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La tuberculosis es una enfermedad infecciosa producida por una microbacteria del complejo Mycobacterium: M. tuberculosis (conocido con el nombre de bacilo de Koch, en honor a su descubridor, Roberto Koch).La tuberculosis afecta por lo general a los pulmones, pero de ahí puede diseminarse por la vía hemática o linfática a otras partes del organismo, como el sistema nervioso central, los riñones o la columna vertebral. Las personas infectadas por el VIH están en mayor riesgo de sufrir una reactivación de la infección latente, debido a la depresión de su sistema inmunitario.

En 1996, una serie de informes publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por el Worldwatch Institute dio a conocer una triste noticia: varias enfermedades que parecían erradicadas, o cuando menos bajo control, habían reaparecido con mayor virulencia. Entre éstas, una de las más preocupantes es la tuberculosis (TBC), una enfermedad infecciosa producida por el bacilo Mycobacterium tuberculosis.

En 1882, el microbiólogo alemán Robert Koch (1843-1910) descubrió el agente causal, por lo que también se lo conoce como bacilo de Koch.

La TBC constituyó un grave problema para la salud mundial. Se estima que en Europa, durante el siglo XIX, una de cada diez muertes eran provocadas por esta afección.

Actualmente, la tuberculosis (TBC) es una enfermedad que afecta a más de la tercera parte de la población del mundo y, de acuerdo con estudios realizados por la OMS (Organización Mundial de la Salud), lamentablemente se previó que en esta última década del siglo XX ha quitado la vida a alrededor de 30 millones de personas en los países en vías de desarrollo.

Robert Koch identificó el bacilo causante de la tuberculosis, lo que le valió el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1905.

Para tener en cuenta: el bacilo de la tuberculosis es de fácil transmisión por el aire. En promedio, una persona contagiada puede infectar entre diez y quince individuos.

Las principales manifestaciones de la tuberculosis son la debilidad general, cansancio rápido y fácil, disminución o falta absoluta de apetito, adelgazamiento, palidez y, sobre todo, pequeñas elevaciones de la temperatura, las temidas décimas de fiebre que se presentan a última hora de la tarde.

También la tos pone sobre aviso. Ante catarros muy frecuentes o cualquier infección respiratoria "leve" que se prolongue en demasía, sobre todo en los casos en que no se alivie del todo la tos, es necesario practicar un examen de los pulmones por rayos X, para descartar la posibilidad de que se trate de una tuberculosis.

La expulsión de sangre con el esputo, es decir, la hemoptisis, exigirá un examen inmediato. Para averiguar si un enfermo padece tuberculosis pulmonar, disponemos de diversos medios muy eficaces. Uno es el examen del esputo por el microscopio para descubrir, en ocasiones, la presencia de los bacilos de Koch.

Otro se practica inyectando en la piel una cantidad pequeñísima de un producto que se obtiene de los bacilos (llamado tuberculina). Al cabo de una hora se observa un enrojecimiento en el lugar de dicha inyección, es decir, una especie de inflamación que nos indica si el individuo estudiado dispone de defensas movilizadas durante infecciones previas y tiene el organismo preparado para el ataque por dicho bacilo.

A veces, por el contrario, dicho enrojecimiento no se presenta, de los cual deducimos que la persona en cuestión todavía no ha sido puesta en contacto con el bacilo, o bien que está desprovista de defensas contra él. Finalmente, la reacción cutánea puede ser muy exagerada, lo cual denota que el individuo posee una sensibilidad excesiva frente al microbio. (este método no es muy seguro)

El diagnóstico más seguro se realiza hoy mediante el examen por rayos X. Los territorios inflamados originan una serie de sombras en los lugares donde normalmente tendría que observarse una claridad muy intensa, debida al contenido de gran cantidad de aire en el interior de los alvéolos que apenas resaltan en la imagen radiográfica. La presencia de estas sombras anormales orienta hacia la existencia de una alteración pulmonar localizada en dicho lugar.

MODO DE TRANSMISIÓN
La tuberculosis se transmite por la exposición al bacilo tuberculoso, normalmente al entrar en contacto con las secreciones respiratorias que despiden las personas con tuberculosis pulmonar o de otras partes del árbol respiratorio, cuando tosen, cantan o estornudan.

Una persona que respira el aire en que se encuentran suspendidas secreciones respiratorias infectadas puede contagiarse, pero para ello es necesario que la exposición a un caso infeccioso sea cercana y prolongada, o repetida. En algunos casos, el bacilo infectante puede invadir las mucosas o penetrar por heridas en la piel. (imagen: gentileza www.juntadeandalucia.es)

Ciclo de la tuberculosis
Los bacilos de Koch presentan una alta tolerancia al ácido y al alcohol, por lo que se conocen como bacilos ácido-alcohol resistentes (BAAIR). Penetran por las vías respiratorias y se alojan rápidamente en los tejidos pulmonares, donde producen las primeras lesiones (primoinfección).

Después forman las cavernas tuberculosas, sobre todo en los lóbulos superiores de los pulmones; asimismo producen lesiones pleurales, como la pleuritis o pleuresía pulmonar, su cuadro se agrava en la forma miliar, en la que se observan muchos focos en los pulmones y en casi cualquier otro órgano del cuerpo: el Mycobacterium se disemina por las vías sanguínea o linfática, y así se localiza en distintos órganos.

En el caso de los enfermos de sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), quienes no cuentan con las defensas adecuadas, la TBC es especialmente grave y frecuente.

Si la infección prospera, se manifiestan los primeros síntomas: fatiga, fiebre, pérdida de peso y tos acompañada de esputos sanguinolentos.

Los esputos que eliminan los enfermos son la principal fuente de contagio, porque los bacilos se propagan en gotitas suspendidas en el aire o por partículas de polvo. El bacilo puede permanecer latente en el organismo durante un largo período hasta que una disminución de las defensas del cuerpo permita el desarrollo de la enfermedad. Por esta razón. la tuberculosis se manifiesta especialmente en regiones superpobladas, de bajos recursos y con altos índices de desnutrición.


bacilo Mycobacterium tuberculosis
"Los bacilos de la tuberculosis infectan a una persona cada segundo en todo el mundo."

Cuando se determina (mediante examen con microscopio de la presencia de bacilos en una muestra de esputo) que una persona tiene tuberculosis infecciosa, debe iniciarse un tratamiento completo con la dosis correcta de medicamentos antituberculosos, con el apoyo de personal de los servicios de salud o comunitarios o de voluntarios capacitados. Los medicamentos antituberculosos más comunes son isoniazid, rifampicina, pirazinamida y etambutol. (O.M.S)

Profilaxis y tratamiento de la tuberculosis

El Programa Nacional de Control de la Tuberculosis, que tiene como propósito disminuir el riesgo de infección y muerte por TBC en nuestro país, se basa fundamentalmente en:

a) búsqueda de casos: se detecta a los pacientes que son fuente de infección y pueden contagiar a las personas sanas

b) determinación de los grupos de riesgo: incluye a quienes conviven con el enfermo, a los diabéticos, los desnutridos y los enfermos de sida;

c) tratamiento antituberculoso: debe realizarse simultáneamente con la búsqueda de casos, ya que una vez diagnosticada la enfermedad debe indicarse el tratamiento con un antibiótico específico. Las posibilidades de curación son del 95 por ciento;

d) vacunación: en 1924, los bacteriólogos franceses Albert-Léon Calmette (1863-1933) y Alphonse E M. Guérin (1816-1895) desarrollaron la vacuna denominada BCG, la cual confiere un 80% de inmunidad contra la enfermedad durante un período de diez años. Al ser el medio de mayor eficacia preventiva, su aplicación es obligatoria en diferentes etapas de la vida del ser humano; de hecho, es la primera vacuna que recibimos: al mes de edad.

El primer agente quimio-terapéutico específico para la TBC fue la estreptomicina, descubierta por el microbiólogo estadounidense Selman Abraham Waksman (1888-1973) en 1944. A este hallazgo siguieron, en 1948, el del PAS (ácido para-amino salicílico) y, más tarde, la isoniazida y otros fármacos que revolucionaron el tratamiento.

Actualmente se dispone de antibióticos eficaces contra el bacilo tuberculoso. La duración del tratamiento varía, según su localización (pulmonar o en otros órganos), entre ocho meses a un año. Se realiza mediante la combinación de tres o cuatro antibióticos diferentes y en forma ambulatoria; son pocos los pacientes que requieren internación (por ejemplo, los que presentan hemoptisis severas). Sin embargo, algunos bacilos se han vuelto resistentes al tratamiento farmacológico corriente.

PARA SABER MAS...
Una enfermedad que aun preocupa

Pero lo progresos han sido sumamente lentos; en la mayoría de los países en desarrollo o subdesarrollados la situación epidemiológica de la tuberculosis, ha mejorado muy poco o casi nada. En el mundo se registran cada año de 4 a 5 millones de casos nuevos de tuberculosis, altamente contaminantes y la misma lleva a la muerte a TRES MILLONES de personas por año. Aun en los países que cuentan con servicios de salud bien desarrollados, la tuberculosis sigue representando un riesgo considerable de salud para los grupos humanos más desfavorecidos por sus condiciones socio-económicas.

Como se podrá apreciar en la conmemoración del centenario del descubrimiento del bacilo de Koch, deberemos evaluar nuestras estrategias en la lucha contra la tuberculosis y para ello la realización de la Conferencia Mundial de Tuberculosis, a celebrarse en nuestro país, será una destacada oportunidad para que los expertos de todo el mundo realicen un profundo examen de esas técnicas y de esas estrategias con un enfoque común, cuya meta será obtener la erradicación de la tuberculosis, de aquí al año 2000. Debemos tener el valor de reconocer que en el pasado se han cometido errores graves y comprometernos a eliminar la enfermedad, de aquí al año 2000.

Este objetivo es plenamente alcanzable, pero para llegar a él, se requiere una mayor comprensión de las verdaderas causas de la génesis y de la propagación de esta enfermedad. Sabemos que la tuberculosis es la resultante de la asociación de una serie de factores tanto socio-económicos como biológicos, tales como la desnutrición, las viviendas Insalubres, la carencia de higiene y de agua, los efectos debilitantes de las infecciones y de los tóxicos, además de la falta de conocimiento por el propio ser humano sobre su estado de salud.

En consecuencia, es necesario tomar medidas coordinadas en :caos esos sectores a fin de permitir al organismo sacar el mejor partido posible de los mecanismos de defensa que le son propios. Es en este contexto que las medidas específicas de prevención y tratamiento podrán resultar efectivas y así se podrán estudiar y experimentar nuevas técnicas para la erradicación de la enfermedad.

Revista "Quid", Tomo 1 N° 8.

UN POCO DE HISTORIA...

Homero menciona la tuberculosis en sus poemas y es de suponer, por lo tanto, que la enfermedad no era tampoco desconocida para los médicos del mundo antiguo. Hipócrates fue, en efecto, el primero en describirla y, sustantivando un verbo griego que significa "desecar", le llamó tisis, nombre con el cual fue exclusivamente conocida hasta el siglo XIX. Galeno, otro de los "padres de la medicina", que vivió hacia los años 130-200, prescribió ciertos remedios contra la dolencia, y Avicena (980-1034 de nuestra era), el llamado "príncipe de los médicos" y autor del "Canon de la Medicina", definió la evolución de la enfermedad en tres fases. Ferrari de Pavía escribió un "Tratado de la tisis".

Simonetta Catanea Vespucci, ¡oven florentina de peregrina belleza, modelo preferida del pintor Sandro Botticelli, murió tísica, a los 16 años. Los aficionados a la pintura pueden admirar todavía hoy el impresionante retrato de Simonetta enferma, con su belleza pálida, caídos los hombros, alargado el cuello como el tallo de un lirio. Un artista romántico, digno de este nombre, tenía que saber morir a los 30 años, escupiendo sangre, demacrado el rostro y el cuerpo enflaquecido hasta los huesos.

Eran los tiempos en que la escritora George Sand y Chopin huyeron de Mallorca a Barcelona, y, en esta ciudad, un hotelero pidió al músico indemnización, porque lo policía le obligó a quemar la cama en que durmiera un "tísico". La enfermedad inspiró a Lord Byron, hasta el punto de declarar éste su deseo de morir tísico, a fin de que todas las mujeres se enternecieran, al imaginarle moribundo de tan romántica enfermedad.

Edgar Poe vivió largos años atormentado por el recuerdo de Virginia, la joven esposa que la tisis le había arrebatado cuando acababa de cumplir 24 años. Dumas, padre, siempre irónico, habla, en su memoria de la tisis, en términos poco respetuosos. La exquisita artista María Bashkirtsef escribe, en su carnet de recuerdos: "no hago más que toser, pero por milagro la enfermedad no me afea.

Al contrario, me da un aire lánguido que me sienta admirablemente". Cuando empezó la revolución industrial, la enfermedad hacía estragos en toda Europa. Hacia mediados del siglo XIX, la mortalidad anual por tuberculosis llegó a ser, en algunos lugares, de 500 por 100.000 habitantes. La tuberculosis era una enfermedad social, y tal estado de cosas no sufrió variación, hasta que empezó a mejorar la condición social y económica de las masas.

Fuente Consultada: Educación Para La Salud Tomo I

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