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FUNDACIÓN DE LA SOCIEDAD DE LAS
NACIONES: (SDN)
La
Primera Guerra Mundial había demostrado que los sistemas reguladores de la vida
internacional, prime-roel de Congresos propuesto en Viena en 1815, luego el de
bloques inspirado por Bismarck, no habían puesto fin a uno de los azotes de la
humanidad, el enfrentamiento armado entre las naciones.
Con
la perfección técnica de las armas acuciaba encontrar un sistema arbitral. Algún
diplomático pensó en el regreso al sistema de la Santa Alianza, el orden
internacional regulado por las grandes potencias, pero su ideología reaccionaria
resultaba inaplicable en un siglo de democracia. En plena guerra, Woodrow Wilson
se refirió en varias ocasiones a la necesidad de una organización internacional,
con participación de todas las naciones, que garantizara la paz en el mundo. En
su discurso al Senado el 22 de enero de 1917 alude a una “Liga para la paz”, y
el último de sus catorce puntos (discurso al Congreso de 8 de enero de 1918)
prevé la formación de una “asociación general de naciones”. Inspirándose en las
idealistas formulaciones del presidente norteamericano, el Tratado de Versalles
recoge en su articulado el Pacto de la Sociedad de Naciones, que entra en vigor
el mismo día que el Tratado, el 10 de enero de 1920.
La
nueva institución se proponía el mantenimiento de la paz y la seguridad
internacionales. Aunque no prohibía el recurso a la guerra, los Estados miembros
asumían ciertos compromisos de agotar primero todos los procedimientos pacíficos
de solución de los conflictos (artículos 21 y siguientes).
Dos
artículos ofrecen una especial complejidad interpretativa: el 10, que intenta
definir la agresión, y el 16, que establece sanciones económicas y militares
contra el Estado agresor. Pruebas de la casuística que provocaron son intentos
de revisión a partir de 1924. Al no firmar el Pacto Estados Unidos, por
oposición del Congreso, queda la flota inglesa como único instrumento para
llevar a cabo las sanciones económicas.
Con
su sede en Ginebra, la Sociedad de Naciones (SDN) montó su estructura orgánica a
través de los siguientes organismos:
a) Asamblea General de todos los
Estados miembros, que se reúnen anualmente.
b)
Consejo de nueve miembros —más tarde 13—, de los cuales cinco son permanentes, a
la manera de un directorio similar al establecido en el Congreso de Viena de
1815.
c) Secretario, que actúa de
coordinador.
d)
Tribunal Internacional de Justicia, con sede en La Haya.
e) Oficina Internacional de
Trabajo (OIT), con personalidad jurídica independiente, encargada de defender
los intereses de los trabajadores por medio de convenios internacionales.
Aunque se proponía ser una organización universal, su primera limitación fue su
falta de universalidad, y aunque el inspirador había sido el presidente
norteamericano, su primera ausencia trascendente fue la de Norteamérica. Los
aliados se opusieron al ingreso de Alemania hasta 1926, y la URSS no fue
admitida hasta 1934.
La
cadena de agresiones-sanciones en los años 30 produjo la retirada de sucesivas
potencias: Alemania y Japón en 1933, Italia en 1937. La URSS fue expulsada por
su ataque a Finlandia en 1939. Efectivamente, nunca fue universal, ni consiguió
evitar las anexiones y tendencias expansivas de los Estados totalitarios. Ni,
sobre todo, pudo impedir la nueva conflagración mundial en 1939. Pero su balance
no es negativo. No se limitó a ser una Santa Alianza de vencedores” , como la
motejaron sus críticos. Solucionó algunos problemas internacionales con la
aplicación de los mecanismos arbitrales de su articulado, constituyó una
experiencia en la búsqueda de un nuevo orden mundial y algunas de sus
instituciones han subsistido en la ONU de la segunda posguerra.
RELACIONES INTERNACIONALES DE
ENTREGUERRAS:
Versalles no soluciona los complejos problemas que la guerra ha dejado como
herencia; veinte años después, en 1939, se inicia otra contienda cuya capacidad
de destrucción está potenciada por la modernización del aparato bélico. Las
relaciones internacionales de estos veinte años de entreguerras ofrecen, por
tanto, un particular interés para la historia de Europa. En conjunto la política
internacional pasa por cuatro fases:
—
Primera fase (1919-1924). Tensiones derivadas de la aplicación de las cláusulas
de los Tratados de paz.
—
Segunda fase (1925-1929>. Tratado de Locarno; años de concordia, con la
incorporación de Alemania a la Sociedad de Naciones y programas de renuncia a la
guerra.
—
Tercera fase (1929-1932). Está dominada por los recelos provocados por la
insolidaridad durante la crisis económica.
—
Cuarta fase (1932-1939). Tensiones de los años treinta, con la resurrección de
los nacionalismos y la política exterior agresiva de los Estados fascistas, que
derivan en bruscos cambios de alianzas, denominados por Pabón “virajes hacia la
guerra
IMPOTENCIA DE LA SDN:
A
partir del otoño de 1931 incidentes aislados demuestran la inoperancia de la
Sociedad de Naciones. Los fracasos más resonantes son la crisis de Manchuria y
el de la Conferencia de Desarme del año 1933.
La
ocupación japonesa de Manchuria ha sido considerada como el primer eslabón de la
política expansiva que desembocará en la Guerra del 39. Para Japón la necesidad
de espacios se había convertido en imperiosa ante el crecimiento constante de su
población. Un acontecimiento insignificante, el sabotaje de algún grupo chino a
la línea férrea sur manchuriana, cuyo control correspondía a Tokyo según el
Tratado de 1905, provoca la ocupación total de Manchuria y el nombramiento de un
régimen títere. Las reclamaciones chinas y las recomendaciones de la Sociedad
ginebrina no son escuchadas por el gobierno nipón.
Tokyo
convoca en marzo de 1932 un plebiscito, controlado por el ejército de ocupación,
proclama el Estado de Manchukúo, a cuya cabeza coloca al último emperador
destronado de China, Po-Yi, y convierte el territorio en protectorado japonés.
Se trata del primer capítulo en la expansión nipona por el continente.
Qué
valor tendrían en lo sucesivo las resoluciones de la Sociedad de Naciones? Su
único recurso, las sanciones, se reduce a medidas simbólicas de no aceptación de
la moneda del nuevo Estado de Manchukúo en los pagos internacionales. Era claro
que los conflictos no dependerían en lo sucesivo de acuerdos colectivos sino de
las decisiones de las grandes potencias.
En
1933 el organismo ginebrino convoca una Conferencia de Desarme, a la que asiste
Estados Unidos. Los rusos proponen la renuncia sin control a todo tipo de
armamento, los americanos la reducción a un tercio del nivel existente, los
ingleses la fijación de un nivel idéntico para las grandes potencias; los
franceses, en el plan Herriot, la colocación del armamento pesado bajo control
de la Sociedad de Naciones. No fue posible el acuerdo entre propuestas tan
dispares.
Tras
el fracaso de la Conferencia de Desarme las naciones se consideran con el
derecho moral a volcar su potencia en el rearme. En esos meses un acontecimiento
más grave, el inicio del régimen nazi en Alemania, va a definir, con el rechazo
total del Tratado de Versalles y la política hitleriana de expansionismo
territorial, una fase nueva en las relaciones internacionales, fase de tensión
creciente y de conflictos que anuncian un nuevo enfrentamiento armado entre las
naciones.
Una
voz de esperanza había aparecido en el mundo. En mayo, el nuevo presidente
norteamericano, Franklin Delano Roosevelt (foto) , hizo público un llamamiento a
los jefes de los 54 Estados representados en la Conferencia para que no
permitieran un fracaso, que sería letal para la paz y la estabilidad. No fue
escuchado.
Fuente Consultada: Historia del Mundo
Contemporáneo A. Fernández
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