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EL SIGLO DE ORO ITALIANO: A pesar de este nombre los siglos XV y XVI
carecieron en Italia de figuras comparables al Dante, pero sí ofrecieron mayor
variedad de géneros y una clara influencia oriental y clásica. Ludovico Ariosto
(1474-1533) tuvo por mecenas el cardenal Hipólito de Este.
Su fama como poeta
era tan grande que en cierta ocasión en que cayó prisionero de un grupo de
bandidos, al enterarse éstos de que habían capturado al autor de Orlando
furioso, no sólo le devolvieron la libertad sino que le colmaron de honores. En
esta obra relata las hazañas de Orlando y el sitio de París, atacado por los
infieles. Las hazañas de los cruzados para tomar Jerusalén fueron cantadas en un
poema heroico titulado La Jerusalén libertada, debida a la inspiración de
Torcuato Tasso. Éste era un hombre nervioso y desquiciado, que murió en un
manicomio en 1595.
El nombre de Maquiavelo (1469-1527) y el maquiavelismo se han
hecho famosos para expresar el refinamiento de un gobernante que prescinde de
todo escrúpulo con tal de lograr sus fines. Exactamente quizás no era éste el
propósito que inspiró a Nicolás Maquiavelo al escribir El Príncipe, un arte de
gobernar que ha servido de modelo a muchísimos políticos, para los cuales todos
los medios son laudables si están destinados a conseguir un ideal. ERASMO Y
RABELAIS. Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue considerado el hombre más culto de
su siglo. De un espíritu agudísimo que lo llevó a utilizar la sátira y la ironía
en sus burlas contra los defectos del clero y de la nobleza, fue uno de los
causantes indirectos de la Reforma por la protesta constante contra la sociedad
de su tiempo.
Sin embargo, fue enemigo de Lutero, a quien criticaba por su
intolerancia. Escribió Elogio de la locura o Encomio de la sandez, que es una
despiadada sátira contra la sociedad de su tiempo. Su influencia llegó a todos
los rincones de Europa. En Francia el renacimiento literario tuvo en Francisco
Rabelais (1483-1553) uno de sus mejores protagonistas.
Era contemporáneo de
Erasmo y recibió protección del rey Francisco I, gran enamorado de las artes y
las letras, que había creado el Colegio de Francia. Rabelais era hombre muy
agudo y culto, pero satírico implacable y persona de diversas ocupaciones, pues
fue poeta, médico, monje y jurisconsulto. Murió siendo párroco de Meudon. Su
obra más conocida es la titulada El Gigante Gargantúa y su hijo Pantagruel,
ambos grandes comilones y amantes de la buena vida.
En esta novela se burla de
los defectos corrientes de su época, sin respetar siquiera los temas religiosos.
Contemporáneos de Rabelais fueron los hombres de "La Pléyade", entre los cuales
estaba el poeta Pedro Ronsard (1525-1585), gran entusiasta de los clásicos.
Montaigne (1533-1592) alcanzó celebridad al escribir Los Ensayos, una obra de
crítica que contiene altos conceptos filosóficos. En Alemania, el Renacimiento
fue más tardío y coincidió con las convulsiones de la Reforma.
Un poeta, Hans
Sachs, inmortalizado más tarde por Wagner, fue el autor de Los Maestros
cantores, obra que se inspiró en los "minnensingers" medievales. Portugal, que
se había lanzado a la gran aventura del descubrimiento del camino de las Indias
por las rutas del Sur, tuvo también su gran poeta íntimamente ligado a las
aventuras que vivió su país. La vida de Luis de Camoens (1524-1580) fue
apasionante. Perdió el ojo derecho peleando en Africa, fue a las Indias y
naufragó, estuvo preso y, como todos los grandes genios, sufrió calamidades sin
cuento hasta su muerte, que le encontró pobre y completamente ignorado. Cuando
su buque se hundió, Camoens, a costa de grandes apuros consiguió salvar su gran
poema Os Lusiadas, es decir las hazañas de los portugueses en la conquista de la
India. Sus principales protagonistas son Vasco de Gama y su protectora, la diosa
Venus.
LA POLIFONIA. La denominada "Ars Nova" trajo una gran libertad de formas
musicales. Representaba dicho estilo una revolución en la música religiosa, pero
fue pronto admitido en gracia a su belleza. El canto a muchas voces y en
polifonía, es decir, utilizando distintas líneas melódicas, alcanzó gran
esplendor. Solía realizarse sin acompañamiento. Su principal maestro fue Juan
Pierluigi de Palestrina (1526- 1594). Su maestría era tanta que a pesar de estar
casado fue nombrado cantor de la Capilla Sixtina del Vaticano por decisión
personal del papa Julio III, ya que estaba prohibido que los seglares, y más si
estaban casados, actuaran como cantores.
Años después Palestrina fue designado
director de la famosa Capilla, y en tiempo del papa Marcelo III escribió una de
sus famosas misas a él dedicadas. Aún no contaba treinta años de edad y a pesar
de ello su vida fue azarosa debido a la envidia que muchos clérigos tenían de
sus éxitos. Finalmente murió pobre a los 72 años. Sin embargo, el reconocimiento
posterior de la Iglesia ha sido notable, pues su cuerpo, por especial concesión,
descansa en la basílica de San Pedro de Roma.
Casi contemporáneo de Palestrina
vivió en España un gran músico: Tomás Luis de Victoria, autor de un oficio de
difuntos dedicado a la emperatriz María, hermana de Felipe II, y numerosos
motetes y composiciones de tipo religioso. No podía faltar en los palacios
renacentistas el cultivo de la música que durante la Edad Media había
permanecido en las iglesias o bien como manifestación popular. Aparecen ahora
los instrumentos de teclado como el clavicordio, el clave y la espinela que
fueron precursores del piano.
La viola y el laúd, así como la vihuela en España,
fueron también muy apreciados por sus dulces sonoridades. Hasta el siglo XVII no
debía llegar el predominio del violín. De esta época datan las composiciones
breves y encomiásticas, denominadas "motete" y "madrigal". También se usó el
"canon", o sea una composición que repite una melodía con distintas entradas y
tonos.
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