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Un Poco de Historia:
Sífilis en la primera fundación de
Buenos Aires
Pedro de Mendoza
Mendoza
era un hidalgo nacido en Guadix, Granada, que contaba a la sazón unos treinta y
cinco años. Realizados los preparativos del viaje, partió el adelantado en
agosto de 1535, con once barcos y unos mil trescientos hombres. Llegado al Río
de la Plata a comienzos del año siguiente, levantó en su margen derecha una
fortaleza a la que llamó Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aires
(3 de febrero de 1536).
Al poco tiempo, los habitantes de
aquella modestísima poblaci6n empezaron a padecer el azote del hambre y los
ataques de los indígenas, quienes, tras un comienzo amistoso, se habían vuelto
hostiles y se negaban a proporcionarles ayuda y alimentos. Mendoza envió
entonces a su hermano Diego hacia la región del Delta al frente de un grupo de
trescientos hombres en busca de víveres, pero los aborígenes los atacaron. En el
combate que se denomina de Corpus Christí -por la celebración religiosa de ese
día, 15 de junio- los españoles lograron imponerse, pero a costa de la vida de
varios de sus mejores capitanes, entre ellos el propio Diego Mendoza.
Con anterioridad, y cumpliendo
órdenes del adelantado, su segundo, el capitán Juan de Ayo las había partido con
trescientos expedicionarios remontando el río Paraná, y había levantado su real
(campamento o pequeño poblado) que llamó Corpus Christi, cerca del río Coronda.
A su regreso a Buenos Aires, Ayolas invit6 a Mendoza a conocer las tierras que
él había recorrido. El adelantado partió hacia ellas y tras una corta residencia
en Corpus Christi, se trasladó más al Sur, donde levantó, a fines de setiembre
de 1536, el fuerte Nuestra Señora de la Buena Esperanza.
Poco después, y
mientras Ayolas remontaba el Paraná y el Paraguay, Mendoza, que se sentía muy
enfermo, regresó a Buenos Aires y, en vista de que sus dolencias empeoraban,
resolvió volver a España. Luego de designar a Ayolas su sucesor en la conquista,
el 22 de abril de 1537, se alejó para siempre, río arriba -por el Paraná primero
y luego por el Paraguay-, Ayolas había llegado entre tanto a un lu9ar que llamó
La Candelaria. Dejó allí parte de sus hombres al mando de Domingo Martínez de lrala, y partió hacia la ambicionada Sierra de la Plata, en busca de riquezas,
pero cuando ya regresaba con un espléndido botín, cayó en una emboscada de los
indios y fue muerto con todos sus compañeros.
Irala emprendió entonces el
retorno aguas abajo y se detuvo al llegar al fuerte de la Asunción que Juan de
Salazar -otro de los acompañantes de Mendoza- había levantado el 15 de agosto de
1537 en la margen izquierda del río Paraguay. Instalado en Asunción, Irala tomó
el mando en reemplazo del infortunado Ayolas. Transcurridos algunos años,
decidió concentrar en dicha población a todos los españoles y, para ello, ordenó
el traslado de los pocos habitantes que aún quedaban en Buenos Aires y mandó
quemar la población. Corría el año 1541. El primer intento de conquista y
colonización en la región del Río de la Plata había fracasado.
“El
adelantado Don Pedro de Mendoza no aparece por ninguna parte. Las naves están
listas para iniciar la gran travesía y aunque está en Sevilla, no se presenta en
público. La impaciencia de nobles, soldados y marineros se incrementa. El
mayordomo y el apoderado de Don Pedro, Juan de Ayolas y Martín Orduña, tratan de
disimular pero la noticia ya corre por ¡a ciudad como reguero de pólvora y es la
comidilla de las tabernas. Mendoza guarda cama porque la sífilis contraída en
Italia lo tiene a mal traer. El viaje hacia las riquezas del Plata aún no es
seguro.
“No es que no se conozca algún
tratamiento que alivie los dolores. Desde la gran epidemia de 1494, la mortal
enfermedad venérea es tratada con mercurio o argento vivo bastante exitosamente.
Además, Don Pedro apenas supera los treinta años y, aunque parece mayor, ha
demostrado ser un hombre bastante fornido, de comer saludable y de carácter
emprendedor.
“Cojea de una pierna, igual que
Diego de Almagro, pero la mayoría de los comprometidos en la expedición
prefieren creer que pasa por un mal pasajero y optan por esperar que su salud se
restablezca?’
El primer Adelantado del Río de la
Plata, que en el verano de 1536 fundó el apostadero “Nuestra Señora Santa María
del Buen Ayre”, viajó, en efecto, con un avanzado cuadro de sífilis que lo
retuvo más tiempo en cama que comandando efectivamente la expedición.
Muy desmejorado de salud, nombró
teniente gobernador a Juan de Ayolas y el 22 de abril del año siguiente
emprendió el regreso a España. No llegó a informar de sus modestos logros. “Los
estragos producidos por la sífilis [eran] ya evidentes: tejidos heridos sin
cicatrizar, debilidad de su corazón y una progresiva parálisis general lo
postraban, ya de manera definitiva?’ El 23 de junio murió en alta mar.
(Ampliar: La Conquista del Mar Dulce de Solís)
Las citas fueron extraídas de
Pedro de Mendoza,
de la colección Grandes protagonistas de ¡a historia argentina, dirigida por
Félix Luna
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