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En febrero de 1848, los obreros
parisinos junto con la burguesía liberal que quería ampliar los derechos
políticos, ocuparon las calles, reclamando el fin de la Monarquía y el
establecimiento de la República. Si bien esto se logró, pronto se manifestaron
las diferencias entre los revolucionarios, representadas por dos banderas: la
tricolor de los burgueses liberales y la roja de los obreros oprimidos por las
pésimas condiciones de trabajo.
El triunfo de la primera y la represión de junio
contra el proletariado determinaron la victoria de las propuestas políticas
liberales y la postergación de la revolución social. Éste fue el inicio de la
consolidación del sistema capitalista en Francia.
Lo que diferenció a la
revolución que se desarrolló en París en febrero de 1848 fue que, por primera
vez, los trabajadores tuvieron demandas específicas diferentes de las de los
burgueses. La baja burguesía pedía una reforma del sistema electoral y
parlamentario para lograr un mayor grado de participación en el gobierno. En
cambio, los obreros pedían soluciones al problema de la desocupación y del
hambre: entre 1846 y 1848, el cierre de los talleres de ferrocarriles había
dejado sin empleo, en París, a 500.000 obreros.
El gobierno provisional que se
organizó luego de proclamada la República, contó con la participación de un
obrero y de un representante de los intereses de los obreros como ministro de
trabajo, el socialista Louis Blanc. Entre febrero y mayo de 1848, este gobierno
provisional —con el apoyo de los pobres de las ciudades y de burgueses
republicanos moderados— realizó las siguientes acciones: establecimiento del
sufragio universal; abolición de la esclavitud colonial; abolición de la pena de
muerte por delitos políticos; creación de los Talleres Nacionales para
solucionar el problema del desempleo en la ciudad de París. |