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Para
fines del siglo XIX, se sabía que la radiación de cuerpo negro se debía a las
oscilaciones de las partículas cargadas de la superficie de estos cuerpos. Sin
embargo, a partir del electromagnetismo clásico era imposible deducir los
espectros y las leyes experimentales de Stefan-Boltzmann y de Wien. La Física
clásica había llegado a un límite que no podría superar.
Un
científico alemán llamado Max Planck (1858-1947) fue el responsable de
introducir una innovación que cambiaría para siempre el rumbo de la Física.
Probando distintas funciones y haciendo infinidad de cálculos, Planck había
encontrado (sin deducirla de principios de la Física) una fórmula que
describía muy bien los espectros experimentales de los

Comportamiento encontrado por
Planck para la emisión de un cuerpo negro P(µ,T) es la potencia
emitida y µ es la longitud de onda
cuerpos negros. Pero encontrar la forma funcional de una relación no significa
explicar por qué resulta así. Esta fórmula se resistía a ser deducida de los
principios clásicos. Entonces Planck, sin demasiado convencimiento, se vio
obligado a introducir un postulado que no tenía, en principio, ninguna
justificación, pero que le permitía predecir perfectamente los espectros de
radiación que la naturaleza mostraba. Era el siguiente:
Los osciladores microscópicos
responsables de la emisión electromagnética no pueden emitir o absorber
cualquier valor de energía. Si el oscilador tiene frecuencia y, sólo emitirá o
absorberá múltiplos enteros del cuanto de energía E = h . v (donde h es
la constante de Planck).
(Nota: la letra v es griega y se
la pronuncia nu)
El
valor de h es muy pequeño, 6,63. 1O-34 J . s,
y resultó ser una constante universal, fundamental
dentro de la teoría cuántica.
Que
la energía estuviera cuantízada, que no fuera continua sino discreta, era
tan absurdo como suponer que cuando una piedra cae libremente no puede pasar por
todas las alturas posibles, sino que va saltando, de una posición a otra mas
distante sin pasar por las intermedias.
En un
principio este resultado no causó gran conmoción en la comunidad científica,
pues se lo consideró como un artilugio con poco asidero real.
Según
la teoría clásica de las ondas electromagnéticas, éstas transportan energía en
forma continua y no en paquetes discretos o cuantos. Vemos que la luz de una
vela llena una habitación con un flujo constante de energía. Sin embargo, la
cuantización implicaría una emisión espasmódica de la luz, corno si la vela
parpadeara, encendiéndose y apagándose intermitentemente (que es en realidad lo
que ocurre en el nivel microscópico!). El mismo Planck no podía creer que esto
fuera así. Pasarían algunos años hasta que el cuanto de energía fuera aceptado
como una realidad.
Calculemos el valor del cuanto de energía para una onda electromagnética de la
región visible de frecuencia 5. 1O14 Hz (amarillo):
E = h . v 6,63. 1O-34 J.
s . 5. 1014 Hz = 3,3. 10-19 J.
Este
valor de energía es diminuto. La energía que libera una pequeña luciérnaga, por
ejemplo, contiene miles de millones de cuantos. Esto hace que la cuantización de
la energía de las ondas electromagnéticas no tenga efectos macroscópicos, pero
sí tiene peso cuando se estudian fenómenos a escala atómica.
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