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Se han realizado muchas
definiciones de lo que es un santo o una santa, indudablemente cada religión
tiene diferentes matices para apreciar ese concepto de santidad. Dentro del
cristianismo un santo o santa sería aquella persona que ha seguido seriamente
los evangelios, buscando el camino de la verdad en Dios. Pero al margen de ello,
un santo o santa es, ante todo, un modelo para todo cristiano, ya que son
testimonio de la santidad de Dios y de Jesucristo.
El
santo es alguien que, al margen de realizar milagros o estar rodeado de
prodigios, hace patente con sus palabras y sus obras el evangelio de la
santidad. Así, cuando hablamos de santos, nos estamos refiriendo, a todos
aquellos cristianos que siguieron seriamente el evangelio y que han sido
propuestos por la Iglesia como modelos a seguir, así como patronos e
intercesores ante Dios.
Los
santos son, asimismo, todos aquellos que aparecen en el calendario de la Iglesia
universal, en los calendarios nacionales, diocesanos y de institutos religiosos;
en fin, todos aquellos que están registrados en el Martirologio y son
venerados en la Liturgia años tras año.
En lo
que respecta al cristianismo, la Iglesia cristiana ha puesto especial énfasis en
destacar que los santos no sólo son esas estatuas que aparecen en miles de
capillas por todo el mundo. Un santo es algo más que una estatua, de lo
contrario estaríamos hablando de ídolos. La estatua es la representación de un
hombre una mujer que vivió y se entregó, en una parte importante de su vida, al
cristianismo, en ocasiones dando la vida por él. Por este motivo la Iglesia los
venera y les da culto, ya que reconoce en ellos la presencia de Dios.
Pese
a la gran leyenda irremediable que arrastran muchos santos, hay que considerar
que no fueron inventados, y que fueron descubiertos y, como veremos en el
proceso de canonización, ampliamente investigados.
Los
santos del cristianismo datan casi desde los comienzos de esta religión, ya que
empezaron a venerarse públicamente en el siglo II. Todo parece indicar que su
origen data de las primeras tumbas de los mártires, ya que estos habían
derramado su sangre por Dios y Cristo, y por tanto Dios y Cristo, podían
interceder desde el cielo a todos aquellos que los veneraban, los invocaban o
rezaban ante sus tumbas. Por esta razón se buscó un día de celebración, y este
día se consideró el dies natalis o nacimiento al cielo del mártir, fecha
en la que se hacia el ofrecimiento del sacrificio eucarístico.
Como
ejemplo del desarrollo anterior, tenemos el caso claro de san Policarpio, del
que se sabe que los cristianos de Esmirna se reunieron en torno a su tumba para
recoger sus huesos y colocarlos en un lugar seguro, con la intención de
volverlos a juntar para celebrar el aniversario de su martirio y realizar un
ágape juntos.
Con
el tiempo, de la memoria y veneración se fue pasando a la oración pública de los
santos y a creer en su intercesión ante todo aquello que se le solicitaba. Fue
en el siglo Iv cuando se extendió la veneración y culto de los mártires en todas
las Iglesias. En este mismo siglo se extendió el mismo culto y veneración a las
vírgenes y confesores. Las vírgenes fueron consideradas como Vírgenes del Señor,
ya que con el sacrificio de su vida habían emulado a los martires y además
porque son como la esposa virginal de Cristo. Los confesores son aquellos que
habían confesado públicamente su fe, pero no sufrieron tormentos ni dieron su
vida como los mártires. Sin embargo, están equiparados a los mártires.
Del
concepto de santo dos aspectos destacan como importantes. El primero que los
santos pueden interceder por las personas, aunque su intercesión nunca
remplazará la oración directa a Dios. Pero Dios ha constituido una gran familia
en la que cada miembro hace el bien a su prójimo. Evidentemente los bienes
proceden de Dios pero los santos los comparten.
Otro
aspecto destacado es el concepto de que los santos son modelos a imitar, tanto
en su virtud heroica como en sus actos. Los santos, por su parte, enseñan a
interpretar el evangelio.
Otro
aspecto que los santos y santas siempre han demostrado es su espíritu de
sacrificio hacia los demás y especialmente su amor desinteresado hacia los seres
que les rodean. La historia de los santos está repleta de ejemplos en los que se
demuestra un gran amor a los pobres y a los enfermos, un amor tan desinteresado
que en muchos casos ha originado que el santo o la santa se desprendiese de sus
bienes más queridos para ayudar al pobre, para construir hospitales. El cuidado
a los enfermos ha sido de una tal entrega que en muchos casos ha puesto en
peligro la salud del santo o la santa, e incluso los hay que han perdido la vida
por atender a moribundos con enfermedades contagiosas.
No
cabe duda de que en muchos casos se ha exagerado su leyenda e incluso sus
milagros, pero también en otros muchos casos, los santos y las santas han
demostrado ser queridos y amados por la gente que ha compartido sus vidas con
ellos, gente sencilla, gente de pueblos que han recibido directamente de estos
seres su ayuda, su consejo, su amor y sus cuidados.
Tal
vez el santo o la santa se caracterizan por el hecho de que primero ha sido su
amor, su ayuda o sus cuidados a los necesitados antes que cualquier intento de
evangelización. Ejemplo de casos así han sido, por citar uno reciente, el de la
Madre Teresa de Calcuta, que nunca se preguntó si aquel enfermo o aquel
necesitado que acudía solicitando ayuda, era o no cristiano. Podía ser hindú,
budista, etc., pero lo importante era, ante todo, el amor a otro ser humano por
encima de cualquier condición o religión, ya que de la misma manera que «un
santo es un santo para todo el mundo», como se señala en el epígrafe de este
capítulo, también cualquier camino místico o religioso, sea de la religión que
sea, lleva a Dios.
Fuente Consultada:
Los Santos Que Nos Protegen
Bornos-Prim
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