Morris, Austin, Fiat, Renault, Ford y casi todas las grandes empresas
automovilísticas actuales, exceptuando las japonesas, pueden trazar sus
historias casi a partir del nacimiento de la era del automóvil. Una notable
excepción es la de Volkswagen, la mayor empresa industrial de Alemania, una de
las más grandes de Europa y, de hecho, una de las primeras empresas
automovilísticas del mundo. Volkswagenwerk es una extraordinaria empresa, cuyo
éxito alcanzado después de la guerra es único en los anales de la Gran Empresa.
Los
coches de Volkswagen se venden en casi todos los países del mundo, y el famoso
“escarabajo” es familiar en todos los países de Europa Occidental así como en
Asia, América, Australia y Africa. La mayor parte de los coches Volkswagen se
fabrican en la enorme factoría de Wolfsburg, desde .donde la firma es dirigida
entera mente
por alemanes. Durante varios años, la vasta y simétrica factoría de Wolfsburg ha
constituido un monumento de la industria alemana. Situada en pleno campo a unos
pocos kilómetros de la frontera con Alemania Oriental, Wolfsburg es por completo
una ciudad-empresa, construida por Volkswagen para Volkswagen.
La
historia de Volkswagen empezó antes de la guerra, cuando Hitler encargó al gran
diseñador de coches Ferdinand Porsche que diseñase un “coche para el pueblo”
(volks-wagen). Hitler en persona colocó la primera piedra en Wolfsburg en el año
1938, dedicando el coche prometido al movimiento denominado “a la fuerza por la
alegría”. Pero no se fabricó ningún “escarabajo”, ya que, casi al mismo tiempo,
las instalaciones fueron destinadas a la producción de guerra.
Después de la guerra, la fábrica quedó en manos del ejército de ocupación
inglés. Un oficial, el mayor Hirst, se interesó por las anticuadas piezas de
coches Volkswagen que había en la fábrica y se cuenta que dijo: “Creo que se
podrían fabricar algunos coches”. Por aquellas fechas, se hizo una propuesta
para transferir la fábrica a Inglaterra como parte del pago por las reparaciones
de guerra, pero los fabricantes ingleses vieron pocas perspectivas de éxito
comercial en el feo y ruidoso coche.
En un
momento dado, las instalaciones fueron ofrecidas a los norteamericanos, pero
ellos también pensaron que la extraña máquina carecía de porvenir. Hacia 1947
los aliados se dispusieron a devolver fábricas a los alemanes, y las autoridades
militares inglesas invitaron al ingeniero Heinz Nordhoff, de 48 años de edad, a
hacerse cargo de las instalaciones Volkswagen. Nordhoff deseaba reingresar a la
firma Opel —controlada por la General Motors norteamericana— en la que había
prestado sus servicios en el transcurso de la guerra. Pero los norteamericanos
se negaron a aceptar a personas que hubiesen dirigido industrias durante la
guerra.
Tal
como lo confirmaron los hechos, Nordhoff era uno de los grandes directores en la
historia de la Gran Empresa. Dedicó todos sus esfuerzos a un solo modelo, el
“escarabajo” y a pesar de numerosos cambios en los detalles, el concepto y la
apariencia general del coche permanecieron inalterados, tal y como Porsche lo
había pensado. Las expectativas de Nordhoff se cumplieron con creces.
Rápidamente, el Volkswagen dominó el mercado alemán; luego, se extendió por
Europa. En 1953, el “escarabajo” inició la invasión de Inglaterra y, hacia el
final de la década, estaba penetrando en los Estados Unidos. De hecho, en 1967
se vendieron más Volkswagens en los Estados Unidos qu~ en Alemania.
LA PUBLICIDAD:
Volkswagen siempre se ha preocupado mucho por sus campañas publicitarias, y eso,
naturalmente, unido a las evidentes cualidades del coche, ha contribuido a hacer
del Volkswagen el coche más exportado del mundo. El primitivo Volkswagen es más
bien un coche humorístico, lo que se reflejó en varios anuncios publicitarios.
Por ejemplo, un anuncio en los Estados Unidos mostraba a un magnate sudamericano
que preguntaba si su Volkswagen disponía de aire acondicionado: “No, pero tengo
otros en el congelador”, se le respondía. También en Alemania se le hizo
publicidad con un slogan que decía:
“Volkswagen, su segundo coche, aunque no tenga usted el primero"
Nordhoff presidía la pujante empresa con lo que denominaba “la soledad de la
responsabilidad no compartida”. Hasta 1961, la empresa fue propiedad del Estado,
pero en ese año el gobierno decidió desnacionalizarla, si bien siguió
conservando un importante paquete de acciones. La posición de Nordhoff se
fortalecía al compás de los éxitos de la firma.