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Sobre preocupaciones y carencias de la educación en
Santa Fe colonial. La primer referencia que denota la preocupación de
las autoridades del cabildo santafesino por asegurar la mínima educación para
las nuevas generaciones data del 13 de mayo de 1577, apenas cinco años después
de la fundación de la ciudad; ese día el Procurador General se dirige al cabildo
solicitando la prohibición de salida de varios pobladores, los que, abrumados
por las difíciles condiciones en que se encuentra la nueva ciudad, buscan
tierras más al sur o sueñan con pasar al Perú deslumbrados por la riqueza de la
que tanto se habla.
Destaca el Procurador que reportaría un grave perjuicio a la población la
salida, en particular, del maestro Pedro de Vega “por la falta que haría para
la doctrina de los hijos de los dichos vecinos como porque no aprenderían a leer
y escribir faltando el dicho Vega, que les enseña”.
El
Cabildo resuelve el pedido favorablemente, obligando a permanecer en la ciudad a
quien se ha denominado como el primer maestro santafesino, al menos hasta
tanto se encuentre un reemplazante satisfactorio. Los problemas por la falta de
docentes se reiteran periódicamente, así como también los nombres de aquellos
que el Cabildo contrata para solucionarlos: Martín de Angulo en 1617, al que no
se puede impedir que emigre a Buenos Aires, el Clérigo Muñoz Holguín, dos años
después; Luis Martínez en 1626.
Al
trasladarse la ciudad desde el año 1650 destaca el historiador Andrés Roverano
que el Cabildo comisiona a los alcaldes ordinarios para que “cuiden como deben
de la educación de los menores”. A juzgar por las carencias y omisiones de la
autoridad civil en la materia, es evidente que en estos primeros años los
problemas de la educación sólo podían resolverse mediante el aporte de la
iglesia, que se encontraba en mejor posición en cuanto a la preparación y nivel
pedagógico de muchos de sus miembros, en particular los jesuitas, franciscanos y
dominicos.
En la
medida en que las autoridades eclesiásticas se fueron afianzando, lo fue
haciendo también la provisión de maestros y escuelas. Al crearse la diócesis del
Río de la Plata y pasar Santa Fe a depender del obispo en Buenos Aires, el mismo
visitó la ciudad en 1621 y, ante la extrema carencia observada, dispuso la
creación de una escuela encargándola al padre Juan de Salas, Rector de la
Compañía de Jesús. Los jesuitas, ya asentados en Santa Fe desde comienzos del
siglo XVII, gozaron tempranamente de un bien ganado prestigio pedagógico.
Establecieron su templo y colegio sobre el lado este de la plaza, lo que
acrecentaron luego en el nuevo sitio.
Al
ser expulsada la Compañía en 1716 por efectos de la política regalista de los
borbones, el colegio y las demás propiedades entre las que se encontraba una
biblioteca de más de 4000 volúmenes pasaron a la administración de una Junta de
Temporalidades y luego a los mercedarios; no pudo evitarse el temporario cierre
del colegio debido a la carencia de educadores. Pese a la crisis provocada en la
educación -y en la economía- por la expulsión jesuita, la segunda mitad del
siglo XVIII ya encuentra a Santa Fe con algunas alternativas en la enseñanza.
La
orden franciscana también posee junto a su templo una escuela, la que llegará a
contar entre sus alumnos a Estanislao López el futuro caudillo y gobernador de
la Provincia. Pero si la política borbónica recortaba atribuciones a la Iglesia
y disminuía su participación en la educación, por otra parte, aumentaba la del
Estado según la influencia de la ilustración, que sostenía la necesidad de la
educación de la sociedad.
Esta
cierta modernización que en realidad tuvo importancia sólo en Buenos Aires, la
capital virreynal puede rastrearse al menos en algunos indicios locales.
A. Roverano recuerda que a partir de 1774 el poder civil asegura en Santa Fe el
desempeño permanente de maestros, recordándose como uno de ellos a Pedro Tuella,
poeta y primer historiador rosarino que se desempeñara en varias funciones hasta
comienzos del siglo XIX.
No
debe pensarse en que estos estudios capacitaban para un nivel superior; en la
mayor parte de los casos se trataba de la enseñanza de “doctrina” y “primeras
letras’, lo suficiente como para integrarse a la vida de la comunidad. Si bien
es probable que en ocasiones se profundizara alguna capacitación, era
imprescindible que -si un santafesino deseaba continuar sus estudios hasta el
nivel universitario- debiera trasladarse a Córdoba o Buenos Aires.
A
fines del siglo XVIII se llegan a disponer algunas becas para que “hijos
patricios” puedan trasladarse a esas ciudades.
Aarón Castellanos: Fundación
de Colonias en Argentina
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