribió el
profesor Dr. Nastainczyk. “Como edificio manifiesta la transparencia eucarística
de todo lo terreno y en su historia la coincidencia escatológica de la fe
vivida.”
La
cúpula actual está formada por cuarenta medios arcos de ladrillo que convergen
en el anillo de clave, cubiertos de mosaico y soldados uno con otro por una
fina
pared que en la base está abierta por cuarenta grandes ventanas.
Los
muros de la iglesia son todos de ladrillo expresamente fabricados y en algunos
figura la inscripción Meggaie ekklesia. Según se cree los de la cúpula habían
sido elaborados con tierra muy fina y ligera.
En la
actualidad todo el exterior de Santa Sofía se encuentra estucado y coloreado,
pero es posible que su origen no fuera este, ya que los grandes pilares que
sostienen la cúpula están hechos por bloques regulares de arena blanca muy fina.
Se
desconoce casi por completo, como fue anteriormente Santa Sofía pero hoy en día
rio podemos dudar de que en tiempos de Justiniano fuera el templo más hermoso de
¡a cristiandad.

Diversos son los mosaicos que se
conservan todavía en Santa Sofía (siglo XII). Este que es uno de los más
representativos, muestra la figura de Cristo, y se encuentra en perfecto estado
de conservación, a pesar del tiempo.
|