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A QUÉ
LLAMAMOS TERCER MUNDO:
La mayoría de los pueblos
descolonizados se han visto enfrentados a graves problemas de hambre,
analfabetismo, carencia de industria; pero estos problemas agobian también a
naciones cuya independencia política no es reciente. Para el conjunto de países
que no han realizado la Revolución Industrial se han buscado denominaciones
diversas; primero se habló vagamente de “pueblos subalimentados” —la palabra
hambre se rehuyó durante mucho tiempo en la literatura política y sociológica
hasta que rompieron el tabú las publicaciones de Josué de Castro—, más tarde de
naciones subdesarrolladas” y “en vías de desarrollo”.

El demógrafo Sauvy acuñó
la denominación Tercer Mundo porque veía en estos pueblos la prolongación del
Tercer Estado de la Revolución Francesa, similitud bastante forzada, ya que en
el Tercer Estado se integraban también burgueses adinerados. Esta expresión
terminó por aceptarse.
El drama del subdesarrollo
afecta a los dos tercios de la población mundial; en pertenecer a uno u otro
sector radican las más profundas diferencias entre las naciones. En 1958 Nehru
expresó: “la verdadera división del mundo contemporáneo no se encuentra entre
países comunistas y países no comunistas, sino entre países industrializados y
países subequipados”. Algunos especialistas han ido desvelando la situación
angustiosa en que viven la mayor parte de la población en una época
legítimamente orgullosa de sus conquistas científicas y tecnológicas.
Debemos apuntar que bajo una
misma denominación se ha incluido a naciones de niveles de riqueza muy dispares.
Países paupérrimos, como Bangla Desh o Mauritania, no deberían ir en el mismo
grupo que otros, productores de petróleo que presentan algunos de los rasgos
definitorios del Tercer Mundo pero unas posibilidades de desarrollo utópicas
para los carentes de esta fuente de ingresos.
Los países del Tercer Mundo se
basan en el monocultivo, pero un producto agrícola puede bajar de precio,
iniciando una espiral ruinosa. Los productores de petróleo presentan igualmente
un solo producto pero su artículo les garantiza grandes posibilidades, aunque se
trate de un bien no renovable, explotable durante un ciclo que esos países no
parecen estar aprovechando para industrializarse. Son países en desarrollo,
ricos, aunque su opulencia no será eterna. Para ellos se ha intentado la
denominación de Cuarto Mundo, pero es un rótulo equívoco, porque podría pensarse
que comprende a los que se encuentran en peor situación, y de hecho se ha
empleado a veces para señalar niveles extremos de pobreza nacional o para
referirse a los emigrados de países pobres que viven en la marginación de
ciudades del Primer Mundo.
INDICADORES
DEL SUBDESARROLLO
Dejando a un lado la ambigüedad
del término, veamos cuáles son los indicadores que caracterizan a los países
subdesarrollados, o en vías de desarrollo, como se ha preferido decir empleando
una expresión más esperanzadora.
a)
Baja renta por habitante.
De la ínfima producción de estos países correspondería a cada habitante, en un
teórico reparto igualitario, una cantidad mínima de bienes. Se dice que en el
diálogo Norte-Sur las diferencias entre ricos y pobres se hacen cada vez
mayores. ¿Es sólo un dicho o responde a un fenómeno real?
En 1980 en el primer
puesto de la tabla de los países figuraba Emiratos Arabes Unidos con 30.000
dólares de renta per cápita, y Bhután en el último con 80 dólares. En 1997
Luxemburgo figuraba como país más rico con 37.000 dólares y Mauritania
como uno de los más pobres. Estas cifras nos permiten llegar a tres
conclusiones: las diferencias entre países ricos y pobres son abismales; esas
diferencias no dejan de aumentar; algunos países pobres, como Mauritania entre
otros, han visto empeorar gravemente su situación en los últimos años.
b)
Subalimentación.
Ingestión alimentaria inferior a las 2.000 calorías diarias y ausencia de
proteínas y otros nutrientes en la dieta, lo que provoca problemas para el
crecimiento de los niños. Intermitentemente, al compás de los vaivenes
meteorológicos, hambrunas que diezman la población.
c)
Alto crecimiento
demográfico, provocado por la elevada natalidad, superior al 2% anual.
d)
Escasa densidad de las
infraestructuras. Inexistencia de una red de transportes moderna, de
organización estadística, etc.
e)
Predominio del sector
agrícola, sin mecanización ni modernización de los sistemas de cultivos.
Consecuencias: dependencia de las condiciones naturales; elevado empleo de mano
de obra, que alcanza hasta el 50% de la población activa; trabajo precoz de los
niños en labores agrarias, con perjuicio de su educación.
f)Industrialización mínima.
Habitualmente de tipo extractivo (minas) o que exige empleo abundante de mano de
obra. Dependencia del exterior, en cuanto a la tecnología y la comercialización
de los productos.
g)Altas tasas de
analfabetismo. Lacra prácticamente extinguida en los países occidentales, en
algunos paìses del Tercer Mundo aún persisten índices que impiden cualquier
programa de desarrollo. En Asia el 73% de Nepal y el 62% de Bangla Desh y
Pakistán; en Africa el 86% de Níger, 69% de Sierra Leona, representan algunos de
los casos más graves. En Mauritania el 62% de analfabetos ha podido ser uno de
los factores en el empobrecimiento que hemos apuntado.
h)Carencia de cuadros
dirigentes en la Administración y de técnicos en la producción.
FACTORES DEL
SUBDESARROLLO
CAUSAS DEL
ATRASO
Hemos visto que algunos países
iniciaron su industrialización en fecha tardía, Japón y Rusia constituyen dos
ejemplos a este respecto; sin embargo, los países atrasados se encuentran en la
actualidad con obstáculos casi insalvables no sólo para cubrir el foso que les
separa de los más adelantados, sino incluso para iniciar un proceso auténtico de
industrialización.
Analizaremos luego las razones de esta dificultad. Pero nos
interesa en este momento discenir las del retraso. La más evidente sería la
historia colonial; es una explicación fácil, las metrópolis mantuvieron a sus
colonias en una situación de atraso para poder aprovechar sus riquezas, en
concreto para extraer sus materias primas.
Sin negar que esta situación se
dio, es un factor insuficiente y, en todo caso, dejaría sin explicar el atraso
de las naciones que son independientes desde el siglo XIX o antes. Bairoch ha
aportado otras explicaciones. Según este autor las naciones que llegaron al año
1900 sin haber iniciado su industrialización se encontraron con una complejidad
técnica que imposibilitó su pronta asimilación; de ser determinante este factor
habría que concluir que Japón con el Meiji (1868) y Rusia con la emancipación de
los siervos (1861> “acordaron a tiempo” su programa industrial, treinta años más
de dilación les hubiera rezagado inevitablemente.
La distancia sería otro factor;
la Revolución Industrial se transmitió a paises cercanos a Inglaterra, los del
continente europeo, y a Estados Unidos, a través de un océano que se atravesaba
con facilidad; a mayor distancia la recepción masiva y continua de avances
técnicos resultaba una utopía, pero Japón o es una excepción o una refutación de
este argumento. También señala Bairoch diferencias de clima; los avances
técnicos de la Revolución Industrial son aplicables a la zona templada, pero no
a la tropical y ecuatorial. Finalmente, es más difícil industrializar naciones
de densidad de población muy alta en relación con la densidad de las naciones
europeas a principios del siglo XX. Las teorías de Bairoch han sido discutidas
en sus pormenores, pero en conjunto no hay duda de que el retraso en el inicio
de la industrialización complicó la posibilidad de las primeras fases de
despegue y contribuyó a aumentar de forma notoria las diferencias de nivel entre
los países industrializados y los no industrializados.
LOS
OBSTÁCULOS PARA EL DESARROLLO: Algunos de los problemas
parecen agravarse cada año. ¿Cuáles son los obstáculos para que estos países de
la constelación de la pobreza no puedan iniciar su despegue? Siguiendo a Bairoch
vamos a señalar cuatro tipos diferentes:
a) El obstáculo
demográfico. La tasa de aumento de la población, entre un 2,6-2,7% supone,
de mantenerse, la multiplicación por 13 de los efectivos humanos en un siglo;
este ritmo constituye un hecho enteramente nuevo y absorbe buena parte de las
inversiones. Las economías que iniciaron su desarrollo a lo largo del siglo XIX
podían crecer con una acumulación de capital del orden del 5 al 7%, pero los
países subdesarrollados actuales necesitan una acumulación de capital del orden
del 12% sólo para que no disminuya el nivel de vida de una población más
numerosa.
Además, este aumento se produce
en la población agrícola, a diferencia de Europa, que redujo el sector campesino
durante la Revolución Industrial. Finalmente, la alta natalidad provoca un
aumento desorbitado, proporcionalmente, de la población en edad escolar, lo que
supone otras necesidades de inversión que se adicionan a las de alimentación,
etc.
b) El obstáculo técnico.
En los orígenes de la Revolución Industrial la simplicidad de la técnica
permitía su asimilación casi inmediata; en contraste, la complejidad de la
técnica actual supone unos niveles de preparación para su aprendizaje que están
muy lejos de las posibilidades de los países del Tercer Mundo. Además, los
bienes de equipo exigen la instalación de grandes unidades de producción,
segundo factor que contribuye a que los países subdesarrollados dependan del
exterior para la adquisición de su maquinaria. Consecuencia de esta dificultad
de acceso a la tecnología y a las instalaciones costosas es que los pueblos
atrasados en vez de alcanzar niveles de industrialización moderna están
derivando hacia formas de artesanado artístico.
c) El bajo coste de los
transportes. En conjunto los precios de coste del transporte han descendido
en una proporción de 20 a 1, lo cual ha suprimido la barrera protectora de la
distancia. Esta posibilidad de trasladar con costes bajos artículos entre los
continentes constituye una tragedia para las naciones rezagadas en su
industrialización. En el campo de la agricultura importan el equipo agrícola en
vez de fabricarlo, destinan parte de sus tierras a cultivos de plantación para
la exportación y faltan tierras para la subsistencia, se mantienen bajos los
salarios y no se produce una demanda interior. Por otra parte es posible la
existencia de minería sin la creación de industrias de transformación; es decir,
un país atrasado, en la actualidad, puede tener grandes riquezas mineras y
extraerlas a base de comprar la maquinaria a un país industrial y venderle el
minera sin trasformar; se trata de industrias extractivas- en comparación con lo
que significó el carbón para Inglaterra señala inmediatamente las diferencias;
Inglaterra no vendió el carbón ni compró la maquinaria al iniciar su Revolución
Industrial, sino que suscitó con su riqueza minera una industria siderúrgica
propia.
PARA SABER MAS...
La ONU y el Tercer Mundo
A mediados de los años sesenta se estaban produciendo cambios sutiles pero
fundamentales en la organización mundial, reflejo de los cambios operados en el
mundo. Con la disolución oficial de los imperios coloniales de Europa en los
años cincuenta y sesenta, los últimos vestigios de una época histórica estaban
siendo reemplazados por las primeras conmociones de una nueva. Gradualmente, las
dos facciones opuestas que habían dominado la política mundial desde el final de
la guerra advirtieron la existencia de otro grupo, compuesto por los países
recién independizados de Asia, África e Iberoamérica.
Estas
naciones del Tercer Mundo, como llegaron a llamarse, sufrieron numerosas
dificultades: la mayoría eran militarmente débiles, políticamente inestables y
sumamente pobres, con pocos recursos industriales o intelectuales a los que
recurrir. Sin embargo, constituían un alto porcentaje de la población mundial:
algunas tenían recursos naturales de gran valor y —quizá lo más importante— no
estaban comprometidas con ningún bloque de la guerra fría.
Su
primer intento por establecer alguna forma de solidaridad política tuvo lugar en
abril de 1955 en la Conferencia afroasiática de Bandung (Indonesia). Aunque los
resultados de esa conferencia no fueron decisivos, los países participantes
reafirmaron su intención de permanecer «no alineados» y aprovechar las
rivalidades de la guerra fría para mejorar sus condiciones de vida.
Desde
entonces, las naciones del Tercer Mundo han surgido como un factor imprevisible
pero relevante en la política mundial, tendiendo en muchos casos a equilibrar y
moderar las acciones de las superpotencias. Especialmente en la ONU, su fuerza
como bloque les ha brindado un papel fundamental en casi todas las decisiones
políticas. Resultado, al menos parcial, de su creciente importancia fue
convencer a los Estados Unidos en 1971, tras 21 años de oposición, para que
respaldasen la admisión en la ONU de la nación mayor y más poderosa del Tercer
Mundo: la China de Mao Tse-tung.
Así,
casi por accidente, los propósitos originales de las Naciones Unidas parecían en
muchos aspectos más cerca de cumplirse que nunca. La paz mundial, o al menos la
supervivencia del mundo, se aseguraron durante un período que pudo haber marcado
el final de la historia conocida. Una pequeña fracción de poder se había
transferido de las superpotencias a algunas de las más pequeñas, y un creciente
porcentaje de la población mundial estaba representada en la organización
mundial; en tres décadas, los países miembros habían aumentado de 50 a 144. El
Tercer Mundo abarca el 51 por ciento de la extensión habitable del globo y su
población supone el 47 por ciento de la mundial.
El
futuro, por supuesto, no carecería de problemas. A medida que su poder
disminuía, las grandes naciones estaban menos dispuestas a financiar la
institución, especialmente las acciones a las que se oponían, como aconteció
cuando la Unión Soviética, Francia y otras se negaron a sufragar en la
proporción establecida la costosa intervención en el Congo. Semejante amenaza
surgió de nuevo a raíz de la controvertida votación de noviembre de 1975, en la
que la Asamblea General, dirigida por las naciones árabes, aprobó una resolución
calificando el sionismo de una forma de racismo.
Sin
embargo, persistía un hecho cierto y alentador: incluso en los momentos de mayor
tensión, ninguna nación había renunciado a su calidad de miembro de la
organización, en contradicción con las ruidosas dimisiones de la antigua
Sociedad de Naciones. Países diversos y en diversas circunstancias continuarán
sin duda encontrando defectos a las Naciones Unidas, pero es casi seguro que
jamás se pondrá en duda la importancia de la Organización.
El Neocolonialismo y el
Tercer Mundo
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