La
comunicación a través del telégrafo.
El telégrafo eléctrico jugó un papel importante
para enviar órdenes y recibir informes durante la Guerra Civil. Ambos bandos
hicieron pleno uso de las redes telegráficas civiles existentes al principio
de las hostilidades y las desarrollaron y ampliaron a medida que crecía el
conflicto. El Norte capitalizó el telégrafo más que el Sur, y creo durante
la Guerra 15.000 millas más de tendido. Esta rama del servicio de señales
federales, aunque conocido como Cuerpo Telegráfico Militar, estaba formada
por civiles que informaban al centro telegráfico instalado en la Secretaría
de Guerra. Los mensajes eran transmitidos en código Morse, y los más
importantes era cifrados. Para evitar la rotura accidental de estos cables,
se utilizó el cable aislado. Cada cuerpo de Ejército utilizaba este sistema,
conectados entre sí y con destino a Washington. Pronto esta medida se
convirtió en norma de los ejércitos. Ambos bandos trataban de intervenir los
cables contrarios en un intento de espionaje.
Para hacer señales de alcance corto en zonas
operativas, los dos ejércitos confiaban en un sistema que empleaba banderas
durante el día y antorchas o luces de colores durante la noche. El Ejército
confederado fue el pionero en este sistema. Luego lo copió la Unión. Los
señalizadores trabajan desde cimas de colinas, altos edificios o torres
especialmente construidas. Los mensaje se podían leer fácilmente con un
telescopio. Los mensajes importantes se enviaban cifrados.
Espionaje.
El primer
reconocimiento de los movimientos de tropas enemigas desde un globo
tripulado se hizo durante este conflicto. Los pioneros fueron los hombres de
la Unión. Utilizados durante la campaña peninsular de McClellan. Los globos
una vez en el cielo atraían los disparos. Los globos de la Unión tenían
mecanismos portátiles para fabricar oxigeno, lo que facilitaba los
movimientos para elegir el mejor campo de visión. Una vez en tierra un
mensaje telegráfico avisaba al mando. Los Confederados sólo poseían un
globo, hecho a partir de vestidos de seda donados por las damas del Sur. Al
no tener un equipo de gas portátil debía ser inflado en Richmond y desde
allí por otro trasporte al frente.
Los generales de ambos bandos eran conscientes
de la importancia de conocer las fuerzas e intenciones del enemigo. Ambos
bandos emplearon espías civiles, hombres y mujeres que se arriesgaban a la
pena de muerte si eran capturados, y de hecho muchos fueron ahorcados, los
periódicos también jugaron un papel importante al proporcionar
inconscientemente información valiosa a los ejércitos enemigos, dado que no
existía un sistema riguroso de censura, los periódicos imprimían lo que
querían, y los comandantes utilizaban rápidamente los hechos militares
divulgados de esta forma. De ahí la labor de Seward en el cierre de algunos
diarios. El general Lee confiaban en la caballería para vigilar al enemigo
y extraer información sobre movimiento y número de tropas. El Sur confió
plenamente en está táctica, aunque hubo momentos como en Gettysburg donde la
caballería obligó a luchar en un terreno no deseado por Lee, pues las
fuerzas de la Unión habían ocupado las alturas, de fundamental valor
estratégico. La Confederación nunca intentó organizar una oficina central de
inteligencia. La Unión decidió utilizar los servicios de una agencia de
detectives situada en Chicago dirigida por Allan Pinkerton. Éste era amigo
del general McClellan, por desgracia sus agentes carecían de experiencia
para calcular el número de hombres y siempre daban estimaciones infladas
sobre el número de fuerzas del Sur. Esto motivó que McClellan se comportará
con una cautela injustificada. La destitución de McClellan motivó que la
agencia de Pinkerton no trabajará más para el ejército. Habrá que esperar
hasta 1863 cuando la Unión se decida a crear una Oficina de Inteligencia.
La ingeniería militar.
Los ejércitos no podían
siempre confiar en los puentes o los vados para cruzar los diversos ríos de
las zonas de guerra. A veces estos estaban destruidos o demasiados bien
defendidos. La respuesta militar a este tipo de dificultades fueron los
pontones. Para sortear los ríos se emplearon barcazas pontones hechas de
tela goma india, gutapercha (una sustancia parecida al plástica) y acero
corrugado. Aunque fue el pontón de madera el que se usó más. Estos pontones
eras transportados por mulas en carretas especiales tiradas por seis mulas:
el equipo auxiliar se transportaban en carretas. En la orilla del río, los
pontones era introducidos en el agua por los pontoneros, eran colocados en
posición a base de remos, y se anclaban paralelos unos a otros. Luego se
colocaban tablones y el resultado era un camino que permitía el cruce del
río.
Al
principio de la guerra, el conflicto de movimientos no hizo necesario a las
trincheras. Con el paso del tiempo los soldados, que odiaban cavar,
comprendieron que tal instrumento podía ayudarlos a sobrevivir. Fue el
Ejército Confederado el primero en apreciar las ventajas de la lucha de
trincheras. Los defensores podían oponerse a una fuerza tres veces superior
y causar enormes bajas a sus atacantes con un coste propio mínimo. El
General Lee consciente de la superioridad numérica de los Federales fue el
mayor defensor de este método de lucha, pese a que al principio la
detestara. A medida que la guerra avanzaba, las tropas de ambos bandos
solían construir defensas dondequiera que se detuviesen. Los confederados
parecían más rápidos en este trabajo. Durante la campaña de Petersburg,
federales y confederados vivían en trincheras a prueba de bombas y dirigían
complicadas redes de fosos para rifles y cañones emplazados en lugares donde
podían dominar extensiones despejadas. Los accesos estaban protegidos con
filas de troncos rematados con afiladas estacas de madera.
La ayuda en campaña.
Las autoridades de la Unión y la Confederación
se aplicaron a la tarea de cuidar a los cientos de miles de enfermos y
heridos que fueron bajas en este conflicto. Sin embargo, muchos pacientes
murieron y otros sufrieron, sobre todo porque los conocimientos médicos de
la época no comprendían el uso de antisépticos y vendas e instrumentos
esterilizados, ni reconocían la importancia de la higiene y la aplicación de
la ciencia sanitaria.
El Departamento Médico de los Estados Unidos y
el Servicio Médico de los Estados Confederados del Sur fueron organizados
cada uno al mando de un Cirujano General, y proporcionaron primeros auxilios
en lo campos de batalla, transporte en ambulancias, hospitales de campaña y
generales, más cuidados diarios a las tropas. La Unión empleó a 10.000
cirujanos, los Confederados a 4.000. Muchos de estos doctores fueron
enviados al frente o cerca de él y aunque generalmente eran considerados no
combatientes muchos resultaron muertos o heridos. Cuando una batalla estaba
en curso, era habitual que el cirujano de un regimiento estuviera en el
centro. Lo acompañaba un enfermero, con una mochila de campaña de 10 kilos,
y los encargados de enfermería (camilleros y encargados de las ambulancias)
El cirujano asistente aplicaba vendaje temporales y enviaba a los heridos a
un hospital de campaña emplazado por el cirujano en la retaguardia.
Después de 1862, los hospitales de campaña
federales fueron organizados por divisiones o Cuerpos. Estos hospitales de
campaña estaban a menudo cerca del fuego del campo de batalla, con lo cual
resultaban el doble de peligrosos. Además importantes operaciones, sobre
todo amputaciones, se hacían sin ninguna higiene. Con lo cual es importante
el número de victimas en los postoperatorios. Era normal sobre todo en las
ciudades, que grandes edificios fueran transformados en hospitales. El
transporte a estos establecimientos se hacía por medio de ambulancias, que
no eran sino vehículos acolchados empujados a caballo, aunque también era
frecuente la utilización del tren.
Como la
guerra era cada día más larga, las listas de bajas eran cada vez más
amplias, así se tuvo que recurrir a construir nuevos edificios. Estos era
edificaciones de un solo piso, bien ventilados y calentados, con camas
limpias y comida nutritiva. El más importantes de estos es el de
“Chimborazo” en Richmond.
La
anestesia todavía no era muy conocida, lo más parecido era el cloroformo.
Así que la ingestión de alcohol o operar sin anestesia era uso común. El Sur
se vio con problemas para obtener medicinas vivía de la compra a Europa, con
el riesgo del bloqueo. Como anécdota muchas damas vivían del contrabando
cosiendo bajo sus enaguas las medicinas. Ante tal situación se revitalizó el
uso de la medicina natural.
La
difícil situación en la que se encontraban los soldados en el trascurso de
las hostilidades, motivaron que las autoridades se preocuparan por aliviar
la situación de los soldados. Fue el Gobierno Federal el que organizó este
apoyo. En Junio de 1861 se creó la Comisión Sanitaria para recaudar
fondos privados y trabajo de voluntarios con el propósito de mejorar la
salud y la higiene en los campamentos del ejército y en buscar en general el
cuidado y la comunidad de las tropas. Además sus agentes en el frente se
encargaban de la higiene en los campamentos y entregaban “extras” a los
soldados, la Comisión se encargaba de los cuidados alimenticios, suministros
médicos, hogares de recuperación para los heridos, alojamiento para las
tropas en tránsito, un valioso directorio de todos los heridos en los
hospitales de la Unión, y servicios de consulta gratis para todo el personal
militar y su familias. La Comisión Cristiana se encargaba del bienestar
moral de los soldados. Formada en 1861 por la Asociación Juvenil Cristiana,
su labor en el frente era distribuir biblias, libros de himnos y tratados
religiosos, cuidando a los heridos y administrando a los moribundos. No sólo
eso, también suministros hospitalarios, carretas de café, materiales de
escritura y sellos gratis para los soldados, y salas de lectura en los
campamentos permanentes. Esta organización funcionaba con contribuciones
voluntarias. El Sur no gozaba de instituciones similares, existían pero en
el ámbito local.
La primera guerra fotografiada.
La
fotografía apenas llevaba 30 años como ciencia, arte o medio de
representación. Pero fue en la Guerra Civil Americana cuando además sirvió
como documento gráfico, como medio de representación de la realidad. Junto
a militares aparecieron unos hombres que iban acompañados de extraños
aparatos: cámaras fotográficas, cuartos oscuros. Eran los primeros
corresponsales de guerra.
Las
fotografías de acción eran imposibles porque la exposición de diez segundos
requerida por el proceso de placa húmeda de la época difuminaba todo el
movimiento. Las fotos solían representar la vida de cotidiana de los
soldados, y sobre todo los campos después de la batalla. Estas fotos no
gustaron al público pues la cruda realidad destruía los ideales románticos
de la Guerra. Estas fotografías no se podían reproducir en los periódicos,
pues las técnicas de la época no lo permitían, pero muchas fotografías
sirvieron de base para grabados.
De los fotógrafos más importantes de la guerra tenemos a Mathew Brady. Brady y sus ayudantes viajaron con el Ejército de
la Unión, trabajando en estudios instalados en vagones. A pesar de las
grandes dificultades y riesgos que corrían, consiguieron tomar más de 3.500
fotos de los campos de batalla y de los soldados durante las actividades
cotidianas.
Victimas Confederadas después de la
Batalla de Gettysburg.
La Identificación de los muertos.
A medida que la Guerra Civil ganaba impulso,
se libraron grandes batallas con más de 100.000 hombres. La tarea de
identificar los restos de los soldados se hizo cada vez más dificultosa para
los grupos de enterradores. Algunos soldados, temiendo que nunca se
encontraran sus cadáveres si les mataban, llevaban alrededor del cuello
pequeñas chapas de madera con su nombre y unidad inscritas. Algunas empresas
comenzaron a vender placas de plata o metálicas, por lo general éstas
estaban lejos del poder adquisitivo de los soldados. Grant ordenó que sus
hombres llevaran una hoja de papel cosida a la guerrera con sus datos de
identificación.