TENOCHTITLAN, Ciudad Sagrada de los Aztecas
Historia de México

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TENOCHTITLÁN
La ciudad de Tenochtitlán, en la isla del mismo nombre, fue creciendo con gran planificación, dividida en cuatro barrios, cada uno con sus templos y mercados. En los alrededores estaban los cultivos y las casas de los agricultores y en el centro, la gran plaza con el templo, el mercado principal y el palacio del jefe máximo. Tenía agua corriente, llevada a través de dos acueductos que separaban las aguas dulces de las saladas, puentes levadizos y terraplenes que la comunicaban con tierra firme. Se calcula que esta ciudad llegó a tener más de 100 mil habitantes.

El mercado principal era el de Tlatelolco; allí se vendían miel de caña de maíz y de abejas, frutas, maíz, puerros, cebolla, cacao, legumbres, conejos, venados, pescado, tejidos, colores para pintores, joyas de oro y plata, de cobre, de piedra, de hueso, de caracoles y plumas. Tenía una calle donde se vendían animales de caza como águilas, halcones, perdices; calles de herbolarios donde se vendían toda clase de medicinas; casas donde daban de comer y beber a los visitantes, etc.

TENOCHTITLAN:  “Tenochtitlán fue una ciudad fundada por los aztecas en un islote del Lago de Texcoco en el año 1325. Ellos fueron un grupo que habían estado en la cercanía del lago buscando un lugar para el establecimiento y escogieron ese porque era un lugar privilegiado para la defensa militar; y estaba prácticamente desocupado.

Entonces la ciudad de Tenochtitlán llegó a ser una de las maravillas del ‘Nuevo Mundo”. Se calcula que llegó a tener entre 150 mil y 250 mil habitantes. Estuvo constituida por dos ciudades gemelas, ambas pobladas por mexicas, pero independientes políticamente. Y años después los mexicas tenoclitlans (los que formaron Tenochtitlán) conquistaron a los mexicas tlaxquelolcas (que era la ciudad norteña), y la incorporaron a su ámbito de influencias.

La ciudad (...) fue construida sobre la base del islote, pero este resultó insuficiente para el crecimiento poblacional que llegaron a tener y sobre todo para ser la capital de un gran imperio, que se extendía por muchísimas regiones de Mesoamérica: entonces le fueron ganando tierra al lago.

La ciudad tenía tantas calles construidas para circular como canales para las canoas: se dice que las calles recorrían transversalmente en base al centro, que era el Centro Ceremonial, tenían estos caminos de tierra y estos caminos agua.

Y después estaba unida la ciudad, como islote, a la tierra firme por medio de cuatro grandes calzadas: una que salía hacia el norte que era la Calzada de Tepeyac; una que salía hacia el oeste que era la Calzada de Tacuba; otra era la Calzada del Sur, que salía hacia el sur y se bifurcaba en dos y llegaba a Churubusco por un lado y Cuyacan, y del otro lado lo que es Culbuacan.

Y luego una gran Calzada Dique, la cual es una obra de ingeniería mayo, que hicieron los mexicas en la época ya de esplendor de su cultura para cerrar el acceso del agua saluda del Lago de Xochimilco.

En estas ‘Calzadas Diques’ había tramos que eran interrumpidos por huecos y se ponían puentes móviles: en caso de ataques militares se recogían estos puentes móviles y se podía aislar la ciudad. A los españoles (...) les sorprende la vida, y la cantidad de gente circulando, la comparan con las grandes capitales de Europa de ese momento, y de España, y les sorprende la limpieza y el orden en que funcionaba todo en esta gran ciudad.

 Tenía un problema muy grande de inundaciones continuas por ‘El Espejo del Lago’, que fluctuaba mucho entre la época de sequías y la época de lluvias, y aunque se. hubieran hecho trabajos hidráulicos (para desviar ríos, etc., que podían inundar) y se había tratado de controlar las inundaciones, todavía era un problema con el que luchaban continuamente.”

Así la describe el historiador Christopher Loyd en su libro "Todo Sobre Nuestro Mundo": La ciudad de Tenochtitlan, construida en medio de un lago y sólo accesible mediante tres pasos elevados independientes, era un fabuloso laberinto de canales, pasarelas y puentes, la Venecia de América Central. Se transportaban las mercancías y las personas con canoas a través de un gran red de cinco lagos interconectados. Dos acueductos de terracota, cada uno de seis kilómetros de largo, recogían las aguas de los manantiales cercanos y las llevaban hasta el centro de la ciudad, ya que los doscientos mil habitantes de Tenochtitlan, como los romanos, eran grandes amantes de los baños termales. Normalmente se bañaban dos veces al día y se lavaban con un jabón elaborado con la raíz de una planta llamada copalxocotl.

Las mujeres embarazadas y los ciudadanos ricos tenían reservado el lujo de las temazcalli, unas saunas en forma de iglú que relajaban y curaban a los que estaban en su interior mediante los vapores balsámicos que desprendían unas hierbas terapéuticas colocadas encima de rocas volcánicas. La ciudad tenía tres calles principales, cada una de las cuales daba a una de las tres pasarelas que comunicaban con tierra firme. En el centro había unos 45 edificios públicos, entre los que había escuelas, templos y, más importante aún, el juego de pelota sagrado.

Historia de América Latina: María Concepción Obregón (México) Licenciada en Historia. Especialización en historia prehispánica, UNAM, México. Magíster en Etnohistoria.  
Lugares Sagrados de América Juan Tafur

Descripción que Cortés hizo de Tenochtitlan
La gran ciudad de Tenochtitlan está construida en medio de este lago salado, y hay dos leguas del corazón de la ciudad a cualquier punto de tierra firme. Cuatro calzadas conducen a ella, todas hechas a mano y algunas de doce pies de ancho. La ciudad misma es tan grande como Sevilla o Córdoba; las calles principales son muy anchas y rectas, en su mayoría de tierra apisonada; pero unas cuantas, y por lo menos la mitad de las vías públicas más pequeñas, son canales por los cuales van en sus canoas.

Más aún, incluso las calles principales tienen aberturas a distancias regulares para que el agua pueda pasar libremente de una a otra, y sobre estas aberturas que son muy anchas cruzan grandes puentes de enormes vigas, muy firmemente puestos, tan firmes que sobre muchos de ellos pueden pasar diez hombres a caballo a la vez. Viendo que si los nativos intentaban cualquier treta contra nosotros tenían todas las oportunidades para ello por la forma en que está construida la ciudad, porque quitando los puentes de las entradas y salidas podrían dejarnos morir de hambre sin posibilidad de llegar a tierra firme, inmediatamente me puse a trabajar en cuanto entré en la ciudad en la construcción de cuatro bergantines, y en breve tiempo los tuvimos terminados, de modo que podía embarcar trescientos hombres y los caballos para pasar a tierra firme cuando lo deseara.

La ciudad tiene muchas plazas abiertas en las que se reúnen continuamente los mercados y se hace el negocio general de comprar y vender productos. Una plaza en particular es el doble de tamaño de la de Salamanca, y está completamente rodeada de arcadas, donde diariamente hay más de sesenta mil personas comprando y vendiendo. Toda clase de mercancías como puedan encontrarse en la Tierra están en venta aquí, sean de alimentos y vituallas, o de adornos de oro y plata, o plomo, latón, cobre, hojalata, piedras preciosas, huesos, conchas, caracoles y plumas; la piedra caliza para construir se vende igualmente allí, piedra tosca y pulida, ladrillo cocido y sin cocer, madera de todas clases en toda etapa de preparación... Hay una calle de vendedores de hierbas, donde hay toda suerte de raíces y plantas medicinales que se encuentran en la Tierra. Hay casas como boticas, donde venden medicinas hechas de estas hierbas, para beber y para usar como ungüentos y bálsamos. Hay barberías donde puede hacerse cortar y lavar el cabello. Hay otras tiendas donde se pueden adquirir alimentos y bebidas...

Por último, para evitar prolijidad en decir todas las... maravillas de esta ciudad, diré simplemente que la manera de vivir entre la gente es muy semejante a la de España, y considerando que ésta es una nación bárbara, apartada del conocimiento del verdadero Dios o de la comunicación con las naciones iluminadas, uno bien puede maravillarse del orden y buen gobierno que dondequiera Se mantiene. El servicio de Moctezuma y esas cosas que despiertan admiración por su grandeza y estado tomaría tanto describirlas que le aseguro, majestad, que no sé donde empezar con esperanza alguna de terminar.

Pues, como ya he dicho, qué podría ser más asombroso que el que un monarca bárbaro como él tenga reproducciones hechas de oro, plata, piedras preciosas y plumas de todas clases de todas las cosas que haya en su tierra, y tan perfectamente reproducidas que no hay platero u artesano del oro en el mundo que pudiera mejorarlas, ni se puede entender qué instrumento podrían haber usado para dar forma a las joyas; y del trabajo de las plumas, su igual no ha de verse, ya sea en cera o en bordado; tan maravillosamente delicado es.


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