|
Filósofo
estoico, estadista, escritor, dramaturgo y trágico poeta romano, nacido en
Córdoba, España, conocido como Séneca el Joven, cuya obra filosófica y literaria
se convirtió en un modelo en el Renacimiento e inspiró el desarrollo de la
tragedia de Europa. Fuente ilustre hijo de Lucio Séneca Aneu el Viejo, el famoso
orador, fue enviado a Roma para estudiar filosofía y la oratoria (16-19).
Lucio
Séneca: El pensador mártir de su lealtad
En
vida fue una de las figuras más preponderantes de la política romana durante la
era imperial, debido a que supo cosechar la admiración y el respecto de sus
colegas, y al mismo tiempo el odio de sus enemigos. Es que Lucio Séneca se
caracterizaba por ser uno de los más destacados pensadores e intelectuales de la
época, con una oratoria brillante y unos principios políticos y filosóficos que
llegaron a revolucionar el mundo, por lo que sigue siendo considerado el máximo
representante del estoicismo romano.
Lucio
Anneo Séneca, conocido también como Séneca el Joven, nació alrededor del año 3
DC en Corduba, región española que en la actualidad conforma la ciudad de
Córdoba. Tuvo la fortuna de criarse en el seno de una familia privilegiada, ya
que su padre era un profesor muy respetado de la retórica en Roma. Es por ello
que Séneca recibió una educación de primer nivel en la escuela romana Sextii,
que le permitió desarrollar su talento como orador y retórico.
Por
supuesto que su fama no se hizo esperar, ya que desde muy joven logró
convertirse en una figura popular dentro del ámbito del derecho, al mismo tiempo
que ganaba fama como escritor de tragedias.
No
obstante, en el año 39 DC comenzaron sus problemas, cuando el emperador Claudio
lo acusó de cometer adulterio con su sobrina Julia Livila, lo que debió pagar
con el exilio. Así fue que en el año 41 DC fue enviado a Córcega.
A
pesar del exilio, Séneca se mantuvo activo gracias a la escritura, y fue durante
ese período que creó sus famosos tres tratados denominados “Consolaciones”, que
desarrolló durante los años 40 y 43 DC.
Seis
años después, Agripina, la esposa de Claudio, le recomendó a su marido que
invitara a regresar a Roma al filósofo, lo que permitió finalizar con el exilio.
Un año después Séneca contrajo matrimonio con Pompeya Paulina, lo que le
permitió conectarse con personajes influyentes de la escena romana, y poco
después convertirse en Pretor.
Fue
en aquella época que Séneca se convirtió en tutor del joven Nerón, por lo que en
el momento en que Nerón fue nombrado Emperador, Séneca se transformó en el
primer ministro oficial.
Mientras tanto, Séneca continuó escribiendo, por lo que muchos historiadores
aseguran que fueron de su autoría la mayoría de las políticas implementadas
durante la primera mitad del reinado de Nerón.
Sin
embargo, Nerón fue cambiando lenta y paulatinamente su opinión en torno a
Séneca, motivado por las constantes manipulaciones que recibía de algunos de sus
amigos más íntimos, que lograron convencer al Emperador de que Séneca era en
realidad un enemigo.
Nuevamente la desgracia volvió a caer sobre la vida de Séneca, por lo que el
filósofo decidió retirarse de la vida pública en el año 62 DC, y se dedicó a
escribir las llamadas “Cartas a Lucilio”. Pero aquello no fue suficiente para
los enemigos de Séneca, lo que ocasionó que en el 65 DC fuera acusado de
conspirar para derrocar a Nerón.
Ante
esta realidad, el Emperador Nerón le solicitó a Séneca que se suicidara, orden
que el pensador cumplió para demostrar su lealtad.
Al
margen de su vida política, cabe destacar que Séneca ha sido un prolífero autor
de diversas obras teatrales, que aún hoy continúan siendo las piezas más
elogiadas, entre las que no podemos dejar de mencionar tragedias como “Fedra”, “Agamenón”,
“Edipo” y “Medea”, entre otros.
Algunas Frases Célebres
de Séneca:
En tres tiempos se divide la
vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el
futuro, dudoso; el pasado, cierto.
Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo
que lo que los otros opinen de ti.
Un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que
sólo le falta abrir la boca para caer en ella.
No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque
no nos atrevemos a hacerlas.
La ira: un ácido que puede hacer más daño al recipiente en
la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte.
Libros de Lucio Séneca |