|
La vida en los desiertos
Restos fósiles encontrados en el desierto del
Sahara indican que hace más de 4.000 años, animales de hábitos acuáticos, como
los hipopótamos y los elefantes, habitaban esas regiones. Estos hallazgos
indican que estas regiones no fueron desiertos en otras épocas. En la actualidad, unos 30 millones de km2 de la superficie terrestre corresponden
a zonas desérticas.
Además del desierto del Sahara y el de Kalahari, en África,
existen grandes desiertos en regiones de vientos cálidos y secos muy alejados
del mar, como en el Asia, o vecinos a cadenas montañosas que no permiten el paso
de las nubes, como en el caso de la Puna argentina, vecina a los Andes.
La
explotación de los recursos naturales del desierto —petróleo, metales y
minerales— ha promovido un proceso de población y de desarrollo económico en
estas regiones. Especialmente en el desierto arábigo, la explotación del
petróleo permitió que algunos países crecieran industrialmente y levantaran
ciudades en medio del desierto.
La
preocupación del hombre del desierto sigue siendo el aprovisionamiento de agua.
El agua de las ocasionales lluvias se canaliza para acercarla a los campos
próximos. Se construyen embalses, como el del río Colorado en los Estados
Unidos, El agua se transporta por canales subterráneos, tal como lo hacían los
antiguos persas- Estos canales recogen el agua subterránea de las regiones
montañosas y la transportan hasta tierras más bajas gracias a un suave declive
del terreno.
En
Israel, para aprovechar al máximo el agua de riego, se cubren las plantaciones
con plástico transparente. El plástico protege los sembrados del calor excesivo
y disminuye la evaporación del agua. De esta manera, se ha conseguido
transformar un antiguo desierto en una floreciente zona de cultivo.
LOS TUAREG:
Sahara
es el desierto más grande del mundo. A pesar las adversas condiciones, los
tuareg se atreven a hallar las zonas menos áridas de este desierto. Deben
llevar una vida nómada, trasladándose de un lugar a otro n el fin de proveer de
pastos a sus rebaños y de agua para su gente y sus animales. Construyen sus
tiendas estacas de madera cubiertas con pieles de cabra. En un campamento, todos
pertenecen a la misma familia. cada tienda viven el hombre con su mujer y sus
hijos, aunque los hijos varones ya crecidos duermen al aire libre.
El
gran problema en el desierto es conseguir agua. Las mujeres son las encargadas
de partir, todas las mañanas, hacia los pozos de agua, distantes algunos
kilómetros del campamento. Del mismo pozo se abastecen varios grupos de
pobladores, de manera que es necesario esperar turno hasta el momento de poder
sumergir los grandes bolsos de cuero con los que levantan hasta 40 litros de
agua.
Las
diferencias de temperatura en el desierto son muy marcadas. Durante el día, el
termómetro puede llegar a los 50 °C, pero al atardecer desciende bruscamente a
los 0 °C. Los tuareg se visten con largas túnicas que apenas los defienden del
frío. Por las noches se cubren con mantas y beben mucho té para calentarse.
Para
desplazase a través del desierto utilizan dromedarios. Estos animales resultan
irremplazables en el desierto, ya que pueden recorrer hasta 50 kilómetros en un
día y permanecer varios días sin tomar agua, con sólo alimentarse de comidas
jugosas. Las hembras de los dromedarios dan leche, que sirve de alimento, y los
excrementos se utilizan como combustible.
Los
tuareg comercializan en el desierto. Venden la sal que recogen en las zonas en
las que la evaporación del agua salobre deja la preciada sal corno residuo, y a
cambio obtienen maíz, mijo y telas. La sal ayuda a retener el agua del cuerpo y
a soportar el calor en mejores condiciones.
Fuente Consultada: Ciencias Biológicas de Santillana
|