Características de la Sociedad Feudal
Pirámide Social Medieval

EDAD MEDIA: FORMACIÓN DE LA SOCIEDAD FEUDAL ORIGEN DEL FEUDALISMO, CARACTERÍSTICAS

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LA SOCIEDAD FEUDAL: A comienzos de la Edad Media, el mundo europeo se componía esencialmente de dos tipos de hombres: campesinos (labradores) y nobles (hombres de guerra). Los otros estratos sociales (comerciantes y artesanos), situados entre estos dos tipos, eran poco numerosos y de relativamente poca importancia.

Durante aproximadamente un milenio, hasta el 1100 d.C., la vida se ruralizó sin profundas alteraciones: los campesinos trabajaron cada familia en su lote. El labrador, ligado a la tierra desde la época de Diocleciano y Constantino, seguía el destino de ésta, sin desplazarse de una región a otra; estaba ligado social y económicamente al señor, a sus herederos o a los compradores de la tierra que trabajaba. Era la servidumbre de la gleba. No podía emigrar ni huir, ni podía, por lo tanto, ser clérigo (sacerdote o intelectual), ni comerciante. Parte de lo que producía el campesino se destinó al noble —el '"'defensor"— a quien había sido confiado aquel feudo, y otra parte era entregada a la Iglesia.

Con la primera invasión de los bárbaros —nuevos señores—, y en especial a partir de la segunda (la de los normandos), sobre todo para la defensa, el señorío adquirió un acusado tinte militar: el antiguo propietario fue sustituido por el noble feudal.

El noble feudal, a su vez, había recibido estas tierras de otro señor —noble de mayor jerarquía— a cambio de su vasallaje. Este vasallaje se traducía siempre en un pago fijo: trigo, madera u otros productos, más el compromiso de presentarse delante del señor en caso de guerra con tantos hombres armados y luchar por y con él o defenderlo en toda otra ocasión.

Había campesinos libres y pequeños nobles con pocas tierras y grandes nobles con numerosos feudos que arrendaban a terceros, constituyendo una pirámide de vasallaje. En algunos territorios aparecen los reyes, elegidos —personalmente o como dinastía— entre los grandes nobles y por ellos también destronados muchas veces.

Es un mundo inmóvil. En la base de la pirámide, los campesinos ligados a la tierra, formando con ella una unidad productiva: el feudo. Sobre esa base, una sucesión de pequeños, medios y grandes vasallos, de los cuales salían los reyes.

Paralelamente a esa pirámide, se erguía la pirámide de la Iglesia, también propietaria de feudos, pero con características propias. Gracias al celibato clerical, sus tierras no se dividían entre herederos. En compensación, un hombre pobre, siempre que fuera libre podía ascender con mayor facilidad en la Iglesia que en el mundo laico. Aquella base económica facilitó la organización de la Iglesia como el único gran poder centralizado del período y le permitió desempeñar importantísimo papel.

Los reinos medievales no tenían ninguna semejanza con las naciones modernas. Un rey disponía de poder total sobre sus propios feudos (heredados, comprados o conquistados) y de un poder limitado sobre los de sus vasallos. Las fronteras de sus dominios iban variando de acuerdo con los casamientos, alianzas, traiciones y juramentos de vasallaje.

Cuando los reyes morían, los herederos repartían el territorio del reino en varias partes: eran propietarios de tierra con vasallos, no jefes de un país o nación. El universo feudal se presentaba, así, profundamente atomizado. Mas esa fragmentación llevaba, paradójicamente, a un cierto universalismo que dominó el pensamiento medieval. Si todo el mundo estaba organizado de esa misma forma, si en todos los lugares la Iglesia disponía de los mismos poderes, y si todos los hombres respetaban costumbres semejantes, entonces todos los lugares se equiparaban y todos los hombres que los habitaban podían ser medidos por los mismos patrones y valorados de la misma manera.

Los intelectuales —en su abrumadora mayoría eclesiásticos, si se exceptúa a la minoría judía, generalmente alfabeta— poseían una visión más cosmopolita y unitaria de la especie humana, de su destino y de sus deberes. En ese mundo, todos tenían su lugar designado, incluso antes de nacer. Como la nobleza era hereditaria, los recién nacidos ocupaban automáticamente el lugar del padre en la pirámide de la jerarquía feudal. La movilidad entre las categorías sociales era mínima. Pocos ennoblecían y sólo algunos campesinos entraban a formar parte del clero, aunque a veces llegaran a papas.

La sociedad feudal típica se dividía en estamentos hereditarios (estrato social específico con funciones propias), algo diferentes de la rigidez de las castas hindúes (se podía ennoblecer y desnoblecer), pero con menor flexibilidad que la sociedad de clases (división económica) de la Europa occidental moderna.

FORTUNAS BURGUESAS SOSTIENEN LAS CORONAS
Esa sociedad, tal como fue descripta, representa, sin embargo, un modelo ideal. Quiere decir que nunca existió de esta forma en estado puro. Durante toda esa época, siempre existió en lo alto de la pirámide nobiliaria la tendencia de los nobles más poderosos a unificar todo el sistema feudal bajo un único centro y en un solo Estado, de la misma forma que ocurriría en la Iglesia (las tentativas más audaces fueron efectuadas por Carlomagno y, posteriormente, por varios emperadores del Sacro Imperio, como Federico II).

Pero esa unificación jamás se dio porque ninguna categoría social dirigente estaba interesada en un "Estado paneuropeo". Los únicos que se empeñaban en ello eran los candidatos a emperador y algunos juristas e intelectuales, pero, sin el apoyo de una clase social importante, los sueños de unidad imperial morían con los interesados.

Entretanto, precisamente cuando la Iglesia Católica, bajo Gregorio VII, parecía haber vencido definitivamente a los emperadores, que no querían ser sólo el "brazo armado" unificado de un soberano, juez o arbitro general religioso, Europa comienza a fragmentarse en naciones que se sustraen a su imperio. Algunos reyes consiguen lo que los candidatos a emperador no habían conseguido antes: poder para luchar contra los grandes nobles rivales y contra la Curia centralizadora. Y la fuente de ese poder es el dinero.

Fuente Consultada:
La Historia de la Humanidad H.W. Van Loon
Enciclopedia Encarta 2000
Historia Medieval Tomo II Editorial Kapelusz
Wikipedia
Historia Universal Tomo I Navarro-Gargari-Gonzalez-Lopez-PAstoriza

La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I

Trabajo Enviado Por: Pedro J. Jacoby Para Planeta Sedna 
  (10-05-2012)

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