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La Sociedad
Rural
De regreso de Europa en 1858, e! rico hacendado Eduardo Olivera,
impresionado por las exposiciones rurales a que había asistido en
Birmingham y Salisbury, auspició ¡a creación de una asociación que
promoviera la mejora de la ganadería. La reunión inicial se realizó
en la ex casa de Rosas, en Palermo, con la asistencia de Sarmiento.
La guerra civil impidió la concreción inmediata del proyecto.
De vuelta de otro viaje a Europa en 1866, Olivera recibe la
invitación de su amigo José Martínez de Hoz para organizar juntos la
proyectada asociación. El 16 de agosto de ese mismo año se realiza
una reunión en casa de Federico y Benjamín Martínez de Hoz y allí se
procede a declarar instalada la Sociedad Rural Argentina,
nombrándose una comisión directiva compuesta por José Martínez de
Hoz como presidente y Ricardo B. Newton como vicepresidente. Las
"bases y reglamentos" adoptados habían sido redactados por Olivera.
La Sociedad fue por cierto en sus orígenes —y lo seguiría siendo por
nuches años— sumamente restringida. Para darnos una idea de su
exclusivismo basta recordar que su acta de fundación fue firmada por
tan solo sesenta y tres ciudadanos, todos ellos ricos estancieros
¡¡gados entre sí por vínculos familiares o amistosos.
La primera exposición de la Sociedad Rural se realizó en abril de
1875 en un terreno, en Florida y Paraguay, cedido por uno de los
miembros, Leonardo Pereyra. Asistió a la exposición el presidente de
la República, que entonces era Nicolás Avellaneda. Recién en 1878 el
local de exposiciones fue trasladado a Palermo, donde actualmente se
encuentra, gracias a Sarmiento, que consiguió de! Congreso una ley
que cedía los terrenos por veinte años, plazo que fue después
prolongado en varias oportunidades.
Desde su fundación la Sociedad Rural Argentina se adjudicó la
representación de la clase ganadera en su totalidad, pero en
realidad representaba tan solo a un núcleo muy reducido dentro de
ella, a los más poderosos. Si en sus orígenes, como dijimos, sus
miembros no llegaban a cien, setenta años después, en 1936, apenas
si llegaban a dos mil,y recién en la década del sesenta alcanzan la cifra récord de nueve
mil miembros, solo el 10 por ciento de la ciase ganadera. En
realidad la Sociedad Rural actuó siempre con las características de
una sociedad secreta con poderes ocultos, siendo secreto el
procedimiento de las admisiones de socios.
No se admiten por
supuesto en ella a medianos y pequeños propietarios ni a chacareros,
ni a colonos ni a arrendatarios. Los cargos principales de la
Comisión Directiva están siempre en manos de las principales
familias de la oligarquía ganadera: Anchorena, Martínez de Hoz,
Pereyra Iraola, Peralta Ramos, Ocampo, Pueyrredón, Guerrero, Herrera
Vegas, etcétera. Esta Sociedad de tan reducidas dimensiones manejará
los hilos de la economía del país hasta el advenimiento del
peronismo. Entre 1910 y 1943 cinco de los nueve presidentes fueron
hombres pertenecientes a la Sociedad Rural y, por supuesto, ricos
estancieros. En ese mismo período, de unos 93 ministros, 39 fueron
miembros de la Sociedad. Principalmente a la Sociedad Rural le
interesaba controlar los ministerios de mayor importancia:
Relaciones Exte riores, Hacienda y Guerra.48 El hecho más
representativo del enorme poder de la Sociedad Rural es que
consiguió subsistir a todos los cambios políticos, controló por
igual a los gobiernos conservadores hasta el 16, a los gobiernos
radicales hasta el 30 y después nuevamente a los conservadores.
Su momento más difícil debió pasarlo, como es obvio, bajo el
gobierno peronista, pero finalmente también entonces logró salir
incólume. Las elecciones de comisión directiva de la Sociedad Rural
de 1945 fueron disputadas por el ingeniero José María Bustillo,
francamente antiperonista, y José A. Martínez de Hoz, de tendencia
más conciliadora. Era el momento álgido de la lucha contra Perón, y
triunfó José María Bustillo.
La Exposición Rural de ese año fue un verdadero acto político contra
el peronismo. Perón, presintiéndolo, no asistió al mismo; en cambio
sí lo hizo su principal enemigo, el embajador norteamericano
Spruille Braden, quien fue aclamado por los presentes.
En su
discurso, violentamente antiperonista, el ingeniero Bustilio dijo refiriéndose al
gobierno: "Parece que la productividad no les interesa en el afán de
flotar, momentáneamente, en las aguas caudalosas de la popularidad".
La situación entre la Sociedad Rural y el gobierno peronista se hizo
insostenible: Perón le negaba a Bustillo todo pedido de audiencia.
Comprendiendo que no se podía seguir así, los socios de la entidad
pidieron a Bustillo la renuncia y otorgaron la presidencia a
Martínez de Hoz. Con el cambio las relaciones mejoraron algo, y
Martínez de Hoz llegó a jactarse de haber convencido a Perón del
error de destruir los latifundios.
Fuente Consultada:
Los Oligarcas Juan J. Sabreli La Historia Popular Tomo 15 Vidas
y Milagros de Nuestro Pueblo |