|
Diez Respuestas a Diez Mentiras
Plantar árboles puede ser muy bueno, pero también puede ser muy malo. Depende de
su objetivo, de su escala, del sitio donde se instalen y de los beneficios o
perjuicios que generen para las poblaciones locales. Las plantaciones a gran
escala con especies de rápido crecimiento, tales como eucaliptos y pinos, son
las que generan mayores impactos negativos, tanto en lo social como en lo
ambiental. Debido a dichos impactos, ese tipo de plantaciones ha dado lugar a
luchas generalizadas en su contra. La respuesta de las empresas plantadoras y de
los promotores que impulsan este modelo ha consistido en desmentir la ocurrencia
de tales impactos y en elaborar y difundir una engañosa propaganda destinada a
ganar apoyo en sectores no informados de la población. Entre las muchas
falsedades publicitadas en favor de los monocultivos forestales a gran escala se
encuentran las 10 siguientes:
Mentira 1: Las plantaciones
forestales son "bosques plantados".
Tanto
los técnicos como las empresas insisten en llamar "bosques plantados" a las
plantaciones. Esta confusión entre un cultivo (de árboles) y un bosque es el
punto de partida de la propaganda en favor de las plantaciones. En un mundo
concientizado sobre el grave problema de la deforestación, la actividad de
"plantar bosques" es generalmente percibida como algo positivo. Sin embargo, una
plantación no es un bosque y lo único que tienen en común es que en ambos
predominan los árboles. Allí termina su similitud. Un bosque contiene:
Numerosas especies de árboles y arbustos de todas las edades.
Una
gran cantidad de otras especies vegetales, tanto en el suelo como sobre los
propios árboles y arbustos (trepadoras, epífitas, parásitas, etc.). Una
enorme variedad de especies de fauna, que encuentran allí abrigo, alimentos y
posibilidades de reproducción.
Esa
diversidad de flora y fauna interactúa con otros elementos como los nutrientes
del suelo, el agua, la energía solar y el clima, de tal manera que aseguran su
autoregeneración y la conservación de todos los elementos que lo componen
(flora, fauna, agua, suelo). Las comunidades humanas también forman parte de los
bosques, ya que muchos pueblos los habitan, interactúan con ellos y allí
obtienen un conjunto de bienes y servicios que aseguran su supervivencia.
A diferencia del bosque, una plantación comercial a gran escala se compone de:
Una o
pocas especies de árboles de rápido crecimiento, plantados en bloques homogéneos
de la misma edad, y muy escasas especies de flora y fauna que logran instalarse
en las plantaciones.
Las
plantaciones comerciales requieren preparación del suelo, selección de plantas
de rápido crecimiento y con las características tecnológicas requeridas por la
industria, fertilización, eliminación de "malezas" con herbicidas, plantación a
espaciamiento regular, cosecha en turnos cortos.
Por
otra parte, en el mejor de los casos, las comunidades humanas son percibidas
como proveedoras de mano de obra barata para la plantación y para la cosecha de
los árboles que se realizará años más tarde. Como además su objetivo es producir
y cosechar grandes volúmenes de madera en el menor tiempo posible, se puede
decir que tiene las mismas características que cualquier otro cultivo agrícola.
Por lo tanto, no se trata de un "bosque", sino de un cultivo.
En
síntesis, una plantación no es un "bosque plantado", ya que además de todo lo
anterior, resulta evidente que no es posible plantar, ni la diversidad de flora
y fauna que caracteriza a un bosque, ni el conjunto de interacciones con los
elementos vivos e inorgánicos que se dan en un bosque.
Mentira 2: Las plantaciones
forestales mejoran el medio ambiente
Presentadas como "bosques plantados", se dice que las plantaciones sirven para
proteger y mejorar los suelos, para regular el ciclo hidrológico y para
conservar la flora y la fauna locales.
1)
Los suelos. Este tipo de plantaciones tienden a degradar los suelos por la
conjunción de una serie de factores:
Erosión, en particular porque el suelo queda desnudo durante los 2 primeros años
posteriores a la plantación y durante los 2 años posteriores a la cosecha, lo
que facilita la acción erosiva del agua y del viento.
Pérdida de nutrientes, tanto por la erosión como por los elevados volúmenes de
madera extraídos del sitio cada pocos años.
Desequilibrios en el reciclado de nutrientes. Por tratarse de especies exóticas,
los organismos descomponedores locales encuentran grandes dificultades para
descomponer la materia orgánica que cae de los árboles (hojas, ramas, frutos),
por lo que los nutrientes que caen al suelo demoran mucho en poder volver a ser
reutilizados por los árboles. Tanto en el caso de pinos como eucaliptos, es
común ver cómo se va acumulando sin descomponer la hojarasca sobre el suelo.
Compactación, por el uso de maquinaria pesada, lo que dificulta la penetración
del agua de lluvia y facilita la erosión.
Difícil reconversión del conjunto de esos y otros impactos, resulta que en
muchos casos resultará muy difícil poder volver a utilizar esos suelos para la
agricultura.
2) El
agua. Este vital elemento es afectado tanto en cantidad como en calidad:
A
nivel de cuenca, el volumen de agua disponible tiende a disminuir luego de la
instalación de estas plantaciones. En realidades tan diversas como el sur de
Chile, el estado de Espírito Santo en Brasil, Sudáfrica o Tailandia, se constata
que el régimen hídrico sufre cambios negativos importantes como resultado de la
plantación de grandes áreas de pinos y eucaliptos de rápido crecimiento. Ello se
debe a varios factores, pero el principal es el elevado consumo de agua de estas
especies. Para crecer, los vegetales llevan los nutrientes del suelo hasta las
hojas, donde se produce la fotosíntesis. El vehículo para llevar los nutrientes
hasta la hoja es el agua. Para crecer más, necesitan más nutrientes, lo que
implica mayor uso de agua para transportarlos hasta las hojas. Dado que se trata
de extensas plantaciones creciendo a un ritmo muy acelerado, los impactos sobre
el agua se vuelven cada vez más graves, y llegan hasta la desaparición de
manantiales y cursos de agua.
Para
confundir, los promotores de las plantaciones arguyen que algunas especies de
árboles (en particular eucaliptos) producen más biomasa por unidad de agua
utilizada y que por consiguiente son más "eficientes" que los árboles nativos.
Sin embargo, no toman en cuenta que las plantaciones de eucaliptos son
notoriamente "ineficientes" en la producción de alimentos, forraje, medicinas,
fibras vegetales, frutos, hongos y otros productos que la gente local obtiene de
los bosques. Además, resulta irrelevante definir la eficiencia de una plantación
de eucaliptos para producir madera con una determinada cantidad de agua, si de
todas formas utiliza más agua que la que el área puede producir.
Las
especies más comúnmente utilizadas en plantaciones (eucaliptos y pinos)
dificultan la infiltración del agua en el suelo, lo que, sumado al enorme
consumo de agua, agrava los impactos a nivel de cuenca.
La
calidad del agua también se ve afectada, tanto por la erosión como por el uso
generalizado de agroquímicos, que la contaminan.
3) La
flora. Los impactos sobre la flora local son múltiples y graves debido a la gran
escala de estas plantaciones, que afectan a una enorme cantidad de hábitats:
En
muchos casos, las plantaciones constituyen un factor de deforestación, ya que su
instalación es precedida por la tala o incendio del bosque preexistente, tal
como sucede a menudo en áreas tropicales y en particular en Indonesia. En estos
casos el impacto es enorme en la zona templada, la flora del ecosistema de
pradera disminuye su abundancia y riqueza cuando sobre la misma se instalan
plantaciones.
En el
área de la plantación, gran parte de la flora local es exterminada para evitar
que compita con los árboles plantados y sólo algunas pocas especies logran
instalarse al interior de las plantaciones. Pero incluso esas pocas especies son
eliminadas cada pocos años, cuando la plantación es cortada y replantada, y se
vuelve a la aplicación de herbicidas para eliminar la competencia.
Entre
la flora que desaparece al interior de la plantación, es importante destacar muy
especialmente la flora del suelo, que cumple un papel fundamental en el
mantenimiento de la fertilidad del suelo en el largo plazo.
El
impacto ya mencionado sobre el agua también afecta a la flora local, incluso a
gran distancia del sitio de la plantación.
4) La
fauna. Los impactos sobre la fauna
Para
la mayor parte de las especies de la fauna local, las plantaciones son desiertos
alimenticios, por lo que tienden a desaparecer. Las pocas especies que logran
adaptarse, o son exterminadas (por considerárselas "plagas" para la plantación)
o ven desaparecer su nuevo hábitat cada vez que la plantación es cortada para la
venta de la madera.
cuando la plantación es precedida por la deforestación, el impacto sobre la
fauna local es máximo.
Al
igual que en el caso de la flora, tanto la deforestación previa a la plantación
como los cambios en el agua y el suelo afectan negativamente a una amplia gama
de especies de la fauna.
Los
desequilibrios biológicos provocados por estas plantaciones frecuentemente dan
lugar a la aparición de plagas que afectan a las producciones agropecuarias
aledañas.
Mentira 3: Las plantaciones sirven
para aliviar la presión sobre los bosques
El
argumento es que, al haber más madera disponible a partir de las plantaciones,
esto se traducirá en una menor extracción de madera de los bosques nativos. Pese
a que pueda parecer lógico, la realidad es que se ha constatado que las
plantaciones son en general un factor más de deforestación debido a que:
En
muchos países, las plantaciones se instalan eliminando previamente el bosque
existente. En algunos casos, tal eliminación se realiza mediante gigantescos
incendios provocados, en tanto que en otros la corta del bosque y la venta de la
madera sirven para financiar la plantación. También se da el caso de que la
plantación justifica la deforestación, ya que se sostiene que la corta de
amplias áreas no constituye deforestación en caso de que sea seguida por la
plantación de árboles. En algunos casos, el simple anuncio del interés de
empresas plantadoras de invertir en determinada región resulta en un movimiento
especulativo que consiste en adquirir y degradar rápidamente áreas de bosques
para posibilitar que las mismas puedan ser luego destinadas a la plantación de
árboles por parte de dichas empresas.
En
numerosos casos el proceso arriba mencionado determina la migración (voluntaria
o forzada) de los pobladores de la región, que se ven obligados a ingresar a
otras áreas boscosas donde inician un proceso de deforestación para poder
atender a sus necesidades básicas. Es decir, que en esos casos la deforestación
generada por la plantación es doble. La madera producida en plantaciones de
ninguna manera sustituye a las valiosas especies del bosque tropical, debido a
que ambas tienen mercados distintos. En tanto que la mayor parte de la madera de
plantaciones se destina a la producción de papel y productos de madera de baja
calidad, la mayor parte de la madera extraída de los bosques (en particular
tropicales) es transformada en productos de alta calidad.
Este
argumento ignora además el hecho de que el consumo de madera no constituye la
única causa de deforestación. Numerosas áreas de bosques son a menudo eliminadas
para destinar el suelo a cultivos de exportación o a ganadería extensiva; otras
desaparecen bajo gigantescas represas hidroeléctricas; los manglares son
eliminados para destinar el área a la producción industrial del camarón, la
explotación petrolera y minera destruyen amplias áreas boscosas, etc. Ninguno de
estos procesos destructivos guarda relación alguna con la mayor o menor área
destinada a monocultivos forestales, por lo que resulta claramente falso que en
este caso puedan "aliviar la presión" sobre los bosques.
En
definitiva, pese al creciente auge de las plantaciones forestales, el área
boscosa del planeta sigue disminuyendo, lo que demuestra que el pretendido
alivio de la presión sobre los bosques no es más que un ejercicio de publicidad
interesada.
Mentira 4: Las plantaciones
permiten aprovechar y mejorar tierras degradadas
Este
argumento, promovido por las grandes empresas plantadoras, es absolutamente
falso en su caso, ya que las plantaciones comerciales a gran escala rara vez se
instalan en tierras degradadas. La razón es muy sencilla: en tales tipos de
suelos los árboles no crecen bien, por lo que plantar allí no resulta rentable.
Dicho
lo anterior, es necesario aclarar algunos aspectos, ya que todo este tema tiende
a ser muy confuso. En efecto, hay que aclarar que es lo que se entiende por
"tierras degradadas", así como destacar que algunos tipos de plantaciones no
comerciales efectivamente ser realizan en tierras degradadas y logran
mejorarlas.
Para
el común de la gente, la expresión "tierra degradada" despierta una visión de
tipo lunar, con suelos gravemente erosionados y escasa o nula vegetación. En
estos casos, toda actividad que apunte a recuperar esos suelos, ya sea mediante
la plantación de árboles o por otros medios, puede ser considerada como
esencialmente positiva. Sin embargo, la expresión "tierra degradada" puede
implicar simplemente un área de bosque que fue talada o un área agrícola de
subsistencia, que conservan su potencial productivo. También se suele hablar de
"tierras subutilizadas" como sinónimo de degradadas. En resumen, las empresas
plantadoras son quienes definen que la tierra está degradada o subutilizada y de
tal manera justifican sus plantaciones frente a la opinión pública. Sin embargo,
los pobladores locales generalmente no están de acuerdo ni con que la tierra
esté degradada o subutilizada y mucho menos con que deba plantarse con
eucaliptos, pinos u otras especies comerciales. Esto es lo que en muchos casos
explica la resistencia de los pobladores locales frente al avance plantador, que
intenta apropiarse de tierras que son productivas y no "degradadas" ni
"subutilizadas".
Mentira 5: Las plantaciones sirven
para contrarrestar el efecto invernadero
Este
es uno de los argumentos que se han puesto más de moda recientemente. Se dice
que a medida que los árboles van creciendo, van tomando carbono en cantidades
mayores a las que emiten, de modo que tienen un balance neto positivo respecto
de la cantidad de dióxido de carbono (el principal gas de efecto invernadero) en
la atmósfera. Sin embargo, las plantaciones forestales tienen todavía que
demostrar que son sumideros de carbono.
En
términos generales, cualquier área cubierta de plantaciones, en ausencia de
pruebas de lo contrario, debería ser considerada una fuente neta de carbono y no
un sumidero. En primer lugar, porque en muchos casos estas plantaciones
sustituyen a bosques, lo que significa que los volúmenes de carbono liberados
por la deforestación sean superiores a los que la plantación en crecimiento
podría capturar, incluso en el largo plazo. Incluso cuando no implican
deforestación, se instalan en otros ecosistemas que también almacenan carbono
(tales como las praderas), que es liberado a la atmósfera a consecuencia de la
plantación.
Hay
además una segunda cuestión crucial: ¿estas plantaciones serán cosechadas o no?
De darse la primera hipótesis serían, en el mejor de los casos, tan sólo
sumideros temporarios: el carbono es almacenado hasta la cosecha para luego ser
liberado en pocos años (en algunos casos incluso en meses) cuando el papel u
otros productos provenientes de las plantaciones son destruidos. En el caso de
que los árboles no fueran cosechados, las plantaciones estarían ocupando
millones y millones de hectáreas que podrían estar dedicadas a propósitos mucho
más provechosos, como la producción de alimentos.
Finalmente, es fundamental ver el tema en su total dimensión y analizar el
conjunto de impactos que la promoción de grandes monocultivos forestales con
especies de rápido crecimiento puede generar en otras áreas ambientales y
sociales. Sabiendo que estas plantaciones impactan sobre el ambiente (suelos,
agua, flora y fauna) y sobre las comunidades locales, no resulta aceptable
promoverlas con un propósito "ambiental" como el de contrarrestar el efecto
invernadero. La solución tiene que venir por el lado de la reducción de
emisiones de CO2 (derivadas del uso de combustibles fósiles) y por la protección
de los bosques y no por intentos de colonizar enormes áreas de tierra sin haber
analizado cabalmente las consecuencias.
Mentira 6: Las plantaciones son
necesarias para abastecer un consumo creciente de papel
El
consumo de papel es generalmente percibido como algo positivo, vinculado a la
alfabetización, al acceso a información escrita y a una mejor calidad de vida.
Esa percepción por parte del público es utilizada por las empresas plantadoras
para justificar la supuesta necesidad de aumentar la producción de celulosa a
partir de sus extensas plantaciones de pinos y eucaliptos. Por lo tanto, este
tema requiere varias precisiones:
Gran
parte de la celulosa producida en el Sur no está destinada a abastecer a la
población de esos países, sino a los consumidores del Norte. En tanto que
Estados Unidos y Japón tienen un consumo anual de papel per cápita de más de 330
y 230 kilos respectivamente, países exportadores de celulosa como Chile,
Sudáfrica, Brasil e Indonesia muestran un consumo per cápita de 42, 38, 28 y 10
kilos respectivamente.
Alrededor del 40% del papel producido en el mundo es utilizado para embalaje y
envoltura, en tanto que sólo el 30% se destina a papeles de escritura e
impresión, por lo que el argumento de la alfabetización no es tan relevante como
se lo pretende mostrar.
Además, gran parte del consumo de papeles de escritura e impresión está
destinado a la publicidad. En los Estados Unidos, el 60% del espacio de las
revistas y periódicos está reservado para avisos, en tanto que anualmente se
producen unos 52.000 millones de unidades de diversos tipos de materiales de
publicidad, incluyendo 14.000 millones de catálogos para compras por correo que
a menudo van directo a la basura. Tal tipo de consumo excesivo de papel no es
exclusivo de los Estados Unidos, sino que también es característico de la
mayoría de los países del Norte e incluso se pretende exportar tal modelo hacia
los países del Sur.
El
tema radica entonces en que el consumo actual de papel es ambientalmente
insustentable y que gran parte del mismo es socialmente innecesario. Por lo
tanto, ni los planes de uso de los bosques, ni los planes de expansión de las
plantaciones forestales pueden pretender autojustificarse diciendo que "la
humanidad" necesita más papel.
Mentira 7: Las plantaciones son
mucho más productivas que los bosques
Este
argumento puede parecer convincente si se observa el rápido crecimiento de los
árboles en una plantación de pinos o eucaliptos. Sin embargo, depende de lo que
se entienda por "productivo" y a quién beneficia esa producción.
Una
plantación comercial produce un gran volumen de madera para industria por
hectárea y por año. Pero eso es todo lo que produce. El beneficiario directo de
esa producción es la empresa propietaria de la plantación.
Un
bosque no sólo produce (como la plantación) madera para el mercado, sino que su
producción abarca otros tipos de árboles, vegetales, animales, frutas, hongos,
miel, forraje, abono, leña, maderas para usos locales, fibras vegetales,
medicinas y genera además una serie de servicios en materia de conservación de
suelos, de biodiversidad, de recursos hídricos, de microclima.
Cuando se sostiene que las plantaciones son mucho más productivas que los
bosques, sólo se está comparando el volumen de madera para industria que se
puede extraer de ambos y en esa comparación la plantación aparece como superior.
Sin
embargo, cuando se compara la totalidad de bienes y servicios provistos por la
plantación y el bosque, resulta evidente que este último es mucho más productivo
que la plantación. Es más, en muchos aspectos la producción de la plantación es
nula (por ejemplo en la producción de alimentos, medicinas o forraje) e incluso
puede ser negativa, cuando afecta a otros recursos como el agua, la
biodiversidad o el suelo.
Lo
anterior resulta particularmente claro para aquellas poblaciones locales que
sufren los efectos de la implantación de extensos monocultivos forestales,
puesto que sufren la pérdida de la mayor parte de los recursos que hasta
entonces habían asegurado su supervivencia. Para ellos, la productividad de
estas plantaciones es nula o más bien de signo negativo.
Mentira 8: Las plantaciones
generan empleo
Este
es también un argumento típico entre quienes promueven las plantaciones. Sin
embargo, en la mayoría de los casos esta afirmación es totalmente falsa.
Las
grandes plantaciones generan empleos directos fundamentalmente en las etapas de
plantación y de cosecha. Luego de la plantación, el empleo cae en forma
sustancial. Al momento de la cosecha, la plantación requiere nuevamente de la
contratación de mano de obra, pero el número de puestos de trabajo tiende a
disminuir notoriamente por la creciente mecanización de esta operación.
Los
escasos empleos generados son en general de muy baja calidad, siendo en su
mayoría de carácter temporal, con bajos salarios y en condiciones de trabajo
caracterizadas por la mala alimentación, el alojamiento inadecuado y el no
cumplimiento de la legislación laboral vigente. Los accidentes y las
enfermedades laborales son frecuentes. El modelo predominante en el Sur, es que
las empresas plantadoras subcontratan a empresas informales para la realización
de las tareas de plantación y cosecha.
Dado
el escaso nivel de inversión requerido, la competencia entre dichas empresas
informales se basa fundamentalmente en la baja en el costo de la mano de obra,
lo que explica las pésimas condiciones salariales y laborales de los
trabajadores forestales. Sólo en los casos en los que la cosecha se basa en
moderna y costosa maquinaria forestal, tales tareas quedan en manos de la
empresa plantadora, que se ve obligada a ofrecer mejores condiciones de trabajo.
En
muchos países tienden simultáneamente a privar a los previos ocupantes de la
tierra de sus anteriores fuentes de trabajo. Es común que estas plantaciones se
instalen en tierras destinadas a la agricultura de subsistencia por lo que
incluso la tendencia del empleo neto es en muchos casos negativa. Por otro lado,
cuando su instalación implica la previa destrucción del bosque, los pobladores
locales se ven privados de una serie de ocupaciones y fuentes de ingreso
dependientes de los recursos provistos por el bosque. En casi todos los casos,
las plantaciones resultan en la expulsión de la población local, en particular
hacia los cinturones de miseria de las ciudades.
En
términos generales, las plantaciones generan mucho menos empleo que la
agricultura y el balance sólo resulta positivo en algunas pocas áreas
escasamente pobladas dedicadas a la ganadería extensiva. En cuanto al empleo
industrial, las plantaciones no siempre dan lugar a la creación de industrias
locales, dado que en muchos casos la producción apunta a la exportación directa
de troncos sin procesar. Incluso cuando se establecen industrias de pulpa y
papel, su alto grado de mecanización implica la creación de pocos puestos de
trabajo.
De
todas las actividades capaces de generar empleo a nivel local, la actividad
plantadora es probablemente la peor opción. El objetivo de las empresas
forestales no consiste en generar empleos, sino en generar ganancias para sus
accionistas. Sin embargo, utilizan este falso argumento para justificar
socialmente su emprendimiento.
Mentira 9: Los posibles impactos
negativos de los monocultivos forestales industriales se pueden evitar o mitigar
con un buen manejo
En
última instancia, los promotores de las plantaciones pueden aceptar que éstas no
son bosques y que pueden acarrear impactos negativos, pero agregan que estos
impactos se generan por un mal manejo y no por las plantaciones en sí. La
solución -afirman- es entonces técnica: aplicar buenos métodos de manejo.
Sin
embargo, no se trata de un tema técnico, sino de una cuestión esencialmente
política, de poder, con beneficiarios y perjudicados. Desde los centros de poder
se toman decisiones que afectan la vida y posibilidades de supervivencia de las
poblaciones locales y condicionan fuertemente las decisiones de los gobiernos,
con el objetivo de abastecer un mercado global con los productos madereros que
éste requiere. Las necesidades y aspiraciones locales no cuentan. De aquí
derivan los principales problemas que este tipo de plantaciones acarrean. Es
obvio que esto no se puede resolver con ningún "buen manejo". Es más, el buen
manejo de las empresas plantadoras consiste primeramente en convencer al
gobierno que les permita invertir en determinadas regiones del país, que les
otorgue determinadas ventajas (subsidios directos e indirectos) y que intervenga
-en caso necesario- para desalojar o reprimir a los pobladores locales. En un
número importante de casos, las distintas formas de presión o represión
constituyen la principal herramienta de "buen manejo" para resolver los
conflictos sociales generados por las plantaciones.
En lo
referente a los impactos ambientales que las plantaciones comerciales generan,
es también utópico pretender que se puedan resolver a través de un buen manejo
técnico. Las propias características del modelo hacen que éste sea básicamente
insustentable por más que se adopten prácticas conservacionistas o monitoreos
destinados también en gran medida a mejorar la imagen de la empresa frente a los
posibles opositores ambientalistas. En efecto, el modelo se caracteriza por:
La
gran escala.
No es
lo mismo el impacto ambiental que puede generar un eucalipto o un pino que los
que generan decenas o centenares de miles de hectáreas concentradas en
determinada región de un país. La modificación del espacio geográfico es enorme.
Para disimular este hecho, los promotores de las plantaciones insisten
actualmente en utilizar porcentajes, diciendo que "sólo ocupan el 1 o el 2% del
área total del país". Sin embargo, no se puede tapar el sol con la mano. Lo
cierto es que se trata de grandes concentraciones de monocultivos forestales y
el único "buen manejo" posible es justamente reducir el tema a porcentajes.
El
monocultivo de especies exóticas.
Si
bien es cierto que la mayoría de las especies agrícolas son exóticas, en el caso
de las especies utilizadas en los cultivos forestales esto tiene fuertes
implicancias negativas. La elección de estas especies se origina en parte en la
inexistencia de plagas y enfermedades en los países en los que son introducidas,
que pudieran afectarlas. Si bien esto es absolutamente lógico para el plantador,
resulta un problema para la fauna local, para la que estas plantaciones
constituyen un desierto alimenticio. Unido al tema de la gran escala, el impacto
en particular sobre la fauna es, por ende, enorme. La biodiversidad a nivel del
suelo es afectada gravemente debido a que los restos vegetales de los pinos y
eucaliptos resultan tóxicos para gran parte de la flora y fauna del suelo. El
sistema presenta además una gran debilidad intrínseca, ya que, en caso de
aparecer una especie capaz de alimentarse de los árboles vivos, se transformará
en una plaga que podrá poner en cuestión a todas las plantaciones similares de
la región.
La
rapidez de crecimiento.
La
lógica empresarial de estos emprendimientos hace que la rapidez de crecimiento
sea crucial para asegurar la rentabilidad de la inversión. Tal crecimiento se
basa en parte en la selección de especies, pero también en el uso de
fertilizantes y herbicidas (que afectan al suelo y al agua), así como en un
consumo enorme de agua, que afecta a la región en su conjunto. Como si fuera
poco, la biotecnología forestal está también apuntando en ese sentido, creando "super
árboles" de crecimiento aún mayor y resistentes a los herbicidas, por lo que el
impacto es doble: mayor contaminación por uso de agroquímicos y mayor consumo de
agua.
La
corta en turnos cortos.
La
misma lógica determina que los árboles sean cortados cada pocos años, lo que
implica una gran salida de nutrientes del sistema y procesos de erosión, así
como la destrucción del hábitat de aquellas pocas especies locales que se
estaban adaptando a la plantación.
De
todo lo anterior resulta claro que son pocas las medidas técnicas que se pueden
adoptar para evitar o mitigar la mayor parte de los impactos ambientales
generados por las plantaciones. Si bien se podrán mejorar algunos aspectos
(utilizar agroquímicos menos nocivos, preparar el suelo siguiendo curvas de
nivel, cuidar que no se produzcan procesos de erosión al momento de la corta,
conservar áreas silvestres como parches en el paisaje, monitorear suelos, agua,
flora y fauna, etc.), lo cierto es que resulta imposible evitar los impactos
porque el propio modelo no lo permite: no se puede (desde el punto de vista de
la rentabilidad) hacer que los árboles crezcan más lento, que consuman menos
agua, que no requieran fertilizantes, que no afecten a los suelos, que no
reduzcan la biodiversidad local. En síntesis, el problema es el modelo y no la
adopción de medidas apropiadas de manejo.
Mentira 10: Las plantaciones no
pueden ser juzgadas en forma aislada
Este
es uno de los argumentos más recientes de los promotores de las plantaciones.
Sostienen que hay un "sistema continuo" entre un bosque primario y un "bosque
plantado" especializado en la producción de madera. Es decir, que habría un
sistema, al que llaman "bosque", que incluye bosques primarios protegidos,
bosques de producción, bosques protectores, bosques secundarios y plantaciones
de todo tipo. Por lo tanto, dicen que hay que analizar ese sistema "bosque" en
su totalidad y no centrarse en uno sólo de sus componentes: el monocultivo
forestal a gran escala. El argumento es inteligente, pero no menos falso que los
anteriores.
En
primer lugar, porque parte de la falsa premisa de que una plantación es un
bosque. El tipo de plantaciones al que hacemos referencia constituye un cultivo
especializado en la producción de grandes volúmenes de madera en plazos cortos,
cuya única similitud con un bosque consiste en estar constituido por árboles,
que ni siquiera son nativos. Por lo tanto, no puede hablarse de un "sistema
continuo" entre elementos intrínsecamente diferentes. Sería como decir que la
fauna nativa y la cría de vacas lecheras constituyen un sistema continuo entre
lo natural y lo especializado en la producción de leche y que no es posible
juzgar aisladamente los impactos de la ganadería lechera sin analizarlos en ese
contexto.
En
segundo lugar, porque en general las plantaciones comerciales no sólo no
complementan a los bosques, sino que en muchos casos se constituyen en causas
directas o indirectas de deforestación. Lo mismo se puede decir con respecto a
cómo afectan la biodiversidad, el suelo, el agua y en particular a las
poblaciones locales.
En
definitiva, este razonamiento pretende justificar la destrucción de la
naturaleza en determinada área argumentando que su conservación se asegura en
otra área. Al incluir las plantaciones en ese supuesto sistema "bosque", se
esconde y justifica la destrucción generada a partir de los monocultivos
forestales a gran escala. Frente a los impactos sobre la biodiversidad, la
respuesta de las empresas plantadoras consistirá en decir que ésta se asegura
por la existencia de áreas protegidas. Si bien sus argumentos serán menos
convincentes en el caso de los impactos sobre el agua y menos aún sobre los
suelos, igual harán referencia al sistema "bosque", que asegura el agua y la
conservación del suelo. Guardarán quizá silencio sobre los impactos sociales.
Pero
el tema de fondo es que esa lógica divorcia la producción y el consumo de la
conservación, cuando en realidad la única forma de asegurar la sustentabilidad
de esos procesos en el largo plazo consiste en considerar la conservación como
parte de un sistema único. En este sentido, existen algunos tipos de
plantaciones que quizá sí podrían ser incluidas dentro de un sistema "bosque",
que están caracterizadas por:
-Ser
de pequeña o mediana escala.
-Estar compuestas por una multiplicidad de especies, siendo todas o algunas de
ellas nativas.
-Dar
abrigo, alimentación y posibilidades de reproducción a la fauna nativa.
-Permitir el desarrollo de las especies de la flora nativa.
-Conservar o mejorar los suelos.
-Regular el funcionamiento hidrológico de la región.
-Contar con la aprobación de la población local.
-Aportar productos y servicios de utilidad para las poblaciones locales.
Dado
que ninguno de los monocultivos a gran escala a los que nos estamos refiriendo
puede cumplir con ninguna de dichas condiciones, resulta claro que no deben ser
considerados como integrando el sistema bosque y que por consiguiente sus
impactos deben ser analizados por separado.
Fuente Consultada: Movimiento Mundial
por los Bosques Tropicales / Documento informativo, Campaña Plantaciones,
Ricardo Carrere
|