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Cuando Augusto, el
primer emperador de Roma, murió en 14 d. C, el Senado romano lo
declaró dios. De ahí en más, el pueblo adoró a los emperadores y en
todo el Imperio se construyeron templos en su honor. Estos edificios
impresionantes ponían de manifiesto el poder absoluto de las
autoridades supremas.
Los monumentos
erigidos para celebrar las victorias bélicas también contribuían a
proclamar la fuerza de los soberanos. Los emperadores emitían
monedas con sus retratos y encargaban pinturas, mosaicos y
esculturas que los representaban a ellos mismos y a sus familias.
Más que
mostrarnos una verdadera semejanza, el estilo y el simbolismo de los
retratos imperiales nos hablan muchas veces sobre la forma en que un
emperador quería que sus súbditos lo vieran. La siguiente es una
lista de algunos de los emperadores más importantes.
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