Filósofo
griego. Su vida es un auténtico misterio. En él todo parece de caricatura. Iba
descalzo por la ciudad de Atenas. A veces, cuando recomendaba a los jóvenes
adolescentes que fueran limpios y elegantes, el aparecía sucio. Era casi un
mendigo. Su primer enigma es, pues, saber de qué vivía. Su padre fue escultor y
su madre comadrona. No se conoce bien si se casó una o dos veces. También le
gustaba la música. En realidad fue un cosmopolita sedentario, ya que no salió
nunca de la ciudad de Atenas más que para luchar contra los persas o consultar
el oráculo de Delfos. Otros filósofos viajaron por el Mediterráneo para
instruirse. Vivió en unos tiempos turbulentos, bajo la tiranía de los Treinta,
que según Jenofonte le prohibieron enseñar la retórica.
Su personalidad es, a veces, contradictoria: bufón y serio, dulce y violento,
religioso y librepensador, aristócrata y demócrata. No se conoce tampoco con
exactitud cuál fue su formación intelectual: practicó la gimnasia, la música, la
geometría y la astronomía. En cuanto a su relación con los filósofos, no
entendió a Heráclito, frecuentó a los sofistas y tuvo entre sus oyentes a
Platón. Sócrates no ha dejado ningún texto escrito. Es dudoso, por tanto, si
existe una filososfía suya. Sus palabras y pensamientos nos han sido
transmitidos. Fue un teórico puro, va, viene, pregunta, vive de la ciudad.
Considerará amigos a los otros ciudadanos, intentará ayudarles y mostrará un
amor pedagógico hacia los jóvenes. En su propia educación será sobrio, cuidará
su salud, despreciará el dinero, será piadoso y modesto. Tendrá por norma
predicar con el ejemplo.
Sócrates interrogaba al que encontraba, al artesano, al político, al sacerdote y
a todos les demostraba que eran incapaces de definir el objeto de su saber.
Sócrates se incluiría entre los sofistas al limitar su búsqueda al único objeto
que podemos conocer, el hombre. Para él, el sustituto de la prueba metafísica es
la experiencia y la analogía, el diálogo. En realidad, es casi seguro que fuera
el creador de la dialéctica. Con una burlona modestia (su ironía) se coloca en
actitud interrogante frente a su interlocutor y le hace examinar casos
particulares y de la vida corriente, que luego comparaba con otros, deducía sus
consecuencias, llegando a principios generales de crítica moral o a mostrar la
falsedad del argumento o las contradicciones en las que incurría el
interlocutor. Es casi seguro que expuso a muchos a vergüenza, por lo que fue
creándose enemigos, llegando a considerarle peligroso y revolucionario. Su
mérito estribó en establecer que por un trabajo comunitario sobre el discurso
común, se podía llegar al discurso justo: los sofistas hablaban ante los otros,
pero no con los otros, el dialéctico, sin embargo, dialoga e intenta convencer a
través del diálogo.
La dialéctica destroza los discursos largos, procede a base de preguntas cortas,
se dirige al intelecto y su finalidad es convencer. Su ironía es burlona, porque
la dialéctica se prepara para demostrar al otro que, en realidad, ignora lo que
alardea de saber. Para Sócrates el concepto es innato y universal. El
pensamiento de Sócrates no fue Dios ni el Cosmos: es cualquiera, el artesano, el
artista, el político. A cada uno le interesa lo útil, pero no con carácter
universal, sino por un beneficio inmediato. Su análisis de lo útil desemboca en
el concepto de bien. Propugnó la práctica de la virtud, porque, en su opinión,
la virtud es dominar los movimientos de una naturaleza ciega y conducirse según
la ciencia del bien. Pensaba, asimismo, que el hombre, por esencia, quiere el
bien y que cuando hace mal se engaña, concluyendo que nadie es malvado
voluntariamente.
Considera necesario hablar; la verdad, en su opinión, no se alcanza con grandes
y aparatosos discursos, sino mediante el diálogo. El lenguaje será para él el
lugar de su verdad. Pero lo más importante no será el dios oculto o el mundo,
sino que para Sócrates lo fundamental es conocernos a nosotros mismos. La
virtud, para él, consistirá en resistir a los impulsos particulares para seguir
los mandamientos universales de la razón.
Los conceptos más útiles e importantes son los que nos pueden ayudar a dirigir
nuestra conducta. Éste será el Sócrates creador de la ciencia moral. Pero el
Sócrates que nosotros conocemos es el creado por Platón, no es un hombre de
carne y hueso, sino un auténtico <<personaje>>, sabio, sublime, tierno, burlón,
honrado. Como no dejó un sistema doctrinal y prefería educar a los hombres para
que ellos solos reflexionasen, su figura y doctrina fueron asimiladas por sus
discípulos, y, a su muerte, se formaron varias escuelas socráticas: la Clínica,
la Cirenaica y la Megárica.
Su forma de morir también elevaría a la categoría de mito a este enigmático
personaje. Fue condenado a muerte. Aunque lo consideró injusto, no quiso escapar
cuando sus alumnos le prepararon la huida y bebió la cicuta, demostrando una
gran serenidad y poniendo en práctica su teoría de que el primer deber del
ciudadano es la obediencia de la ley, aunque sea injusta. El porqué de esta
condena ha sido motivo de discusiones frecuentes, sin haberse llegado a una
conclusión definitiva. Hasta el siglo XIX se pensó que fue víctima de los
sofistas, sus enemigos más directos. Después se creyó que Sócrates había
suscitado la ira de los más reaccionarios, acusándole de corruptor de la
juventud y también que le pudieron exigir cuentas por su colaboración con los
aristócratas. Otros han visto en su muerte una conducta fracasada. Opinan que él
quería morir, que estaba cansado de su sabiduría. Pero, apenas muerto, una vez
ingerida la cicuta, se cerraron las palestras y gimnasios en señal de duelo y se
desterró a los que le habían acusado. Con su muerte, se convirtió en un mito, en
un símbolo. Ha pasado a la historia como la representación del sabio por
excelencia.
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