El 16 de julio de 1965 fue un día de fiesta para
una quinta parte de los 580 millones de habitantes de Europa. Cien millones de
franceses, italianos y suizos fueron ganados por la admiración cuando se
inauguró el túnel del Montblanc. Caravanas de coches adornados con banderas
recorrieron por primera vez las dos pistas, de 3,50 m de anchura, bajo el pico
más alto (4807 metros) de Europa.
El túnel del Montblanc, de 11,7 Km. de longitud,
une Francia con Italia o, más exactamente, a Chamonix, en Saboya, con Courmayeur,
en el valle de Aosta. Roma y París, las capitales de los dos países qué lo
perforaron, se acercaron en 20 horas de coche. El nuevo túnel alpino es uno de
los más recientes ataques al mayor obstáculo del tráfico en Europa: la
cordillera de los Alpes, de 600 Km. de largo y entre 1500 y 4800 m de altitud.
Los túneles a través del macizo alpino siempre han sido hierros candentes de la
alta política. Más de un gobierno se pilló los dedos. Pero los países que lo
perforaron a través de la roca lograron inmensos beneficios económicos. Sin
embargo, cada nuevo túnel alpino amenazaba, por otro lado, el equilibrio
económico europeo. Así fue que entre los países afectados e interesados se
desencadenaron verdaderas “guerras de túneles’.
Empezó Francia con el túnel de Mont-Cenis, acabado
en 1871 y que le aseguró, durante un decenio, la hegemonía sobre el comercio
entre Inglaterra y Europa Occidental por un lado, y entre el Mediterráneo y el
Oriente por otro. Pero en 1878 el túnel suizo del San Gotardo le hizo la
competencia. Este resultó ventajoso, sobre todo, para la Alemania imperial. Más
tarde, los suizos e italianos construyeron juntos, con desagrado de los
alemanes, el túnel más largo del mundo; el túnel ferroviario del Simplón, de 19
825 m de longitud. Pero hoy día son más interesantes los túneles
automovilísticos que los ferroviarios.
El proyecto del túnel del Montblanc ocupaba ya
hacía tiempo a ingenieros italianos y franceses. Finalmente, en marzo de 1953,
se llegó en París a un acuerdo en cuanto a la técnica y distribución de los
gastos. La ciudad de Ginebra, interesada también en la construcción del túnel,
tomó a su cargo una parte de los 3760 millones de pesetas previstas. Ambos
equipos de perforación, el francés y el italiano, deberían encontrarse a los
5600 m en el interior de la montaña. El Montblanc fue un bocado especialmente
duro para los italianos.
Tuvieron que atravesarduras formaciones
pizarrosas. Plataformas móviles de trabajo, en las que se habían montado hasta
20 perforadoras automáticas de alto rendimiento, avanzaron lentamente en el
interior de la montaña, durante seis años y medio. Máquinas especiales
extrajeron del túnel hasta un millón de metros cúbicos de escombros. Como en
toda perforación de esta clase, hubo muchos contratiempos. Las inundaciones y
desprendimientos de piedras hicieron casi desesperar a los topos humanos. El
campamento italiano se vio destruido por los aludes.
Pero los gastos han valido la pena. El túnel del Montblanc no ha sido mal
negocio para sus constructores.