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La
base de cualquier Estado y de cualquier gobierno es la existencia de un enemigo.
La lucha contra un enemigo común sirve para aglutinar más a las masas. Un
peligroso enemigo externo muchas veces aparece de manera espontánea o
imprevisible, pero según Strauss, y los políticos que han caído bajo su
influencia, si ese enemigo no existe, es necesario crearlo. Si no hay uno a
mano, éste debe ser fabricado, porque sin un enemigo poderoso se corren riesgos
de que se den las condiciones para que aparezcan importantes niveles de disenso
interno que pongan en riesgo la conducción del Estado y el dominio de un país
por los “elegidos” a través del derecho natural, o sea los más fuertes.
Obviamente es necesario entender que en un régimen capitalista global, los más
fuertes no son otros que los más ricos.(uno
de los principio de la filosofía política del alemán Leo Strauss)
Si el
enemigo actual del capitalismo corporativo anglo-norteamericano, manejado por su
elite, no es otro que el terrorismo islámico internacional, manufacturado por
ella misma, es necesario hacer notar que hasta hace poco más de una quincena de
años no era así. Entre 1989 y 1991 se derrumba el bloque soviético, que desde la
Segunda Guerra Mundial, era el “gran enemigo occidental” según lo que
prácticamente toda la prensa internacional reconocía. Sólo entonces, cuando se
derrumbó el imperio soviético, “nació” el terrorismo en la magnitud y con la
metodología actual. ¿Qué hubiera ocurrido si en cambio tras el derrumbe
soviético, el mundo hubiera ingresado en una etapa de paz mundial muy
prolongada, como algunos pronosticaban?
Las
agencias internacionales de espionaje habrían perdido una buena parte de su
razón de ser, las empresas de armas habrían visto recortadas sus ganancias, y
deberían haber afrontado un duro proceso de reconversión, la industria petrolera
anglo-norteamericana se encontraría en una muy difícil situación, dado que no
tendría pretextos para empujar a sus gobiernos a la guerra en Oriente Medio, con
lo que sus posibilidades de negocios se extinguirían a medida que se acaba el
petróleo inglés del Mar del Norte y el norteamericano en Texas.
Finalmente, muchos de los principales bancos del mundo probablemente se
encontrarían en un muy precario estado de debilidad debido a sus lazos con esos
sectores, dado que no se han limitado a proporcionarles financiamiento, sino que
son controlados por los mismos clanes familiares, propietarios ocultos de las
petroleras. Sobrarían recursos para la lucha contra el narcotráfico, el cual no
podría trabajar con las grandes facilidades que hoy lo hace en países como
Afganistán o Colombia. Una lucha con más y mejores recursos contra el
narcotráfico debilitaría a su vez a muchas agencias internacionales de
espionaje, que se nutren de esos fondos “negros’, y a buena parte del sistema
financiero internacional que ha obtenido grandes ganancias del lavado —y de la
liquidez— que aportan sus ganancias.
Entonces, estaríamos en otro mundo quizá no necesariamente estable, pero sería
un mundo en el que la elite que hoy determina los acontecimientos tendría mucho
menos poder, y la misma se iría extinguiendo y fraccionando. Por supuesto, no
estaríamos leyendo en las primeras planas de los diarios titulares como Clarín
del 12 de septiembre de 2006, basado por entero, según declara el matutino, en
una noticia publicada por USA Today del día anterior: “Incremento millonario del
gasto en seguridad en todo el mundo: "Este año se invertirán US$ 59.000 millones
seis veces más que en el año 2000"
Por
eso es de hacer notar que la presencia de algún enemigo mortal como es hoy el
terrorismo, y antes lo era la Unión Soviética, es siempre funcional a los
intereses de esa elite que ha corrompido las estructuras políticas y económicas
de muchísimas naciones tras la fachada de la “democracia’ y del supuesto
“capitalismo de libre mercado’.
Sin
embargo, así como el terrorismo actual es prácticamente manufacturado a “medida’
de la propia elite que se dice horrorizada por su existencia, cuando se
investiga el ocaso y la caída del bloque soviético aparecen varios elementos que
son una muestra clara de que la manipulación, la creación, o al menos un
estímulo determinante a la organización y el sostenimiento del enemigo no son
nada nuevos.
Fuente Consultada: Nadie Vio
Matriz de Walter Graziano (podes comprar el libro aquí)
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