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El terrible estruendo de un
terremoto destrozó el silencio de la mañana del 18 de abril a las 5:15 AM. El
terremoto duró sólo un minuto, pero causó el peor desastre natural en la
historia de la nación. Un análisis de las estimaciones modernas registró
8.25 en la escala de Richter, en comparación, con otro terremoto que también
azotó a San Francisco el 17 de octubre 1989 y registró 6.7.
La
mayor destrucción se produjo a partir de los incendios que el sismo provocó.
Esto asoló la ciudad durante tres días y alcanzó las a destruir 490
cuadras de la ciudad, con un total de 25.000 edificios, hizo que más de 250.000
personas queden sin hogar y mató entre 50o y 700. Los daños superaron las
estimaciones 350 millones de dólares.
Algunos testigos oculares describieron sus experiencias:.. "...era como si la
tierra se deslizaba suavemente por debajo de nuestros pies, luego vino el vaivén
repugnante de la tierra que nos tiró de cara obre el suelo. No podíamos
ponernos de pie, parecía que mi cabeza se dividiera, con un gran estruendo
que se estrelló en mis oídos. Los edificios grandes se derrumbaban como uno
podría aplastar una galleta en la mano. Delante de mí un gran cornisa aplastó a
un hombre como si fuera un gusano." (P. Barrett).
"Cuando se incendió el Hotel Windsor en la Quinta y en la calle Mercado
había tres hombres en el techo, era imposible bajar. En vez de ver a los hombres
enloquecidos con la caída de la azotea y ser asados vivos, unl militar dirigió
su hombres para disparar, lo que hicieron en la presencia de 5.000 personas. "
(Fast Max).
"Lo
más terrible que vi fue la lucha inútil de un policía y otros para rescatar a un
hombre que quedó atrapado en los restos en llamas. El hombre indefenso que
observaba en silencio hasta que el fuego comenzó a quemar sus pies. Entonces él
gritó y suplicó que lo mate. El policía tomó su nombre y dirección y le
dispararon en la cabeza. " (Adolphus Busch).
La
destrucción de la ciudad: Empresario Jerome B. Clark vivía en Berkeley
cerca de la bahía de San Francisco. Él experimentó una menor sacudida en su casa
en la mañana temprano, pero esto no le impidió hacer su viaje regular a la
ciudad. Él describe lo que vio cuando desembarcó del ferry:
"En
todas las direcciones había fuego, el Ferry Building hervía, y mientras
estaba allí, un edificio de cinco pisos, a media cuadra de distancia cayó con
estrépito, y el fuego arrasó toda la calle y alcanzó un edificio de reciente
construcción nueva a prueba de fuego. En las calles había lugares
hundidos, de tres o cuatro pies, en otros lugares grandes montículos de cuatro o
cinco metros de altura, habían aparecido de golpe. Las pistas de tranvía fueron
dobladas y retorcidas. Los cables eléctricos estaban cortados y desparramados en
todas las direcciones. Las calles de todas las partes estaban llenas de
ladrillos y mortero, edificios totalmente destruidos, los frentes se
desmoronaban por completo. Los vagones con caballos enganchados , y sus
conductores tendidos en las calles, todos muertos, golpeados por la caída
de ladrillos. En su mayoría los vagones era de los distribuidores de productos ,
que hacen la mayor parte de su trabajo a esa hora de la mañana. Naves
industriales y grandes casas de venta al por mayor de todo tipo ya sea hacia
abajo, algunos edificios desplazados dos o tres pies fuera de la línea , pero
todavía en pie, con las paredes todas agrietadas."
"El
fuego envolvía a todos los edificios sin distinción, los viejos y los
mejores y lo mejor de los edificios de oficinas y negocios estaban ardiendo. Se
bombea el agua de la bahía, pero era demasiado lejos por lo que los esfuerzos
eran inútiles. La red de agua se había roto por el terremoto. La única salida
era la dinamita, y vi a algunos de los edificios más finos y bellos de la
ciudad, los nuevos palacios modernos, volar en pedazos. Primero volaron
edificios de uno o dos a la vez. Al comprobar que no sirve para nada, se
llevaron a media cuadra, que era inútil, y luego tomaron un bloque;. Pero a
pesar de todos ellos el fuego seguía extendiendo "
Luego vino el fuego: Por toda la ciudad empezaron los incendios provocados,
por calentadores que se habían dejado encendidos, chimeneas, cocinas , chispas
eléctricas o la ignición del gas que escapaba de tuberías rotas. Un ama de casa
encendió un fósforo en lo que había sido su cocina y ocasionó una explosión que
incendió cientos de casas que quedaron destruidas hasta los cimientos.
Meses
antes, el jefe de bomberos, Danny Sullivan, había advertido a los
funcionarios de la ciudad que su servicio podría resultar insuficiente para
enfrentar una conflagración seria, y sus palabras sonaban aterradoramente
serias. Para combatir 52 incendios sólo había 38 carros de bomberos tirados por
caballos. Enormes grietas en las calles habían fracturado todas las tuberías del
agua. Excepto en los pozos artesianos aquí y allá, o proveniente del mar en
incendios cerca de la costa, no había una sola gota de agua para apagar el
fuego.
Atizados y llevados por una fuerte brisa, los incendios empezaron a aglutinarse
en un único infierno, y un damnificado describió la vista que contempló desde
una de las muchas colinas de la ciudad: “Mirando hacia abajo vi la enorme ola
de fuego que rugía en la hondonada, quemando tan rápido que tenía el efecto de
un inmenso horno; corría con estruendo hacia kilómetros de viviendas
deshabitadas tan carentes de vida, que parecían esperar conscientemente su
inmolación”. Vio también techos y cumbres de colinas destacándose
desoladamente contra el resplandor de las llamas y “chispas saliendo con fuerza
como el rocío de mares que estallaban”.
Para
el mediodía de aquel primer día, el fuego estaba totalmente fuera de control.
Tropas federales llamadas por la única línea telegráfica que permanecía intacta
se hallaban en el camino, así como unidades de la Guardia Nacional y 600
socorristas de la Universidad de California en Berkeley, al lado este de la
bahía.
En el
lugar, en medio del infierno, sólo dos cosas podían intentarse: salvar el mayor
número de vidas posible y abrir una brecha en el camino de las llamas. Durante
aquella tarde y resplandeciente noche roja, Chinatown entera fue reducida
a cenizas al igual que el Palace Hotel, las casas (excepto una) en Nob
Hill, y las viviendas, chozas, cobertizos y cabañas en el resto de de la
ciudad, en tanto que la Marina conducía a miles de damnificados en
transbordadores a través de la bahía hacia Oakland en la costa oriental,
y los voluntarios luchaban desesperadamente para mantener los puntos de embarque
libres del fuego. Para muchos no hubo posibilidad de rescate; murieron quemados,
atrapados bajo los escombros de sus casas. Ochenta personas perecieron de esta
forma en un hotel. Al acercarse las llamas, un hombre atrapado persuadió a un
policía para que lo matara de un disparo.
Fallaron los intentos por crear barreras contra incendios dinamitando los
edificios. Las cargas explosivas fueron colocadas por hombres inexpertos, y en
su mayoría resultaron excesivas, pues hicieron que los edificios estallaran en
lugar de derrumbarse lo que originó nuevos incendios.
Después del terremoto y de los fuegos, más de 500 manzanas de la ciudad de San
Francisco estaban en ruinas. Más de la mitad de la población de la ciudad quedó
sin hogar. La gente vivía en tiendas de campaña y otros albergues, y cocinaban
al aire libre. Con todo, a pesar de la devastación, no tardó mucho para que la
gente comenzara a recoger los escombros.
El
terremoto ocurrió cuando hubo un movimiento precipitado a lo largo de la falla
de San Andreas. Esta gran falla de transformación (choque-deslice) está en
California. Es el límite entre dos de las placas tectónicas de la Tierra.
Después del
terremoto, un ingeniero llamado Herman Schussler, exploró la falla de San
Andreas que corta a través de la montaña de la cordillera de la costa. En 1908,
testificó ante una corte de Distrito Norteamericana de San Francisco acerca de
lo que vió.
"La característica
más notable fue que las montañas del este se acercaron cuatro pies y medio a las
montañas del oeste" explicó Schussler ante la corte. Piensen en
eso. En sólo uno minuto, las montañas enteras se habían movido unos pies.
"Si San Francisco
hubiera estado en o cerca de la falla no habría quedado nada de ella", continuó
Schussler.
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