“El
mismo nombre de Tiawanacu es un nombre prestado (...), es un nombre
quechua, Tie huanacu. Se recupero este nombre hacia principios de la
época colonial. El nombre original de esta área es Taypikala, taypi,
centro kala, piedra, la piedra del centro, la piedra del medio. Pero
(...) a partir de la colonia que se utiliza ese nombre.
Tiawanacu
ha sido importante, no solamente para esta área del altiplano: su importancia
también va a radicar en la influencia que ha tenido en el desarrollo cultural
prehispánico en gran parte de América. Tiawanacu tiene una vigencia de casi tres
milenios donde ha habido el fomento de una gran industria en cuanto a la lítica,
en cuanto a la cerámica, la producción de la papa. Hoy en día contamos con más
de 400 vaciedades de papa producto, justamente, de Tiawanacu.
Hay
tres fases que entender en la historia de Tiawanacu, tres grandes períodos: la
primera es el período aldeano que se inicia aproximadamente hacia el año 1500,
1600 a.C. Este período aldeano va a perdurar hasta principios de nuestra era
cuando, gracias a la consolidación del territorio, el aumento de la población,
la diversificación en la producción, los nuevos sistemas agrícolas que se van
realizando en Tiawanacu, el intercambio de productos, y los excedentes, entre
otros, Tiawanacu se transforma en un estado (...) de carácter teocrático, con un
predominio religioso.
Se ve
la representación de estos grandes dignatarios en estas estelas (lo que llamamos
monolitos), donde se ven una especie de reyes-sacerdotes, que llevan el “kero”,
el vaso sagrado, el vaso ceremonial, y el báculo, el bastón de mando, como una
representación de reyes-sacerdotes.
La
época de esplendor de Tiawanacu, la época clásica de Tiawanacu es a principios
de nuestra era, aproximadamente desde el año 50 o 60 hasta aproximadamente el
año 700. Es la época de las grandes construcciones, donde hay ese predominio
religioso.
Más
tarde Tiawanacu empieza a sufrir un cambio, se empieza a militarizar. Hay un
período donde hasta esas estelas, esos monolitos van cambiando, y aparecen los
chachapumas, los chachapondoris (“chacha” es hombre). Los hombres
cóndor o los hombres puma ya llevan cabezas trofeo, hachas en la mano: se
muestra un cambio y un abandono en los templos de Tiawanacu.
Se va
formando una casta más de carácter militarista, expansionista. Tiawanacu va a
abrir sus fronteras, en gran parte de América del Sur, va a penetrar todo el
norte de la Argentina, norte de Chile, gran parte del Perú.”
LA ARQUITECTURA: Las ruinas de Tiahuanaco ponen
de manifiesto la maestría de sus arquitectos originales. Los monumentos y los
templos fueron diseñados con trazo sencillo y majestuoso y la inclinación de los
muros calculada al milímetro. Contaban todos co redes de aguas, tanto de
superficie como subterráneas, y la propia ciudad poseía un gran red central. La
orientación estelar de ¡edificios es absolutamente precisa, lo cual resulta aún
más notable dadas sus enormes dimensiones.
Entre
las construcciones más destacadas se encuentra la Kalasasaya, o Templo
de las Piedras Paradas, de dos hectáreas de extensión, que registra el paso
del sol durante los 365 días del año. Asimismo, destaca la Kantayita, o
templo de la Luz del Amanecer, decorada con ricos repujados que en su día
estuvieron cubiertos por completo de oro.
El "Templo de las Piedras Paradas
cubre aproximadamente 2 hectáreas y su estructura está basada en columnas de
arenisca y sillares cortados, dispuestos entre estos, sobresalen gárgolas o
goteros de desagüe para las aguas pluviales.
El monumento imponente que en
su día la Pirámide de Akapana, de 18 m. de altura y 8.000 m de perímetro, que
fue excavada por los conquistadores en busca de tesoros. Los arqueólogos ¡a
están desenterrando de nuevo en la actualidad.
Los
arqueólogos calculan que, en su esplendor, la metrópolis aymara llegó a albergar
más de 100.000 habitantes. Algunos afirman que cayó en decadencia a causa de un
descenso en el nivel del Titicaca. Las investigaciones de Posnanky
sugieren un final más traumático.
En el
sector sacramental de Puma Punka, el arqueólogo halló enormes bloques de
piedra arrumbados en el suelo. Los más grandes pesaban más de cien toneladas y
ni siquiera habría podido moverlos un terremoto. Posnansky concluyó que,
al igual que el resto de Tiahuanaco, habían sido abandonados ante un cataclismo
sin precedentes. Este último sería lo que conocemos como el diluvio universal.
(imagen: Monolito del Fraile)
Las
conclusiones de Posniansky han tenido tantos partidarios como críticos. Ya en
tiempos de la conquista, los incas atribuían a Tiahuanaco una antigüedad
extraordinaria y la memoria de sus pobladores se había fundido con la leyenda de
la inundación de Viracocha. Sin embargo, para haber sido arrasada por el
diluvio, la ciudad tendría que ser más vieja que Sumeria y Babilonia. De hecho,
habría sido el puerto más antiguo del mundo.
Los dioses de la Atlántida: Tiahuanaco y el
Titicaca contienen otros indicios inquietantes que respaldan las conjeturas de
Posnansky. En los templos de la ciudad se han encontrado dibujos de animales del
pleistoceno, extinguidos hace 14.000 años en la última glaciación. En las aguas
del lago se han hallado especies de fauna oceánica, cuya presencia a 4.000 m de
altura desafía la imaginación. Algunos investigadores señalan que sólo pudo
traerlas hasta allí una marejada de escala planetaria, probablemente ocasionada
por el final de esa última glaciación.
El
misterioso final de Tianuahaco ha llevado también a identificarla con el mítico
reino de la Atlántida. En las tradiciones de los aymara, Viracocha y los dioses
que lo acompañaron en la fundación de la ciudad se describen como seres venidos
del mar, de alta estatura, barba dorada y ojos de color esmeralda.
El
monolito más imponente de Tiahuanaco representaba a un hombre con el rostro de
Viracocha y el cuerpo cubierto de escamas de la cintura para abajo. Por sus
mejillas corren las lágrimas que el dios derramó por la maldad de los hombres.
Según reza el mito, estas mismas lágrimas se convirtieron en torrentes y, en un
tiempo remoto, inundaron el mundo. Los aymara invadieron el lugar a partir del
siglo XII y se produjo el colapso definitivo de la ciudad.
Para llegar al complejo
arqueológico de Tiahuanaco lo más recomendable es tomar una plaza en un coche
privado en el cementerio de La Paz. Desde el paso de lo frontera con Perú, en
Desaguadero, puede tomarse un transporte público y descender en la encrucijada
de Tiahuanaco. De allí al complejo hay quince minutos o pie Sin embargo, los
temperaturas son bajos durante todo el año a causa de la altitud,, que puede
provocar «mal de altura La visita puede tomar fácilmente un da entero. Entre ¡os
hitos arqueológicos imprescindibles, están los altorrelieves de a Puerta del Sol
y los curiosas puertas corredizas» del Palacio de los Sarcófagos Vale la pena
recorrer el «Museo Región de Tiahuanaco», que alberga una amplia colección de
piezas halladas en las excavaciones. Para explorar el lago Titicaca, lo más
aconsejable es regresar a La Paz y dirigirse desde allí al pueblo de Copacabana.
Historia de América Latina
Javier Escalante:Arquitecto
y licenciado en Arqueología de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz,
Bolivia. Docente en la carrera de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz,
Bolivia.
Lugares Sagrados de América Juan Tafur