La Escolástica de la Universidad Medieval

Orígenes de las Universidades en la Alta Edad Media

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Otro aspecto del renacimiento intelectual de la Alta Edad Media fue el redescubrimiento del interés por las obras de la Antigüedad clásica —los trabajos de los griegos y romanos.

En el siglo XII se introdujo en Europa occidental una gran cantidad de obras científicas y filosóficas, incluyendo las obras médicas de Galeno e Hipócrates, las de geografía y astronomía de Ptolomeo, así como las de matemáticas de Euclides y Arquímedes. Pero, sobre todo, el occidente disponía ahora de las obras completas de Aristóteles.

Durante la segunda mitad del siglo XII todos los trabajos científicos de Aristóteles se tradujeron al latín, que servía como idioma internacional para hablar y escribir en el occidente. Este gran flujo de las obras de Aristóteles tuvo un impacto abrumador en occidente. Llegó a considerársele como “el maestro de los que saben’ el hombre que, al parecer, abarcaba todos los campos del conocimiento.

No obstante, la recuperación de las obras científicas y filosóficas griegas no fue un proceso simple. Había sobrevivido muy poco conocimiento del griego en Europa. Por tanto, fue a través del mundo musulmán que el occidente recuperó a Aristóteles y a los demás autores griegos. La traducción de las obras griegas al árabe había sido sólo un aspecto de una brillante civilización musulmana.

En el siglo XII estos escritos ahora se traducían del árabe al latín, haciéndolos accesibles al occidente. En todas partes en las que las culturas musulmana y cristiana coincidieron —en el reino normando de Sicilia (en el sur de Italia) y, sobre todo, en España— el trabajo de traducción lo realizaban académicos árabes y judíos.

No obstante, el mundo islámico hizo algo más que contribuir intelectualmente al occidente con esas traducciones. 131 trabajo Científico que realizó en los siglos IX y X, le permitió adelantarse al mundo occidental, y en los siglos XII y XIII los trabajos árabes sobre física, matemáticas, medicina y óptica estuvieron al alcance del occidente gracias a las traducciones al latín.

Además, cuando las obras de Aristóteles fueron llevadas a occidente en la segunda mitad del siglo XII, estuvieron acompañadas por los comentarios escritos de extraordinarios filósofos árabes y judíos. Un ejemplo fue Ibn-Rushd o Averroés (1126-1198), quien vivió en Córdoba y compuso un comentario sistemático sobre casi todos los trabajos sobreviviente de Aristóteles.

El Desarrollo del escolasticismo

abelardoLa importancia del cristianismo en la sociedad medieval tal vez hizo inevitable que la teología asumiera un papel central en el mundo intelectual europeo. Ya sea en las escuelas monásticas, en las catedralicias o en las universidades, la teología, el estudio formal de la religión, imperó como la “reina de las ciencias".

A comienzos del siglo XI los esfuerzos por aplicar la razón o el análisis lógico a las doctrinas teológicas básicas de la iglesia tuvieron un impacto significativo en el estudio de la teología. La palabra escolasticismo se utilizó para referirse al sistema filosófico y teológico de las escuelas medievales.

Una preocupación fundamental del escolasticismo fue el intento de reconciliar fe y razón para demostrar que, lo que se aceptaba por fe, estaba en armonía con lo que podía aprenderse por la razón. El método escolástico llegó a ser el modo de aprendizaje básico de las universidades. En esencia, este método Consistió en plantear una pregunta, presentar citas contradictorias sobre esa cuestión y, después, llegar a conclusiones. Fue un sistema que exigió un pensamiento analítico riguroso. Aunque el escolasticismo alcanzó su punto máximo en el siglo XIII, tuvo sus comienzos en el mundo teológico de los siglos XI y XII, sobre todo en la obra de Pedro Abelardo.

Abelardo (1079-1142) estudió en el norte de Francia, pero desprecio a sus maestros como insignificantes, y se dedicó a la enseñanza de la teología en París. Personalidad llena de color, Abelardo fue un maestro popular qUe atraía a muchos estudiantes. Individuo con un enorme ego, llegó a ser conocido por el gusto con que se enfrascaba en argumentaciones con sus compañeros estudiantes, así como por sus amoríos con su alumna Eloísa. Ella tuvo un hijo de Abelardo y se casó en secreto con él. Pero su tío> que había contratado a Abelardo como tutor de su sobrina, buscó venganza, como relató Abelardo en una narración de su vida titulada Historia de mis desgracias:

“Una noche ellos se vengaron de mí de la forma más cruel y vergonzante, cuando estaba descansando y durmiendo en la habitación interior de mi cabaña... Cortaron aquellas partes de mi cuerpo con las que perpetré el hecho que los apenaba’

Pedro Abelardo fue el principal responsable del desarrollo del nuevo enfoque escolástico en la teología. En su obra más famosa Sic et Non (Sí y no), hizo listas de los pasajes de las Escrituras y de los padres de la iglesia que se contradecían de manera flagrante entre sí, y ponía énfasis en la necesidad de utilizar la lógica o el razonamiento dialéctico, para reconciliar de un modo sistemático las aparentes diferencias. Resumió su método con estas palabras: “Por la duda, llegamos a inquirir y, mediante la inquisición, alcanzamos la verdad”.

A principios del siglo XII una controversia importante, el problema de los universales comenzó a ocupar a muchos teólogos. El asunto básico se refería a la naturaleza de la realidad misma: ¿qué constituye lo que es real? Los teólogos estaban divididos en dos principales escuelas de pensamiento, reflejo de previas tradiciones del pensamiento griego, sobre todo las escuelas divergentes de Platón y Aristóteles.

Al seguir a Platón, los escolásticos realistas asumieron la posición de que los objetos individuales que percibimos con nuestros sentidos —como los árboles— no son reales, sino meras manifestaciones de ideas universales (la arboreidad) que existen en la mente de Dios. Para los realistas la verdad sólo puede descubrirse mediante la contemplación de los universales. La otra escuela, los nominalistas, se apoyaban en las ideas de Aristóteles, y creían que sólo los objetos individuales eran reales. Desde su punto de vista> las ideas universales, o conceptos, eran simplemente nombres (en latín, nomina, de ahí el nombre de nominalistas). La verdad sólo podía descubrirse examinando los seres individuales.

En el siglo XIII los escolásticos enfrentaron un nuevo reto: cómo armonizar la revelación cristiana con el pensamiento de Aristóteles. El gran influjo de las obras de Aristóteles en occidente, durante la Alta Edad Media, causó gran consternación entre los teólogos. Se tenía en tanta estima a Aristóteles que se le llamaba “el filósofo” a pesar de haber llegado a conclusiones mediante el pensamiento racional —y no por la revelación— y de que varias de sus doctrinas, como la mortalidad del alma individual, contradecían las enseñanzas de la iglesia. El intento más famoso por reconciliar a Aristóteles y las doctrinas del cristianismo fue el de Santo Tomás de Aquino.

Tomás de Aquino (1225-1274) estudió teología en Colonia y París y enseñó en Nápoles y París, y fue después que trabajó en su famosa Summa Theologica (Una summa de teología —una summa era un compendio de conocimiento que intentaba reunir el aprendizaje recibido de los siglos anteriores acerca de un tema determinado en un todo). La obra maestra de Aquino fue organizada de acuerdo con el método dialéctico de los escolásticos. Aquino primero planteaba una cuestión, citaba las fuentes y ofrecía opiniones contrarias a ese asunto, y después las resolvía llegando a sus propias conclusiones. De este modo, Aquino planteó y analizó cerca de seiscientos artículos o asuntos

La reputación de Aquino deriva de su intento magistral por reconciliar la fe con la razón. Dio por sentado que existían verdades derivadas de la razón y verdades obtenidas por la fe. Sin embargo, estaba seguro d que dos verdades no podían estar en conflicto entre si:

La luz de la fe, infusa libremente en nosotros, no destruye la luz del conocimiento natural (la razón), implantada en nosotros naturalmente. Aunque la luz natural de la mente humana es insuficiente para mostrarnos esas cosas que se nos hacen manifiestas por la le, sin embargo, es imposible que dichas cosas —que el principio divino nos proporciona a través de la fe— sean contrarias a las que la naturaleza ha razón implanta en nosotros. De hecho, si ese fuese el caso, una u otra serían falsas y, puesto que ambas nos las da Dios, Dios tendría que ser el autor de una falsedad, lo cual es imposible... es imposible que esas cosas que son de la filosofía puedan ser contrarias a las cosas que son de la fe.

La mente natural, sin ayuda de la fe, podía llegar a verdades concernientes al universo físico. No obstante, sin la ayuda de Dios, la sola razón desamparada no podría captar verdades espirituales como la de la Trinidad (la creencia de que Dios, Jesús y el Espíritu Santo son tres manifestaciones de la misma deidad única) o la Encarnación (la creencia de que Jesús durante su vida fue Dios con forma de humano).

PARA SABER MAS...

El problema que más inquieta al hombre de la Edad Media es la reafirmación de la fe. Defender, fundamentar el credo cristiano, basado en la Santa Biblia y en los Santos Padres de la Iglesia, era tema apasionante de discusiones entre los estudiosos, maestros y discípulos. La Teología (ciencia que trata de Dios) que la asignatura fundamental de la enseñanza en la Edad Media.

Llega el siglo XIII y se produce una intensa, honda y creciente actividad intelectual. Los árabes y lo; judíos difunden las doctrinas griegas, al mismo tiempo que se inicia el conflicto entre la teología cristiana y la propia teología árabe y judía. En ese mundo latino, unido por la fe, el pensamiento griego y en especial la influencia de Aristóteles, irrumpen peligrosamente.

Los pensadores cristianos tendrán que contener esta invasión. Para discutir, pues, y rechazar el error que proviene de esas doctrinas, hay que acercarse a él, llegar a la fuente. Entonces se lee, se conoce, se discute a Aristóteles, a pesar de la prohibición que regía en algunas universidades. De este conocimiento va a surgir el remedio contra la infiltración de las ideas nuevas. Y aparece la escolástica, nombre que sirvió para designar la filosofía, los métodos y la práctica de la enseñanza influidos por la doctrina aristotélica y que caracterizan a este período. He aquí sus fundamentos:

Los puntos discutidos de la doctrina cristiana deben debatirse, pero teniendo en cuenta las opiniones autorizadas.

La aplicación de la filosofía de Aristóteles permite refirmar racionalmente la verdad religiosa.

La razón y la fe no tienen por qué contradecirse.

Así, Aristóteles es redescubierto en Occidente. La escolástica se practicaba y se enseñaba en las escuelas secundarias medievales y en las flamantes universidades del siglo XIII. En ellas los dominicos y franciscanos, órdenes religiosas surgidas en esa época, absorbieron casi por completo la investigación y el estudio de su tiempo.

A San Anselmo, el "doctor magnificus" (1033-1109), nacido en Aosta (Italia), y arzobispo de Canter-bury (Inglaterra), se lo considera el Padre de la escolástica. Los dominicos San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino fueron grandes maestros y prestigiosas figuras de la escolástica.

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