Suelen producirse en primavera y, aunque poco conocidas, las tormentas de polvo
son —en
palabras del profesor Andrew Goudie, de la Universidad de Oxford— “un
fenómeno que no atrae la atención debida” aunque sean capaces de transportar
grandes cantidades de este material a distancias increíbles, por ejemplo desde
el Sahara hasta Groenlandia y desde China hasta Europa.
Los datos que
proporcionaron los científicos en el Congreso Geográfico Internacional,
celebrado en 2004 en la ciudad escocesa de Glasgow hacen pensar que las
tormentas de polvo se están volviendo más frecuentes en algunas partes del
mundo. También observaron que la cantidad
di este material que viaja por el planeta es de 2.000 a 3.000 millones de
toneladas anuales.
Los
avances en la monitorización de imágenes por satélite han logrado localizarla
mayor fuente de polvo: está situada en la depresión de Bodéle, en Chad. Según
señaló Goudie, “el polvo terrestre es uno de los componentes que ha demostrado
tener más importancia de la que se pensaba por su naturaleza migratoria”. Cuando
las partículas de polvo o arena se posan en el terreno, salinizan el suelo,
transmiten enfermedades, ya que muchos agentes microbianos pueden quedar
“ençanchados” en él: contaminan el aire,
alteran la luminosidad de los casquetes solares. Además, son sumamente
peligrosas debido a la dificultad para ver y respirar. En la península arábiga,
por ejemplo, el viento Simún puede llevar tanta arena que no permite ver nada.
El polvo contra los EE.UU.
En
los años 30, los vendavales de polvo que asolaron las grandes llanuras
estadounidenses forzaron la emigración de millones de personas lejos de sus
granjas. Tan potentes pueden llegar a ser estas tormentas que en marzo de 2003
una de ellas frenó el avance de las tropas de EE.UU. y Reino Unido en la guerra
contra Iraq. En agosto de 2004, se vivió
en
Bagdad la peor luego de aquella que tuvo lugar en 2003 y la ciudad, envuelta en
una nube, parecía más fantasmagórica de lo habitual. China es uno de los países
que más sufre el problema. No en vano el 18,2 por ciento de su superficie
se ha desertizado ocasionando una pérdida anual de 6.680 millones de dólares.
Por ese motivo, el gobierno de ese país se ha empeñado en emprender acciones que
permitan frenar la tendencia.
El polvo ciega a los ojos, a veces
son tan fuertes que impide ver lo que hay a nuestro alrededor.