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UN POCO DE HISTORIA....
Un medicamento inofensivo: Química
Grünenthal era una de las tantas pequeñas empresas que aparecieron en
Alemania luego de la Segunda Guerra Mundial. Empezó fabricando antibióticos
para otras compañías, luego elaboró medicamentos que ella misma se encargaba
de comercializar. En 1954, como parte de un programa de búsqueda de nuevas
drogas, patentó la talidomida, una sustancia que otra compañía suiza había
descartado al no encontrarle aplicaciones médicas.
Heinrich Mückter, ex médico del ejército alemán durante la dictadura nazi y
ahora jefe del laboratorio de investigación de Química Grünenthal, supervisó
la búsqueda de las propiedades medicinales de la talidomida. Varios
experimentos demostraron que la droga tenía al menos una propiedad muy
llamativa: su toxicidad en los animales de laboratorio era bajísima. Las
ratas, conejos, gatos y perros que recibieron grandes dosis de la droga no
presentaron ningún síntoma de intoxicación.
Los investigadores y las autoridades de Química Grünenthal ignoraban cuáles
eran las propiedades medicinales de la talidomida, si es que tenía alguna,
pero estaban dispuestos a encontrarlas. Un medicamento sin efectos
secundarios es el sueño de todas las empresas farmacéuticas.
En esa época, los tranquilizantes más efectivos eran los barbitúricos, que
se vendían con gran éxito en todo el mundo y tenían un mercado
multimillonario. Pero eran muy tóxicos y cada vez más gente los usaba para
suicidarse. También eran frecuentes las muertes por sobredosis accidentales.
La empresa que encontrara un tranquilizante poco tóxico se enriquecería de
inmediato.
La talidomida no mostró propiedades tranquilizantes en ninguno de los
animales de laboratorio en que la probaron. Estuvieron a punto de
descartarla, pero no lo hicieron al observar que su estructura química se
parecía a la de los barbitúricos. La semejanza era superficial, pero Mückter
la consideró suficiente y decidió probar la talidomida en los humanos. No lo
hizo personalmente, sino que mandó distribuir la droga en forma gratuita
entre los médicos alemanes, para que se la recomendaran a sus pacientes.
Poco después, Mückter recibió las noticias que tanto esperaba. Los informes
médicos describían a la talidomida como un poderoso sedante. Habían
encontrado un remedio para el insomnio.
Química Grünenthal no perdió el tiempo. Unos meses más tarde, una gran
campaña publicitaria anunciaba la aparición de Contergan, una píldora
para dormir que contenía talidomida, una droga totalmente inofensiva.
En agosto de 1958, la empresa envió a más de 40.000 médicos alemanes una
carta en la que recomendaba el Contergan para combatir las náuseas
que la mayoría de las mujeres sufre en los primeros meses del embarazo. “No
daña a la madre ni al hijo’ decía la carta. Miles de mujeres en todo el
mundo tuvieron un embarazo libre de molestias.
Irresponsabilidad ilimitada:
La talidomida se llegó a vender en más de cuarenta países, con docenas de
nombres comerciales, sola o mezclada con otras drogas. La recomendaban para
el resfrío, la tos, el asma, el dolor de cabeza, la ansiedad y el insomnio.
La promocionaban para tranquilizar a los niños en los cines y en los
consultorios de los médicos. La campaña publicitaria giraba alrededor de su
bajísima toxicidad. El consumo masivo se vio favorecido en varios países que
autorizaron su venta libre.
Era verdad que los animales de laboratorio que habían recibido grandes dosis
no presentaron síntomas de intoxicación. Esas dosis habían sido aplicadas
una sola vez y entonces era correcto afirmar que la talidomida no producía
intoxicaciones agudas. Sin embargo, no se había hecho ninguna prueba para
averiguar si producía intoxicaciones crónicas. ¿Qué efectos produciría el
consumo periódico y prolongado de bajas dosis de talidomida, como el que, en
ese mismo momento, estaban realizando miles de personas en todo el mundo?
Nadie lo sabía, pero la respuesta no tardó en llegar.
Un año después del lanzamiento del Contergan, Química Grünenthal
recibió informes inquietantes. Algunos de los pacientes que consumían la
talidomida en forma crónica sufrían temblores, disminución de la presión
sanguínea, pérdida de memoria y reacciones alérgicas. También se describían
casos de pérdida del tacto en los píes, los tobillos, las pantorrillas y las
manos. Las autoridades de la empresa ignoraron o descalificaron estas
advertencias. Cuando algún médico les preguntaba si habían recibido quejas
sobre efectos secundarios, le mentían.
Mientras tanto, en los hospitales alemanes nacieron bebés con focomelia, una
enfermedad tan rara que la mayoría de los médicos nunca la había visto.
Ahora se encontraban con varios casos nuevos por semana. Así se descubrió,
de la peor manera posible, que la talidomída produce malformaciones de
nacimiento.
La talídomida provocó el nacimiento de bebés sin brazos, sin piernas o sin
ambos, con las manos y los pies saliendo directamente del tronco. También
produjo ausencia de ano y deformación o ausencia de los dedos, las orejas,
los ojos, los genitales y los órganos internos. Unos 12.000 bebés nacieron
deformes; menos de la mitad llegó a la adolescencia.
La perseverancia de Kelsey:
En septiembre de 1960, la empresa estadounidense Richardson-Merrill tenía
preparadas diez millones de tabletas de talidomida. Pensaba lanzarlas a la
venta a fines de diciembre porque, de acuerdo con las estadísticas, la
Navidad es la época del año en que hay mayor consumo de pastillas para
dormir.
Para venderla en los Estados Unidos, se necesitaba el visto bueno de la FDA.
La solicitud presentada por Richardson-Merrill fue evaluada por Frances
Kelsey, una farmacéutica que llevaba apenas unos días trabajando como
oficial médico de esa institución, pero tenía una gran experiencia en temas
toxicológicos.
Al analizar los informes que acompañaban la solicitud de la talidomida,
Kelsey encontró que se ignoraba casi todo acerca de la droga. Le pidió a
Ríchardson-Merrill más estudios experimentales, pero lo único que recibió
fueron testimonios de médicos que les habían recomendado el medicamento a
sus pacientes. Entonces Kelsey demoró la aprobación.
Violando el compromiso que establecía que las empresas farmacéuticas no
debían establecer contacto con los oficiales médicos que evaluaban sus
solicitudes, los representantes de Rlchardson-Merrill llamaron por teléfono
o se presentaron ante Kelsey más de cincuenta veces. Querían saber cuál era
el motivo de la demora. No siempre fueron amables con ella y llegaron a
acusarla ante las autoridades de la FDA de obstaculizar el trámite sin
causas justificadas.
A
fines de 1960, una revista médica inglesa publicó una carta donde se
describía la aparición de dolorosos síntomas en los brazos y los pies de los
pacientes tratados con talidomida. La autora atribuía esos dolores a daños
en el sistema nervioso. Kelsey leyó la carta y se preguntó que efecto
tendría la droga sobre la formación del sistema nervioso fetal. Con este
argumento, y ante la ausencia de estudios sobre el tema, postergó la
aprobación de la talidomida por más de catorce meses.
Mientras tanto, el médico alemán Widukind Lenz alertó que la talidomida era
la causa de la gran cantidad de bebés con defectos de nacimiento registrada
en su país. El 29 de noviembre de 1961, Química Grünenthal interrumpió de
mala gana la venta de Contergan en Alemania. Los demás países que la vendían
siguieron el ejemplo. En la Argentina se comercializó con el nombre de
Softenil hasta marzo de 1962.
En los Estados Unidos, gracias a la perseverancia de Kelsey, la talidomida
no se llegó a vender. En reconocimiento a su desempeño, el presidente
Kennedy la condecoró con la Medalla al Servicio Federal Civil Distinguido.
A
pesar de todo, la irresponsabilidad de Richardson-Merrill provocó numerosas
desgracias. Antes de que se hicieran públicos los efectos indeseables de la
talidomida, la empresa repartió dos millones y medio de tabletas entre 1.000
médicos estadounidenses. De esa manera, la droga llegó hasta unas 20.000
personas, incluidas cientos de mujeres embarazadas que dieron a luz hijos
deformes. En Canadá, donde la talidomida llegó a ser vendida algún tiempo,
aún viven más de 120 hombres y mujeres que nacieron con malformaciones.
Química Grünenthal fue llevada a juicio, pero eso no detuvo su vergonzoso
comportamiento. La defensa presentó argumentos insostenibles: que las
malformaciones se debían al efecto de aditivos alimentarios, detergentes o a
los rayos emitidos por las pantallas de los televisores; que los fetos no
tenían derechos legales; que las malformaciones eran la consecuencia de
intentos de aborto y entonces la culpa era de las madres.
El juicio se prolongó más de tres años. Finalmente, la empresa ofreció 31
millones de dólares a los 2.866 damnificados que residían en la República
Federal de Alemania y declaró que si el juicio continuara, ya no podría
cubrir los gastos, se tendría que declarar en quiebra y le resultaría
imposible pagar la indemnización. La organización que reunía a las familias
afectadas aceptó la oferta y el juicio terminó. Nadie fue declarado
culpable.
En manos de profesionales:
A mediados de la década 1960, en un hospital de Jerusalén, un médico decidió
correr el riesgo de darle talidomida a un paciente terminal que llevaba
varios días sin dormir. El hombre sufría una complicación de la lepra, que
produce dolorosas inflamaciones. La primera pastilla lo hizo dormir veinte
horas seguidas. Inesperadamente, con la tercera pastilla, la inflamación y
el dolor desaparecieron por completo.
Varios estudios experimentales demostraron que la talidomida curaba la
enfermedad en más del 900/o de los casos. En 1998, la FDA aprobó la venta de
la talidomida en los Estados Unidos, pero sólo para tratar esa complicación
de la lepra. Junto con la autorización se instrumentó un sistema de control
sin precedentes: un registro detallado de los pacientes, programas de
educación para informarles los riesgos del tratamiento y pruebas de embarazo
obligatorias en todas las mujeres sexualmente activas que recibían la droga.
Otros países no tomaron tantas precauciones. Hacia 1995 se habían registrado
en América Latina más de treinta nacimientos de bebés malformados, nacidos
de madres que habían consumido talidomida para tratar la lepra.
Estudios posteriores demostraron que la talidomida alivia varias
enfermedades de la piel y del sistema inmune. También resultó poseer
propiedades anticancerígenas. Ahora la están probando en enfermos de sida.
La imagen que prevalece de la talidomida es aquella que la muestra como una
droga monstruosa. Pero la culpa no es de la droga sino de quienes las
recomendaron o usaron en forma inapropiada.
Fuente: El Elixir de la
Muerte y Wikipedia |