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El
desarrollo del capitalismo promovió un avance incesante de las técnicas
productivas y de la ciencia aplicada al desarrollo industrial. Las empresas, que
competían entre sí por controlar los mercados, buscaban reducir sus costos de
producción.
El avance tecnológico nuevas máquinas, medios de transporte más
veloces, el uso de la electricidad permitía abaratar los costos; también influía
en éstos la forma de organizar las tareas dentro de las fábricas. Los primeros
pasos consistieron en la imposición de una disciplina muy severa y en una mayor
división del trabajo, para que cada obrero realice unas pocas operaciones de
manera repetida.
El deseo de aprovechar al máximo
el potencial productivo de la industria llevó al ingeniero norteamericano
Frederick W. Taylor (1856- 1915) a realizar un estudio
minucioso de las tareas fabriles. Su objetivo era eliminar los movimientos
inútiles y establecer por medio de cronómetros el tiempo necesario para realizar
cada tarea específica. A este método se lo llamó organización científico del
trabajo o taylorismo.
Según el propio Taylor, las etapas
para poner en funcionamiento su sistema de organización del trabajo eran las
siguientes:
1. Hallar diez o quince obreros
(si es posible en distintas empresas y de distintas regiones) que sean
particularmente hábiles en la ejecución del trabajo por analizar.
2. Definir la serie exacta de
movimientos elementales que cada uno de los obreros lleva a cabo para ejecutar
el trabajo analizado, así como los útiles y materiales que emplea.
3. Determinar con un cronómetro el
tiempo necesario para realizar cada uno de estos movimientos elementales y
elegir el modo más simple de ejecución.
4. Eliminar todos los movimientos
mal concebidos, los lentos o inútiles.
5. Tras haber suprimido así todos
los movimientos inútiles, reunir en una secuencia los movimientos más rápidos y
los que permiten emplear mejor los materiales más útiles.
La aplicación del sistema de
Taylor provocó una baja en los costos de producción porque significó una
reducción de los salarios. Para estimular a los obreros a incrementar la
producción, muchas empresas disminuyeron el salario pagado por cada pieza. Hacia
1912 y 1913 se produjeron numerosas huelgas en contra de la utilización
del sistema de Taylor.
Para que el sistema ideado por
Taylor funcionara correctamente era imprescindible que los trabajadores
estuvieran supervisados en sus tareas. Así se conformó un grupo especial de
empleados, encargado de la supervisión, organización y dirección del trabajo
fabril.
Quedaba atrás, definitivamente, la
época en que & artesano podía decidir cuánto tiempo le dedicaba a producir una
pieza, según su propio criterio de calidad. Ahora, el ritmo de trabajo y el
control del tiempo de las tareas del trabajador estaban sujetos a las
necesidades de la competencia en el mercado.
Se adoptó un sistema más
perfeccionado de remuneración diaria [...] que consistía en pagar en función de
la cantidad y la calidad de lo que se producía. Al cabo de un tiempo
relativamente corto el supervisor estimuló la producción de todas las
trabajadoras aumentando el sueldo de las que producían más y mejor y
reduciéndolo a las que se mostraban inferiores a las otras. Finalmente,
despidieron a las obreras cuya lentitud y falta de atención era incorregible.
También se hizo un estudio
detallado con un cronómetro del tiempo necesario para hacer cada operación. Se
escogió la forma más sencilla de ejecutarlas para eliminar todos los movimientos
lentos o inútiles y reunir en una secuencia los más rápidos y los que permitían
una mejor utilización de los instrumentos y de los materiales. Este estudio
demostró que las trabajadoras perdían charlando una parte considerable de
tiempo.
Se les impidió hablar durante
las horas de trabajo colocándolas a una distancia considerable. Las horas de
trabajo fueron reducidas de diez y media a nueve y media y luego a ocho y media
[...].
Se introdujo también el trabajo
a destajo y cada hora se informaba a las trabajadoras si su ritmo era normal o
si iban atrasadas. Los resultados finales de este sistema fueron los siguientes:
a) 35 obreras hacían el trabajo que antes realizaban 120.
b) Las obreras ganaban 35,5 francos por semana en lugar de los 17,5 anteriores.
c) Se trabajaban ocho horas y media en lugar de diez y media.
d) La precisión en el trabajo había aumentado un tercio.
TAYLOR, F. W. La direction des
ateliers.
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