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EL ARTE
TEXTIL Si bien el arte textil se remonta a muchos siglos,
casi milenios, de antigüedad, fue la Revolución Industrial del siglo
XVII, principalmente en Inglaterra, la que impulsó la industria
textil hasta llevarla a cumbres muy elevadas.
El clima británico, tan húmedo, era
ideal para el proceso de fabricación de los hilos de algodón. Hasta
entonces, el sistema de producción era la fabricación de hilo y
telas encías casas de los operarios, a los que se proporcionaba la
materia prima, pagándoles por metro o a peso.
Durante largo tiempo se mantuvo el
equilibrio de producción de hilados y tejidos a razón de cuatro
hiladores por un operario tejedor, pero uno de los grandes inventos
de la Humanidad vino a trastocar dicha proporción.
LA LANZADERA
VOLANTE: John Key hació en 1704, en una granja de
Walmersley, Lancashire. Ya de muy joven , después de es tudiar en
Francia, Kay se dedicó a la fabricación de instrumentos musicales,
hasta que al regresar a su pueblo natal, montó un taller y fabricó
una bomba eólica, un telar y una delicada máquina para fabricar
placas cardadoras, perfeccionando también los peines y los lizos de
telar.
Pero su invento más espectacular fue
el de la lanzadera volante, en 1733, que permitía que en los telares
anchos trabajase un solo operario y no dos como hasta entonces. Esto
constituyó una verdadera revolución en el arte del tejido, creando
grandes disturbios, hasta el punto de que una vez los tejedores del
antiguo oficio asaltaran la casa de Kay y quemaran sus telares.
Kay, al no obtener ayuda
gubernamental, pasó a Francia donde consiguió una pensión económica,
pese a que la industria francesa no le concedió al invento ninguna
atención particular. Pero la lanzadera volante ya existía y la
producción textil iba en aumento, con la consiguiente demanda de
hilados. La producción se hilos se había basado siempre en medios
artesanales muy rudimentarios, derivados más o menos de la rueca y
el torno de hilar. Pues bien, había llegado el momento de dar un
gran salto adelante.
Un modesto hilador de Standhill, cerca
de Black-burn, llamado Hargreaves, patentó en 1770 una máquina de
husos múltiples, movida a mano, con la que aumentó ocho veces la
producción de hilo por operario. Hubo otras innovaciones en el arte
del tejido, hasta que Richard Arkwight, nacido en Presten en 1732, y
que a los 18 años se había establecido como barbero, aunque poco
después instaló en Leeds un negocio de pelucas confeccionadas con
fórmulas propias, conoció y estudió las máquinas de hilar
recientemente creadas por Hargreaves, intuyendo el gran porvenir de
las mismas.
De este modo, conjuntó una máquina,
inspirada en los distintos detalles y características de las ya
existentes, y la patentó en 1769, asociado con John Smalley, aunque
tras varios pleitos le fue denegada otra patente en 1775.
En Cromford edificó la que sería la
primeemra factoría textil de ciclo completo, con operarios ya
asalariados, y aunque se le puede reprochar haberse aprovechado de
ideas ajenas, supo conjuntarlas con gran acierto y organizarías a la
perfección a gran escala. Falleció en 1792, con título de nobleza,
más de cinco mil obreros a sus órdenes y un considerable capital.
Crompton Samuel Cromptom nació en Firwoood Fold en 1753, y si bien
fue el personaje que más brilló entre el triunvirato de inventores
de la moderna máquina de hilar, también fue el más desdichado.
De oficio hilador, tenía en su casa
una máquina de ocho husos con lo que ganaba justo lo suficiente para
vivir. En sus ratos libres tocaba el violón en un teatrucho de
Bolton, y esto le permitió adquirir el material necesario para
construir una máquina de hilar propia, adecuada para fabricar hilos
finos.
La probó en 1779 con buenos
resultados, y le impuso el nombre de "muía hiladora". Aquel año,
cuando los hiladores estaban muy agitados, Crompton desmontó su
"muía" y la ocultó, pieza por pieza.
Sin embargo, la buena calidad de sus
hilos ya había atraído la atención de varios fabricantes, que le
ofrecieron sumas importantes para poder copiarla, aunque después
casi ninguno cumplió lo pactado con él. Crompton, estafado y
desalentado, al borde de la ruina, tuvo la fortuna de que una
suscripción abierta entre personas caritativas le permitiera montar
una pequeña fábrica propia. Mientras tanto, el número de máquinas
basadas en su invento iba en aumento, hasta llegar a la exorbitante
cifra de 4.600.000 husos distribuidos entre unas 360 hilaturas.
Este suceso se supo en la Cámara de
los Comunes y tras un fallo demorado y poco justo, se le asignó a
Crompton una recompensa de cinco mil libras. Crompton falleció en
1827, después de vivir pobremente en sus últimos años, gracias a una
mísera pensión de 63 libras que le otorgó el Club Bolton.
Más adelantos Se trata, en realidad de
perfeccionamientos y modificaciones, tales como la máquina
desmotadora, inventada en Estados Unidos por El Whitney en 1797, que
permitía un adecuado desgranado del algodón, o el batán limpiador,
del escocés Snodgraves. El arte textil se ha beneficiado al correr
de los años de muchos inventos y perfeccionamientos, y los tejidos
de lana y algodón siguen siendo los más apreciados por todo el
mundo, pese a la proliferación de fibras sintéticas tan usadas en la
actualidad.
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