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La ciudad de Singapur
se encuentra en la isla más grande de las 63 que componen el Estado
de Singapur. Aquí, especialmente en la desembocadura del río
Singapur, la tradición asiática convive con las modernas
tecnologías.
Era el 28 enero 1819 cuando Thomas
Stanford Raffles, explorador y agente de la Compañía de las
Indias de Su Majestad británica, desembarcó en Singapur, una isla
situada en un extremo de la península de Malaca.
Lo esperaban un centenar de pescadores
malayos, una treintena de barcos y piratas chinos, y algunos
millones de mosquitos. Pero no se desanimó y envió un mensaje a su
país en el que decía que había encontrado el lugar en el que se
podría crear el emporio comercial más grande de Asia.
En Londres lo tomaron por loco, pero
en realidad, Raffles había intuido la potencialidad del enclave.
Poco más de diez años después, Singapur —que ya tenía 10.000
habitantes, llegados de India, China y Oriente Medio— se convirtió
en colonia británica. En 1869 la inauguración del
Canal de Suez —gracias al
cual su puerto quedó situado exactamente a mitad de camino entre
oriente y occidente— hizo el resto, tanto que la ciudad creció y se
enriqueció a un ritmo incesante, gobernada por un sano pragmatismo
más radical incluso que el de la Corona.
La bella fábula se interrumpió en
1941, con la entrada de Japón en la segunda guerra mundial. A pesar
de que Inglaterra hizo de Singapur un bastión inexpugnable, no
consiguieron repeler el ataque de los japoneses, que consiguieron
ocuparla y mantenerla en su poder durante tres años.
Fue una catástrofe económica y, más
aún, psicológica; entre la población asiática se acabó el mito de la
invencibilidad del hombre blanco, hasta el punto de que esta
constatación favoreció el camino hacia la independencia que se
produjo en 1959.
Únicamente una intuición genial,
similar a la de Raffles, permitió a la ciudad-Estado de 682
kilómetros cuadrados habitada por cuatro millones de personas y
privada de recursos naturales, incluida el agua que debe importar de
Malasia, continuar su prosperidad. Al grito de government knows
best («el gobierno lo sabe»), el carismático líder local de
origen chino, Lee Kuan Kew, ha trasformado la ciudad en un
centro industrial y financiero, logrando atraer al capital
extranjero a cambio de ventajas fiscales y aduaneras, estabilidad
política y mano de obra cualificada.
Singapur posee una
economía de mercado libre, próspera, caracterizada por un entorno
abierto. Tiene precios estables y uno de los PIB per cápita más
altos del mundo. Junto con Hong Kong, Corea del Sur, Malasia y
Taiwán, se considera Singapur como uno de los
“cinco
tigres asiáticos”.
Desde que la isla se convirtió en
república independiente en 1965, ha disfrutado de una exitosa y
vigorosa política de comercio libre introducida por su entonces
Primer Ministro Lee Kuan Yew. Esto ha provocado una mejora
del nivel de vida sin precedentes (la mayoría de los habitantes son
dueños de sus viviendas) y un crecimiento económico exponencial
debido principalmente a la industria de la exportación.
Hoy día en Singapur se encuentra la
sede central de 200 bancos, el puerto disputa al de Roterdam el
primer puesto en el tráfico marítimo mundial, se refina buena parte
del crudo mundial y son numerosas las industrias químicas,
electrónicas y farmacéuticas. Pragmatismo y autoridad han hecho que
Singapur haya logrado el reconocimiento de ser la ciudad más
ordenada y limpia del mundo. Además, no le falta una cierta
fascinación, dado que las numerosas etnias que la habitan han creado
pequeños y coloristas «países» en cada barrio de la ciudad, con
amplios y vistosos espacios verdes (como el Jardín de las Orquídeas,
el más grande del mundo), y el Distrito Colonial.
Este último tiene su corazón en el
Padang, una amplia área verde rodeada cíe edificios blancos de
estilo neoclásico, donde se encuentra desde la Corte Suprema hasta
el Citty Mali, desde la Catedral de Saint Andrew hasta
el Teatro Victoria y al Boat Quay, el paseo a lo largo del
canal natural que lleva hasta el mar.
Aquí la estatua de Thomas Raffles
señala el Singapore Landing Site. En estos lugares históricos
se levantan numerosos rascacielos, entre ellos los más altos como el
United Overseas Bank Plaza y el Overseas Unión Bank Centre,
que se elevan 280 metros, además de muchísimos centros comerciales
que han hecho de Singapur la meca de las compras.
Pero, más que ningún otro, el símbolo
de la ciudad es el Raffles Hotel, el hotel de lujo más conocido de
Oriente: desde 1887, fecha de su inauguración, ha albergado a
aventureros, escritores, políticos y magnates de las finanzas. Es
decir, a todos aquellos que han contribuido a crear el mito de
Singapur.
No por casualidad, es el único lugar
dedicado al por otra parte mítico sir Thomas, del que toda la ciudad
podría llevar su nombre. Pero quizá fue él mismo el que decidió que
fuera de otra manera, ya que cuando desembarcó allí Singapur tenía
ya un nombre de prometedor futuro, Singaoura, la «Ciudad del León». |