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EL
SOL: Si
bien el Sol, en cuanto objeto astronómico, no es más que una estrella promedio,
relativamente débil y fría, para nosotros, habitantes de uno de sus satélites,
resulta indispensable conocerlo en detalle, pero además nuestra ubicación
privilegiada, nos brinda la posibilidad, a través suyo, de conocer muy bien una
estrella y, en base a ello, construir y probar las teorías sobre la naturaleza
de las estrellas en general.
Lo
que sucede en el Sol concierne a mucha gente y no sólo a los astrónomos. Las
erupciones solares pueden callar las comunicaciones de radio de largo rango,
interrumpir sistemas de potencia y cambiar las órbitas de los satélites.
Muchas
actividades espaciales y terrestres requieren un buen conocimiento de las
condiciones presentes en el Sol y de su comportamiento en el futuro. Hasta se ha
desarrollado una organización internacional para monitorear la actividad solar
de hora en hora y transmitir informes a todo el mundo.
Durante los últimos años se han acumulado pruebas que indican claramente que el
ritmo intenso a que se están quemando los combustibles fósiles está contaminando
seriamente la atmósfera de la Tierra con su principal producto de combustión el
anhídrido carbónico. Los efectos a largo plazo de tal contaminación podrían
conducir a cambios ecológicos y climatológicos de mucha importancia. puesto que
el anhídrido carbónico es uno de los gases más importantes en la regulación
térmica de la atmósfera. Del mismo modo, a menudo se ha expresado la
preocupación de que la eliminación de los productos de desecho de las reacciones
de fisión, que son fuertemente radiactivos y mortales, constituyan una
dificultad para el amplio desarrollo de estas fuentes de energía.
La
mayor fuente de energía, no del todo aprovechada, es la energía de la radiación
solar que cae sobre la Tierra. Muchos expertos la consideran como una fuente de
energía a largo plazo a la cual el hombre, al final, tendrá que recurrir; en la
actualidad es una fuente de energía potencial cuya explotación será más bien
problemática en el orden tecnológico que en el de la abundancia.
Los
métodos que aprovechan la energía solar se fundamentan en dos principios
importantes: concentración de los rayos solares en un punto por medio de espejos
parabólicos y absorción de los rayos solares por medio de superficies
absorbentes, que suelen ser grandes placas ennegrecidas. Los hornos solares
funcionan por medio de un espejo; el más importante es el instalado en Mont
Louis, en Francia, que tiene 11 metros de diámetro; en su foco se han logrado
temperaturas de 3.000 ºC, lo que ha permitido la fusión de materiales muy
refractarios. Existen instalaciones semejantes en Argel y en California. Los
denominados motores solares actúan a partir de espejos parabólicos.
En
Los Angeles existe un motor solar que consta de un espejo de 10 metros de
diámetro y produce vapor a 12 atmósferas que acciona un alternador, lo mismo que
en las centrales térmicas. En Egipto se han instalado motores solares para
accionar bombas de riego. Algunos de estos motores solares funcionan por medio
de placas planas, pues lo que se necesita no es mucha temperatura, sino mucha
cantidad de calor repartida en una gran superficie; con ellos, en Italia, se
vaporiza anhídrido sulfuroso.
También las necesidades más ordinarias en la vida del hombre, y no únicamente
los fines técnicos, han creado medios para aprovechar la energía solar. Tal vez
el más curioso fue el instalado en Monte Wilson a base de un espejo accionado
por un aparato de relojería en cuyo foco había un tubo ennegrecido por el
interior del cual circulaba aceite de un termosifón que alimentaba un recipiente
de 200 litros. La temperatura lograda fue de 1750.
En la
India se montan hornillos de uso doméstico en una especie de espejo parabólico
orientado de cara al Sol, en cuyo foco se dispone la olla que se quiere
calentar. Sin gasto alguno de combustible se obtienen resultados como si se
tratara de una cocina eléctrica de 300 vatios.
Sin
embargo, los estudios más recientes se aplican al uso de la energía solar en la
calefacción doméstica. El tejado se recubre con hojas de metal ennegrecido,
encima de las cuales va dispuesto un haz tubular, llamado base, y los puntos en
que se apoyan, insolador, por el que circula agua calentada por el sol entre los
tubos y un depósito del que parten las conducciones para la distribución del
agua por la casa. A veces se usan colectores verticales situados en la fachada
de mediodía.
Otros
usos más peculiares son los de destilación de agua, muy útil para países como
Túnez y Argelia, donde se han instalado aparatos similares a los construidos en
Mónaco por J. Richard. Constan de madera ennegrecida y vidrio delgado, que
pueden dar 3,5 litros de agua destilada por metro cuadrado y por día en junio y
0,5 en diciembre.
En
Turquestán se han instalado aparatos para refrigerar enviando los rayos
concentrados del Sol hacia un frigorífico de amoníaco. Con estos sistemas se han
logrado temperaturas de 60 bajo cero.
Aprovechando el principio físico de las corrientes de convección, debidas a
diferencias de densidad, ocasionadas, en este caso, por las diversas
temperaturas existentes en los dos conductos de aceite que parten del depósito
superior, se puede lograr un transporte de ca. br desde los espejos exteriores,
calentados por el sol, al interior de las habitaciones.
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