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Cuando Boyle descubrió en 1661 su sencilla ley experimental sobre el
comportamiento de los gases, trató de idear un modelo que interpretara
coherentemente la naturaleza del gas. Ése fue el comienzo de la teoría
cinética, desarrollada por Daniel Bernoulli, James Joule, Rudolph Clausius,
Ludwig Boltzmann y Albert Einstein, entre otros científicos. Esta teoría se
propone dar una explicación microscópica de las leyes macroscópicas
experimentales.
Las
hipótesis de las que parte son simples:
1) Un gas consiste en un
conglomerado de partículas (átomos o moléculas) que responden a las leyes de la
Mecánica newtoniana.
2) La enorme cantidad de
partículas se mueven caóticamente y están tan separadas entre sí que su propio
volumen es despreciable frente al que ocupa todo el gas.
3) No existen fuerzas apreciables
sobre las partículas salvo las que operan durante los choques elásticos entre sí
y contra las paredes.
Es
razonable que, dado que las partículas están tan separadas, las fuerzas
intermoleculares sean solamente las de los choques. Como los choques son
elásticos, entonces se conserva la cantidad de movimiento y también la energía
cinética. Entre choque y choque, las moléculas viajan con movimiento rectilíneo
y uniforme, de acuerdo con las leyes de Newton. Las colisiones son de muy corta
duración. Es decir que la energía cinética se conserva constante, ya que el
breve tiempo en que ésta se transforma en energía potencial (durante el choque)
se puede despreciar.
A
partir de estos supuestos, la teoría explica el comportamiento conocido de los
gases y hace predicciones que luego son constatadas experimentalmente, lo que le
confiere validez científica.
Para
describir el comportamiento del gas no es imprescindible la historia individual
de cada partícula, sino que se recurre a la estadística para interpretar las
variables macroscópicas como cierto promedio de propiedades microscópicas.
Por
ejemplo, la presión se interpreta microscópicamente como el efecto resultante de
millones de partículas chocando azarosamente y ejerciendo pequeñas fuerzas
irregulares contra las paredes del recipiente. ¿Por qué la fuerza que un gas
encerrado ejerce sobre la pared del recipiente es perpendicular a su superficie?
Como todas las posiciones y velocidades son igualmente probables, el bombardeo
sobre la pared proviene de todas las direcciones y sentidos. Las fuerzas
ejercidas en dirección paralela a la pared en uno y otro sentido tienden en
promedio a anularse. Pero las fuerzas ejercidas en dirección perpendicular, por
el contrario, se sumarán, ya que ninguna partícula colisiona desde el lado
exterior de la pared.
La
temperatura se interpreta como una medida de la energía cinética media por
molécula. Al calentar un gas, aumentamos la agitación molecular, elevando la
velocidad media de las partículas. Si disminuye la temperatura del gas, se puede
licuar. Es coherente que la energía cinética media de una partícula líquida sea
menor que la correspondiente a una partícula gaseosa.
En
1827, el botánico inglés Robert Brown (1773-1858) constató, por primera vez, que
partículas pequeñas de materia inerte, suspendidas en un líquido y observadas
con un microscopio presentan una agitación azarosa y permanente dependiente de
la temperatura. La explicación de este fenómeno se logró ochenta años después.
El
descubrimiento del movimiento browniano permitió un desarrollo posterior más
profundo de la teoría cinética. El movimiento de los gránulos observados a
través del microscopio se interpretó como la ampliación del movimiento de las
pequeñísimas moléculas invisibles a la lente. Basándose en un estudio
cuantitativo del movimiento browniano, la teoría cinética permite calcular,
entre otros múltiples resultados, el número de moléculas contenidas en un
volumen dado, a cierta temperatura y presión, para todos y cualquier gas.
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