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HISTORIAS Y
VIDAS DE SANTOS: Pese a la gran
leyenda irremediable que arrastran muchos santos, hay que
considerar que no fueron inventados, y que fueron descubiertos
y, como veremos en el proceso de canonización, ampliamente
investigados.
Los santos del cristianismo datan casi desde los comienzos de
esta religión, ya que empezaron a venerarse públicamente en el
siglo II. Todo parece indicar que su origen data de las primeras
tumbas de los mártires, ya que estos habían derramado su sangre
por Dios y Cristo, y por tanto Dios y Cristo, podían interceder
desde el cielo a todos aquellos que los veneraban, los invocaban
o rezaban ante sus tumbas. Por esta razón se buscó un día de
celebración, y este día se consideró el dies natalis o
nacimiento al cielo del mártir, fecha en la que se hacía el
ofrecimiento del sacrificio eucarístico.
Como ejemplo del desarrollo anterior, tenemos el caso claro de
san Policarpio, del que se sabe que los cristianos de Esmirna se
reunieron en torno a su tumba para recoger sus huesos y
colocarlos en un lugar seguro, con la intención de volverlos a
juntar para celebrar el aniversario de su martirio y realizar un
ágape juntos. Con el tiempo, de la memoria y veneración se fue
pasando a la oración pública de los santos y a creer en su
intercesión ante todo aquello que se le solicitaba. Fue en el
siglo IV cuando se extendió la veneración y culto de los
mártires en todas las Iglesias.
En este mismo siglo se extendió
el mismo culto y veneración a las vírgenes y confesores. Las
vírgenes fueron consideradas como Vírgenes del Señor, ya que con
el sacrificio de su vida habían emulado a los mártires y además
porque son como la esposa virginal de Cristo. Los confesores son
aquellos que habían confesado públicamente su fe, pero no
sufrieron tormentos ni dieron su vida como los mártires. Sin
embargo, están equiparados a los mártires.
Del concepto de santo dos aspectos destacan como importantes. El
primero que los santos pueden interceder por las personas,
aunque su intercesión nunca remplazará la oración directa a
Dios. Pero Dios ha constituido una gran familia en la que cada
miembro hace el bien a su prójimo. Evidentemente los bienes
proceden de Dios pero los santos los comparten. Otro aspecto
destacado es el concepto de que los santos son modelos a imitar,
tanto en su virtud heroica como en sus actos. Los santos, por su
parte, enseñan a interpretar el evangelio.
Otro aspecto que los santos y santas siempre han demostrado es
su espíritu de sacrificio hacia los demás y especialmente su
amor desinteresado hacia los seres que les rodean. La historia
de los santos está repleta de ejemplos en los que se demuestra
un gran amor a los pobres y a los enfermos, un amor tan
desinteresado que en muchos casos ha originado que el santo o la
santa se desprendiese de sus bienes más queridos para ayudar al
pobre, para construir hospitales. El cuidado a los enfermos ha
sido de una tal entrega que en muchos casos ha puesto en peligro
la salud del santo o la santa, e incluso los hay que han perdido
la vida por atender a moribundos con enfermedades contagiosas.
No cabe duda de que en muchos casos se ha exagerado su leyenda e
incluso sus milagros, pero también en otros muchos casos, los
santos y las santas han demostrado ser queridos y amados por la
gente que ha compartido sus vidas con ellos, gente sencilla,
gente de pueblos que han recibido directamente de estos seres su
ayuda, su consejo, su amor y sus cuidados.
Tal vez el santo o la santa se caracterizan por el hecho de que
primero ha sido su amor, su ayuda o sus cuidados a los
necesitados antes que cualquier intento de evangelización.
Ejemplo de casos así han sido, por citar uno reciente, el de la
Madre Teresa de Calcuta, que nunca se preguntó si aquel enfermo
o aquel necesitado que acudía solicitando ayuda, era o no
cristiano. Podía ser hindú, budista, etc., pero lo importante
era, ante todo, el amor a otro ser humano por encima de
cualquier condición o religión, ya que de la misma manera que
«un santo es un santo para todo el mundo», como se señala en el
epígrafe de este capítulo, también cualquier camino místico o
religioso, sea de la religión que sea, lleva a Dios.
Fuente
Consultada: Los Santos Que Nos Protegen de Bornos y Prim |