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PROVINCIA DE SANTA FE
INFORMACIÓN GEOGRÁFICA
Capital:
Santa Fe.
Fecha de fundación: 15 de noviembre de 1573.
Fundador: Juan de Garay.
Superficie: 133.007 km2.
Población: 2.782.809 hab. (Censo 1991). M.: 1.424.293; V.: 1.358.516.
Población urbana: 82%. Población rural: 18%. Densidad: 18,5 hab/km2.
Límites: Norte, con la provincia del Chaco; Este, con las provincias de
Corrientes y Entre Ríos; Sur, con la de Buenos Aires; Oeste, con las de Córdoba y
Santiago del Estero.
Mapa con Departamentos y Capitales:
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GEOGRAFÍA FÍSICA
Es una vasta llanura que presenta diversos aspectos:
las subregiones del Chaco Oriental y de la Diagonal Fluvial de la Región
Chaqueña (en la mitad septentrional), y las subregiones de la Pampa del Norteo
de la Colonia y de la Pampa Ondulada de la Región Pampeana (en la mitad sur y
sudeste, respectivamente). En el norte, la llanura conocida con el nombre de
chaqueña y por tanto, continuación de la llanura pampeana, se extiende
horizontalmente con una suave pendiente hacia el SE, donde la falta de drenaje,
causa de la formación de cañadas, lagunas y zonas anegadizas, más la ausencia
total de cerros, sierras o montañas, confirman la uniformidad del suelo
horizontal y levemente inclinado.
Hacia el sur de los 300S, la
provincia se extiende en la región de la Pampa del Norteo Gringa, y cuenta con
un suelo naturalmente fértil, clima templado y un gran desarrollo agrícola-ganadero
y poblacional. La Pampa Ondulada se halla al SE del Río Carcarañá, es una franja
litoral que presenta barrancas, ondulaciones suaves y valles fluviales. El río
más importante es el Paraná que recorre el límite interprovincial este; otros de
importancia son: Río Carcarañá, Río Salado, Río Coronda, San Javier, etc.
GEOGRAFÍA
ECONÓMICA
Agricultura, ganadería y minería. 24%:
Industria, 37%; Servicios, 39%.
Uso
del suelo: Pastoreo natural y cultivado, 50% Cultivos anuales y permanentes
285%; Montes y bosques naturales, 13 5% otros usos, 8%.

LA PRIMERA FUNDACIÓN DE SANTA FE
Fuente Consultada: www.pampagringa.com.ar
La actual Cayastá, está asentada casi en el sitio donde en 1573, Juan de Garay
fundó por vez primera la ciudad de Santa Fe. Escasos 1000 metros separan a
Cayastá de ese sitio al que se lo denomina a menudo como Santa Fe la Vieja, que
allí permaneció hasta la década de 1660, cuando se decidió su traslado a un
lugar más conveniente desde el punto de vista económico, estratégico y de
seguridad, es decir, al actual lugar de la ciudad capital de la provincia.
Cayastá está ubicada en el kilómetro 71 de la Ruta Provincial Nº 1, al norte de
la actual Santa Fe de la Vera Cruz, y aproximadamente a 1 Km. antes de llegar a
a esta localidad, se encuentran las famosas ruinas de la primitiva Santa Fe,
descubiertas por el lúcido historiador e investigador Agustín Zapata Gollán
(1895-1986), que inició las excavaciones en la zona cuando corría el año 1949,
basándose en previos estudios que determinaron su exacta localización. Digamos
de paso que Agustín Zapata Gollán, fue un erudito y a la vez excelente empleado
público que prestigió su cargo de funcionario del Departamento de Estudios
Etnográficos y Coloniales de Santa Fe.
El
sitio fue declarado mediante decreto 112.765/42 como Lugar Histórico Nacional,
pero luego de las excavaciones dirigidas y exhumadas por Zapata Gollán, en 1957
esta declaración fue ampliada a la de Monumento Histórico Nacional, en razón de
que los estudios y descubrimientos hechos permitieron ubicar tres templos: Santo
Domingo, San Francisco y La Merced; además en el templo franciscano, fueron
hallados los restos del primer gobernador criollo del Río de la Plata,
Hernandarias de Saavedra, junto a los de su esposa, que era hija del fundador de
la ciudad. Digamos también, que el voto unánime de los miembros de la Academia
Nacional de la Historia avaló que las ruinas encontradas pertenecían a la
primitiva Santa Fe.
La
fundación de la ciudad de Santa Fe, siguió las pautas que eran norma en esa
época, una cuadrícula de aproximadamente 100 has. cuya parte central se destinó
a plaza de armas, a cuyo alrededor se ubicaron las despendencias
administrativas, religiosas y para vivienda de los personajes principales, entre
ellos el mismo Don Juan de Garay, guiándose por otros ejemplos de fundaciones
como las de Lima en 1535. Fue sin duda una ciudad que respondió a una estudiada
planificación previa. Si bien en el acta se hace referencia a un plano o traza
que sirvió de base para el reparto de solares confeccionado por el propio Garay,
este documento se extravió en la época colonial, perdiéndose con ello los datos
de la distribución física de las partes adjudicadas a cada vecino, no obstante
conocerse el nombre de cada uno de ellos.
Fue
Garay quien repartió personalmente los solares, determinándose los espacios para
chacras y suertes de estancias. Cada solar equivalía a un cuarto de manzana
divididas a su vez por estrechas calles en cruz, sin duda bien hecho con
criterio tanto económico como estratégico. A los hombres que gozaban de su mayor
confianza les adjudicó los terrenos vecinos a lo que reservó para sí. Ya se sabe
que el que parte y reparte se queda con la mejor parte.
Debe
recordarse que Juan de Garay partió desde Asunción un 14 de abril de 1573 con el
exclusivo propósito de fundar una ciudad que sirviera como escala y apoyo
logístico al tránsito fluvial entre el Río de la Plata y Asunción, expedición
que comenzó con nueve españoles peninsulares, setenta mestizos y aborígenes
guaraníes traidos del área paraguaya.
Fundada que fue la ciudad a orillas del río Quiloazas (hoy San Javier), brazo
del Paraná, un 15 de noviembre de 1573, transcurridos siete meses desde la
partida de Asunción, en un trayecto que no estuvo exento de dificultades, se
agregaron a estos audaces primigenios pobladores, otros aborígenes locales,
(calchines y mocoretás) y esclavos negros africanos destinados al más rudo
trabajo de las tierras que dieron origen a las primeras plantaciones de frutales
y viñedos, el cultivo de cereales y la cría de ganado, escontrando esto último
un excelente medio para su desarrollo que con el tiempo se volvió incontrolable
y librado sólo a los avatares naturales.
El
trayecto se cumplió tanto por vía terrestre, con 50 caballos, como por vía
fluvial, con un bergantín, unas cuantas canoas, armas y municiones.
Los
asunceños buscaron afanosamente "abrir puertas a la tierra", para combatir su
forzoso aislamiento de otros grandes centros poblados y de difícil acceso en
esos años en que los caminos tenían que abrirse a golpe de machete. Esta
fundación, por lo menos les facilitó la entrada y salida por el "mar dulce" como
lo denominó Solís.
La
necesaria convivencia de este heterogéneo conglomerado humano, diverso en lo
étnico y en lo cultural, sin duda conformó una sociedad de características
especiales donde cada grupo hizo aportes de su cultura originaria.
Abandonado que fue el lugar tras el traslado al nuevo emplazamiento, el río
Quiloazas con la paciencia que los años pusieron a su disposición fue
carcomiendo las costas y modificando su cauce sin apuro pero sin pausa lo que
dio como resultado que de las 100 hectáreas originales hoy queden sólo unas 69,
proceso facilitado por la arenosa y poco consistente compactación de los suelos
que surca, arrastrando el material aguas abajo y cavando un nuevo curso que dejó
bajo sus aguas el sector próximo a la Plaza de Armas, donde se encontraban la
Iglesia Matriz, la de la Compañía de Jesús, la de San Roque y la propia casa de
Juan de Garay. En el sector que no fue afectado, está el remanente de la Plaza,
las Iglesias conventuales de San Francisco, Santo Domingo y La Merced; el
Cabildo y un gran número de viviendas que pertenecieron entre otros a un nieto
del fundador, Cristóbal Garay; a Francisco de Paez, a Juan González de Ataide, a
Alonso Fernández Montiel, a Manuel Ravelo y a un escribano Juan de Cifuentes.
Las
excavaciones pusieron al descubierto gran cantidad de objetos que dan indicios
de la vida de la ciudad que existió un poco más allá de la mitad del siglo XVII.
Vieron la luz, monedas, medallas, amuletos de plomo, rosarios, cuentas de
collares, útiles de labranza, porcelana oriental, ladrillos, tejas (algunas con
dibujos e inscripciones), herramientas, cerámicas españolas e indígenas.
Dentro de los recintos de los templos las excavaciones mostraron los restos de
más de 200 pobladores enterrados en el lugar, y Zapata Gollán logró identificar
a varios entre los que se encontraron los de Hernandarias y su esposa.
PARA SABER MAS...
LOS RETOS DE SANTA FE LA VIEJA
La primera fundación de Santa Fe
se había llevado a cabo en Gayaste, sobre la margen derecha del río San
Javier (afluente del río Paraná), a poco más de 70 kilómetros al norte de la
actual capital provincial. Si bien existen diversas hipótesis con respecto a los
motivos que llevaron a que su población comenzara a emigrar a mediados del siglo
XVII -en pocos años más sería definitivamente abandonada-, todo parece indicar
que la razón principal del éxodo fueron los periódicos desbordes del río y los
daños materiales que esto provocaba. Durante casi tres siglos no se tuvieron
noticias de la ciudad que Caray había fundado en 1573, pero en el año 1949, un
magnífico hallazgo arqueológico puso al descubierto parte de la historia de una
de las primeras ciudades rioplatenses.
Guiado por una extraordinaria
intuición, el Dr. Agustín Zapata Gollán -que con pobres recursos trabajó en el
lugar hasta su muerte, ocurrida en 1986- logró ubicar el emplazamiento del
antiguo asentamiento de 66 manzanas, de las cuales 18 se encuentran en la
actualidad bajo las aguas del río. A poco de comenzar con los trabajos de
excavación, halló numerosos restos de vida material, como distintos tipos de
vajilla, monedas, collares y herramientas. Pero el descubrimiento más asombroso
lo esperaba en lo que luego reconocería como los cimientos de la iglesia de San
Francisco, a 1,20 metros por debajo del piso del recinto, encontró numerosos
sepulcros, algunos de ellos con restos humanos en magnífico estado de
conservación.

Los esqueletos de los
conquistadores con "las yertas manos en cruz", ofrecen un espectáculo
sobrecogedor, y traen a la memoria algunos versos de Lope de Vega (autor
español, 1562-1635): "Mirando estoy los sepulcros,/cuyos mármoles eternos/ están
diciendo sin lengua/ que no lo fueron sus dueños./ ¡Oh, bien haya quien los
hizo/ porque solamente en ellos/ de los poderosos grandes/ se vengaron los
pequeños!" |